Los testimonios más devastadores de una macrocausa no siempre provienen de los altos despachos, sino de los espacios más inesperados. La declaración del chófer oficial de Carlos Mazón ante la jueza de Catarroja ha introducido una variable física (tiempo y espacio) que amenaza con demoler el relato de "normalidad" que la Generalitat intentó sostener sobre la fatídica jornada del 29 de octubre de 2024.
Es-Alert sonó en el asfalto
El dato más crítico aportado por el conductor sitúa al expresident en una geografía de la irrelevancia administrativa durante el clímax de la tragedia. Según el testigo, cuando el sistema Es-Alert se activó a las 20:11 horas, el vehículo oficial aún no había llegado al Cecopi.
Esta revelación es sísmica para la investigación judicial de la DANA. Confirma que, mientras el barranco del Poyo ya había arrasado localidades enteras y la cifra de 230 fallecidos empezaba a fraguarse en el barro, el máximo responsable de la emergencia se encontraba todavía en un trayecto urbano. El análisis muestra una desconexión absoluta: el líder del Ejecutivo autonómico llegó al CECOPI (reunido desde las 17:00 horas) con un retraso que la física del tráfico valenciano ahora documenta como inexcusable.
El chófer, además, ha otorgado permiso para el cotejo de su teléfono móvil, un paso procesal clave que permitirá a la magistrada verificar mediante las antenas de telefonía la ubicación exacta del president en cada minuto de esa tarde.
La "normalidad" frente al colapso
El testimonio dibuja una atmósfera de cotidianidad casi surrealista. Para el personal de servicio y escolta, aquel "era un día normal". Mazón acudió a actos de Sanidad, se fue a comer al Ventorro y el propio chófer se retiró a las 14.00 horas al no recibir instrucciones de que se le necesitaría por la tarde.
Esta ausencia de órdenes de alerta temprana en el entorno inmediato del president refuerza la tesis de la negligencia por omisión. Si el chófer no vio nada que le "llamara la atención" hasta bien entrada la noche, es porque la cadena de mando no transmitió la gravedad de la situación a sus propios operativos de movilidad. La declaración revela que la llamada de urgencia no llegó hasta las 19:00 horas, un momento en el que el determinadas localidades de la provincia de Valencia ya eran una trampa mortal.
Vacío de información en el vehículo oficial
Un aspecto que la jueza de Catarroja deberá dirimir es el contenido de las comunicaciones durante los trayectos. El chófer ha testificado que no escuchó conversaciones ni sabe si el expresident utilizó el teléfono para gestionar la emergencia. Este vacío de información sitúa el foco sobre los asesores que acompañaban a Mazón en el coche: Josep Lanuza y Maite Gómez.
Si el president no realizó llamadas críticas durante el trayecto final hacia el Centro de Coordinación de Emergencias, la acusación podría argumentar una dejación de funciones en el periodo de tiempo donde cada segundo equivalía a vidas humanas. El análisis de las facturas y registros del teléfono corporativo del chófer será el siguiente paso para blindar o hundir una defensa que, tras este testimonio, se queda sin margen de maniobra.