Rocío de Meer equipara a una periodista de TVE con los terroristas en plena escalada de agresiones en Ceuta

La Agrupación de Periodistas de UGT rechaza el señalamiento que ha hecho Rocío de Meer sobre la periodista de TVE y se solidariza con ella

29 de Agosto de 2026
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Maleas Lenguas, sábado 29 de agosto de 2026

La crisis de Ceuta está dejando una imagen especialmente preocupante para quienes trabajan en los medios de comunicación. A las agresiones, insultos e intimidaciones sufridas por periodistas y equipos técnicos desplazados a la ciudad autónoma se suma ahora el señalamiento público de profesionales concretos a través de las redes sociales, una escalada que ha provocado la reacción de la Agrupación de Periodistas de UGT (AGP-UGT), del Consejo de Informativos de TVE y de compañeros de la propia radiotelevisión pública.

El último episodio tiene como protagonista a la periodista de TVE María Álvarez, desplazada a Ceuta para informar sobre la crisis. La diputada de Vox Rocío de Meer difundió en X una captura de una conexión de la reportera acompañada del mensaje: «No todos los terroristas ponen bombas, algunos son periodistas». La publicación reproducía además otro mensaje previo en el que ya se señalaba a la profesional.

La Agrupación de Periodistas de UGT rechaza el señalamiento realizado contra María Álvarez y traslada públicamente su solidaridad a la periodista de TVE, en un contexto en el que los profesionales desplazados a Ceuta llevan días trabajando entre episodios de creciente hostilidad.

No estamos únicamente ante una discusión sobre una información, una línea editorial o el tratamiento periodístico de un acontecimiento. La cuestión es mucho más grave: convertir a una periodista identificable, que está sobre el terreno desempeñando su trabajo, en destinataria de una acusación que la equipara con el terrorismo.

Cintora pone el foco en el señalamiento

El asunto fue abordado también en Malas Lenguas, donde se mostraron tanto las imágenes de los ataques sufridos por periodistas en Ceuta como la publicación contra María Álvarez.

Jesús Cintora recordó que la imagen utilizada correspondía a una profesional que estaba realizando una cobertura informativa. El programa explicó cómo la diputada había difundido la fotografía de la reportera durante un directo realizado en Ceuta y acompañado la imagen con la comparación con los terroristas.

La secuencia resulta especialmente inquietante porque no se produce en el vacío. Durante los últimos días han sido increpados distintos equipos periodísticos desplazados a Ceuta. AGP-UGT ha denunciado agresiones, insultos, intimidaciones y episodios de acoso contra profesionales de diferentes medios y ha reclamado a autoridades y empresas medidas que permitan desarrollar las coberturas con seguridad.

La organización ha mostrado de manera particular su apoyo a trabajadores y trabajadoras de RTVE, después de que UGT-RTVE advirtiera de que los ataques estaban aumentando «día a día de forma preocupante». También ha expresado su solidaridad con el periodista de laSexta Juan José Cuéllar, el cámara Manu Montilla y otros profesionales hostigados durante las protestas.

"Y ahora terroristas"

El Consejo de Informativos de TVE ha reaccionado con extraordinaria dureza.

Bajo el título "Y ahora terroristas", condenó el «acoso y señalamiento» contra los profesionales de RTVE y situó la publicación de Rocío de Meer dentro de una sucesión de ataques contra trabajadores de la radiotelevisión pública.

Los representantes de los profesionales recuerdan, además, anteriores expresiones dirigidas contra RTVE desde Vox, como las referencias parlamentarias a entrar en la Corporación «con motosierra o con lanzallamas», «echar» a su presidente «a patadas» o emplear una «bomba atómica».

El Consejo de Informativos hace una reflexión particularmente significativa: los trabajadores de RTVE conocen qué significa ejercer el periodismo bajo amenazas. Recuerdan que han sufrido agresiones procedentes de ámbitos ideológicos muy distintos e incluso del terrorismo y su entorno, y reclaman que nadie alimente «el odio y la violencia contra los periodistas».

Ese es precisamente el límite que no debería atravesarse. La crítica al periodismo es legítima. También lo son el debate sobre el tratamiento de una información, la denuncia de un error, las exigencias de rectificación o las críticas a una televisión pública. Señalar individualmente a una periodista y asociarla al terrorismo pertenece a una categoría completamente distinta.

AGP-UGT: la violencia no forma parte del trabajo periodístico

La posición adoptada por la Agrupación de Periodistas de UGT ante la crisis de Ceuta cobra ahora todavía mayor relevancia.

AGP-UGT ha defendido que ningún contexto de crispación política o malestar social puede justificar que periodistas, cámaras, fotógrafos o técnicos se conviertan en objetivo de amenazas y agresiones por realizar su trabajo. Su argumento trasciende además la defensa corporativa: impedir a un profesional grabar, acosarle durante una conexión o forzarle a abandonar un lugar perjudica directamente el derecho de la ciudadanía a recibir información.

La organización introduce también una perspectiva laboral que con frecuencia se olvida. 

Las personas que aparecen delante de una cámara o detrás de ella son trabajadores. Las empresas tienen, por tanto, la obligación de evaluar los riesgos de una cobertura, establecer protocolos de seguridad y proporcionar los recursos humanos y materiales necesarios cuando los equipos son enviados a escenarios especialmente conflictivos.

AGP-UGT lo resume en una frase difícilmente discutible: "La violencia no forma parte del trabajo periodístico".

El peligro de convertir al mensajero en enemigo

Ceuta atraviesa una situación extraordinariamente compleja. Existe tensión social, una grave crisis migratoria, miedo, enfado ciudadano y un debate político de enorme intensidad.

Precisamente por eso es más necesario que nunca preservar a quienes están allí para contar lo que sucede.

Un periodista no es responsable de los acontecimientos que está relatando. Tampoco un cámara que graba una concentración ni un reportero que pregunta a sus protagonistas. Convertirlos en destinatarios de la ira social o del enfrentamiento político significa transformar al mensajero en enemigo.

Y hay una diferencia sustancial entre soportar una crítica y ser señalado ante miles de personas. La publicación contra María Álvarez llega cuando otros compañeros ya han sufrido situaciones de intimidación física sobre el terreno. Esa suma entre hostilidad en la calle y señalamiento desde las redes debería preocupar mucho más allá de RTVE o de las organizaciones profesionales.

Porque el deterioro de la libertad de información no suele comenzar cerrando un periódico o prohibiendo una emisión. Puede empezar de una manera bastante más sencilla: haciendo que un periodista tenga miedo de ponerse delante de una cámara.

Por eso la respuesta de la Agrupación de Periodistas de UGT va al núcleo del problema: se puede discutir una información, cuestionar una línea editorial y reclamar una rectificación. Lo que una democracia no puede normalizar es el insulto, la intimidación o la violencia como forma de silenciar a quien informa.

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