El líder socialista tiene ante sí estos días una difícil disyuntiva: dejarse abrazar por un oso desde su derecha o hacer lo propio con otro por la izquierda. O tomar sorpresivamente una tercera vía: maniobrar para asombro de propios y extraños y adelantarse a la jugada que le delinean algunos compañeros históricos de siglas y las otras fuerzas sobre el tablero de las negociaciones, con un movimiento inédito ni previsible, algo que a estas alturas, más de un mes después de celebradas las elecciones generales, se antoja harto complicado.La manibra de Heimlich o ‘abrazo del oso’, que se supone vital y beneficiosa para la supervivencia en casos extremos de asfixia, puede ser extremadamente peligrosa si se aplica cuando no se debe ni se sabe. Esto llevado a la vida política actual puede aclarar algunas dudas en Ferraz, atento como nunca a oráculos de todo tipo.
Este sábado, el Comité Federal del PSOE se prevé intenso, como ya lo fue el del pasado 28 de diciembre, en que los barones más señeros alzaron su voz sin complejos ante el secretario general del partido. Pero a diferencia de aquel, a esta cita trascendental para los intereses de los socialistas Sánchez pretende llegar dejando atadas posibles rebeliones y cerrados otros imprevistos de distinto calibre. Y para ello pretende marcar él personalmente el paso, algo que no ha podido llevar a cabo hasta ahora, ya que tanto PP, Podemos y Ciudadanos se empeñan en marcarle la senda a seguir para formar parte de un cada día más lejano Gobierno. E incluso Felipe González y barones como la andaluza Susana Díaz –que apuestan claramente por mantenerse en la oposición o, a lo sumo, pactar con el PP un acuerdo, abstención de por medio, para una legislatura corta– se empeñan en frenar a toda costa la intención de Sánchez de encabezar un Ejecutivo “de progreso”. Ni se les pasa por la cabeza un pacto con Podemos, y mucho menos en coalición como subraya la oferta realizada por Pablo Iglesias con el mismísimo rey Felipe VI como mensajero de la primicia.
Ni que decir tiene que los primeros interesados en ver caer a Sánchez más pronto que tarde son los líderes de Podemos, conscientes de que el ‘sorpasso’ está a la vuelta de la esquina y unas elecciones mediante. En el PSOE también hay mucho supuesto compañero de partido que no tendría el más mínimo reparo en tomar el testigo para rescatar al socialismo español del pozo ideológico y electoral en que se haya atrapado desde hace años.
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