Decía Heráclito que la única constante en la vida es el cambio, y hoy estos se suceden de una manera tan vertiginosa que nuestra capacidad de asimilación y aprendizaje adolece de las competencias necesarias para seguir el ritmo de una Inteligencia Artificial que sólo ha mostrado un apéndice de lo que en los próximos años traerá su desarrollo. Así, y aún cuando las fechas de la aparición de la “Superconciencia global” de una IA capaz de llevar a cabo un procesamiento cerebral superior a la raza humana unida entra en la controversia de la temporalidad, lo cierto y verdad es que ese hecho tarde o temprano se plasmará en nuestro mundo. Y junto a esa IA una tecnología robótica que ya plantea las perfectas coreografías de las operaciones matemáticas de orden computacional junto con los movimientos suaves de las creaciones cibernéticas de la empresa china Unitree Robotics, la misma que decidió en la entrada del año nuevo chino ofrecernos a golpe de espectáculo de artes marciales en comunión con el ser humano, una declaración de intenciones: Nuestros robots están preparados para conquistar el mundo y cambiar el nuevo modelo económico en sectores como la logística, los servicios de limpieza, mantenimiento, industriales, de acompañamiento o de defensa entre otros. Mandando de paso un mensaje a EEUU y a las compañías norteamericanas de tecnología convocadas por Donald Trump para la creación de su particular Aquelarre en busca de poner el freno al modelo de expansión asiático en la lucha por el liderazgo global.
Pero volviendo a esta nueva realidad, intentemos pensar o trazar hacía que mares nos dirigimos, a lo que va a cambiar o mejor dicho ya ha cambiado. ¿Cuál es la nueva realidad que se esta configurando y cuales las posibilidades ante la irrupción del despertar de esta nueva revolución robótica y de la IA?
Y la respuesta es clara, en el umbral de la década de 2020, el mundo que conocíamos ha comenzado a disolverse de manera clara. Empezamos a ver un cambio de época, uno que no solo altera la tecnología, sino que viene a reconfigurar queramos o no nuestras estructuras laborales, sociales y éticas de la mano de una combinación de robótica avanzada y sistemas de IA de última generación, esos que ya no responden además a un proyecto futurista, sino a una realidad palpable y omnipresente que de manera exponencial esta escalando hacía metas que no somos aún capaces de soñar o imaginar. No por menos, hoy la robótica y los robots no son sólo sistemas autómatas de tareas repetitivas sino que observan, predicen, responden y aprenden del entorno gracias a una Inteligencia Artificial cada vez más integrada en los mismos.
Y esto, lo cambia todo en ámbitos como los de la Defensa donde las fuerzas robóticas integrarán cada vez más los sistemas de defensa de países con Robots de asalto y defensa, Vehículos no tripulados, equipos de vigilancia inteligentes, y redes de respuesta que operarán con latencia cada vez más mínima y que ya están transformando la protección territorial. Las fuerzas armadas ya no dependerán únicamente de humanos en el campo, sino de ecosistemas robóticos guiados por IA capaces de reaccionar con precisión milimétrica, reduciendo riesgos y, potencialmente, salvando vidas —aunque rodeados de dilemas éticos profundos. Y sobre asalta la primera pregunta ¿Cómo controlar tanto poder otorgado a estos nuevos aliados de metal y a una conciencia cada vez mayor en una IA en plena expansión?
Porque aquí, las proyecciones son claras de lo que puede ofrecernos este campo, por un lado la detección de amenazas será casi automática con modelos de identificación de 100 veces más rápido, con una mejor prevención de los delitos e incidentes, pero también con la reducción de las bajas humanas en misiones de combate de hasta un 40%, algo que puede tener una contrapartida con la facilidad de la escalada rápida de conflictos y la pérdida de control humano en nuevos modelos de guerra robótica , algo que puede verse acelerado en la reducción de los costes operativos de despliegue de hasta un 25%.
Y esta revolución no afectará sólo a la defensa, sí hablamos de logística los robots vienen a aportar ecosistemas dinámicos con procesos de mejora permanente a través de la capacidad de aprendizaje, esa que viene a determinar que los sistemas de IA aplicados ya observan patrones de demanda, anticipan picos de consumo y reorganizan operaciones sin intervención humana, siendo esto el principio de una revolución en este sector igual de impactante que la de la defensa. La logística se vuelve así un organismo vivo, que respira al ritmo de la nueva sociedad del hierro y del aluminio de unos trabajadores sin horarios laborales, sin bajas por enfermedad y sin reclamación más allá de atender la mejora del sistema productivo de las empresas y las cadenas de entrega.
Pero además de estos dos ejemplos, podemos hablar de la atención domiciliaria o de servicios , de repetición humana (Bancos, oficinas públicas, supermercados u hospitales) en donde en determinadas competencias o funcionalidades los robots con una IA dimensionada vendrán a convivir con el ser humano tanto el actual como el mejorado con la incorporación de una mezcla de tecnología en su propio ser. Y esto, no es ciencia ficción, esto hoy es una realidad que estará al alcance económico de muchas personas, empresas e instituciones. No por menos, hoy la compañía Unitree ya presenta sus robots de última generación G1 a un precio que ronda los 30.000 euros pero que pretende llegar a un precio de no más de 10.000 euros en un mercado de alta demanda e impacto.
Y si ya esto no fuera poca revolución en un nuevo despertar de configuración de convivencia maquina hombre, debemos de hacernos algunas preguntas sobre la Inteligencia Artificial que en un máximo de 30 años y un mínimo de 5 para otros como Elon Musk será capaz de ejecutar el procesamiento cerebral de pensamiento humano de la totalidad de los seres humanos de la tierra. Y con ello , surgen las preguntas, ¿Con una capacidad de conexión neuronal a este nivel como se aplicará tal conocimiento a la ciencia o la tecnología para descubrir o responder a retos sobre las leyes físicas o gravitacionales? ¿cómo ante los retos de las enfermedades hoy incurables? ¿ De que forma podría responder a la investigación científica la aplicación de esta IA si ya hoy es capaz de encontrar patrones previos a enfermedades, nuevos fármacos o plantear terapias diferenciadas?. Algunas respuestas son claras, un mayor desarrollo de la IA supondría un impacto social en nuestro sistema sanitario positivo en campos como: Los Diagnósticos precisos y tempranos con una IA capaz de analizar historiales médicos, genética, biomarcadores y hábitos de vida para detectar enfermedades incluso antes de que aparezcan síntomas. Un sistema de Tratamientos personalizados al extremo: Con fórmulas de medicación, terapias génicas o nutrición ajustadas a tu perfil exacto. Un Descubrimiento de curas, donde la IA podría sugerir combinaciones de fármacos o terapias que los humanos jamás habríamos imaginado, acelerando la solución de enfermedades hoy incurables como el Cáncer, el Alzheimer y otras o la cirugía y cuidado asistido con robots quirúrgicos con IA que ejecutarán operaciones complejas con precisión submilimétrica y monitorización en tiempo real de todos los signos vitales.
Pero midamos el impacto anual de esta revolución, económico con una reducción del 30% del coste mundial en salud, es decir casi 2 billones de dólares, en vidas salvadas unos 5 millones de personas vivirían y no morirían, un hasta 40% de hospitalizaciones menos en los sistemas sanitarios públicos y una mejora en la eficiencia de los tratamientos de hasta un 50%..
En definitiva, los tiempos cambian y nosotros cambiamos con ellos, adaptación o superación que diría Charles Darwin en este nuevo amanecer que estamos viviendo y ante el cual debemos prepararnos.