El juez Peinado procesa a Begoña Gómez por corrupción en los negocios, apropiación indebida, tráfico de influencias y malversación

El juez instructor no ha procesado a la esposa de Pedro Sánchez por intrusismo profesional porque los indicios son endebles

13 de Abril de 2026
Actualizado a las 17:37h
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Pedro Sánchez y Begoña Gómez. | Foto: Flickr PSOE
Pedro Sánchez y Begoña Gómez. | Foto: Flickr PSOE

La instrucción judicial que rodea a Begoña Gómez, esposa de Pedro Sánchez, ha alcanzado su punto de inflexión definitivo tras dos años de un proceso que ha tensionado las costuras institucionales de España. El juez Juan Carlos Peinado, titular del juzgado de instrucción número 41 de Madrid, ha dictado una resolución que sitúa a la esposa del presidente del Gobierno a las puertas del banquillo de los acusados. Este movimiento procesal, que se produce en un contexto de máxima sensibilidad política mientras la investigada se encuentra en viaje oficial en China, supone la cristalización de una investigación que ha pivotado entre la sospecha administrativa y la confrontación ideológica desde que estallara en la primavera de 2024.

El auto judicial no solo afecta a Gómez, sino que extiende el procesamiento a figuras clave de su entorno profesional y personal, como el empresario Juan Carlos Barrabés y la asesora en Moncloa, Cristina Álvarez. El magistrado busca desentrañar si existió una confluencia ilícita entre la actividad institucional de la Presidencia y los intereses privados de la investigada. No obstante, la resolución actual muestra un matiz de prudencia jurídica al decretar el sobreseimiento del delito de intrusismo profesional. La justicia reconoce que, en este punto concreto, los indicios eran excesivamente endebles y se apoyaban apenas en informes de asociaciones cuasiprivadas, lo que obligaba a retirar este cargo ante la falta de una base sólida y plural.

Pese a esta reducción de los delitos imputados, que pasan de cinco a cuatro, la carga política y jurídica sigue siendo de una profundidad inusual. El procedimiento, impulsado originalmente por una denuncia de Manos Limpias y ampliado posteriormente por querellas de Hazte Oír y Vox, ha sido calificado por la defensa de Gómez como una auténtica pesadilla sin garantías. El abogado Antonio Camacho ha denunciado con vehemencia la falta de imparcialidad del instructor, sugiriendo que la causa responde a intereses ajenos a la administración de justicia y criticando el daño reputacional que este "déjà vu" procesal infringe a la imagen de la magistratura española.

El escenario que se abre ahora es el de la apertura de juicio oral, un trámite para el cual el juez ha otorgado cinco días a las partes. La particularidad de que este proceso deba dirimirse ante un jurado popular añade una capa de complejidad y escrutinio público a una causa que ya es, por definición, mediática. Mientras el magistrado intenta determinar si hubo un desvío de dinero público en la contratación de personal para colaborar en la actividad privada de Gómez, el debate de fondo sigue siendo la frontera entre la ética pública y la responsabilidad penal, en un caso que ha convertido el entorno del palacio de la Moncloa en el centro de un complejo laberinto judicial.

De la conspiración del Gobierno a la ofensiva del PP

El procesamiento por cuatro delitos de Begoña Gómez ha desatado una tormenta de reproches cruzados que va más allá de lo jurídico para situarse en el centro de una batalla por la narrativa política. Mientras el Ejecutivo de Pedro Sánchez manifiesta una profunda indignación, el Partido Popular ha adoptado el término de "tetraprocesada" para subrayar lo que considera una situación de excepcionalidad democrática sin precedentes en el entorno de la Presidencia.

El análisis de fondo del auto judicial revela un lenguaje que ha herido especialmente la sensibilidad del Gobierno y de sus socios. La mención del magistrado a los regímenes absolutistas y la comparación histórica con el reinado de Fernando VII para explicar conductas que emanan de "palacios presidenciales" ha sido interpretada por el PSOE como una extralimitación impropia de la separación de poderes. Desde las filas socialistas se insiste en que no es casual que la resolución se haga pública coincidiendo con el viaje oficial del presidente a China y con nuevas revelaciones sobre la trama Kitchen, sugiriendo una intencionalidad política en los tiempos de la justicia que el Ministerio de la Presidencia y Justicia confía en que sea corregida por tribunales superiores.

Por su parte, la oposición ha encontrado en este avance de la instrucción un argumento de peso para cuestionar la idoneidad ética del liderazgo de Sánchez. El Partido Popular enfatiza la anomalía que supone que la cónyuge de un primer ministro europeo se encuentre bajo un escrutinio judicial de tal magnitud, especialmente por el presunto amaño de contratos públicos desde la sede de la soberanía ejecutiva. Para figuras como Alma Ezcurra, el contraste entre la agenda internacional en Pekín y la realidad procesal en Madrid evidencia una desconexión que el principal partido de la oposición califica de "absolutamente increíble", tratando de proyectar una imagen de debilidad e irregularidad constante sobre el Palacio de la Moncloa.

En este clima de confrontación, la defensa cerrada del Ejecutivo hacia la absoluta inocencia de Gómez choca frontalmente con la contundencia de un auto que cierra la instrucción apuntando a indicios sólidos de criminalidad. Mientras Sumar apunta a las "sombras de dudas" de un proceso que consideran cuestionable, el bloque de la derecha sostiene que estamos ante la confirmación de una estrategia de uso privado de las instituciones públicas. La resolución del juez Peinado no es solo un paso hacia la apertura de juicio oral, sino un catalizador que acelera la polarización en España, poniendo a prueba la resistencia de las instituciones y la confianza ciudadana en un sistema donde la frontera entre la acción política y el control judicial parece haberse difuminado por completo.

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