Colomar, superdetective alérgico a hipócritas

El ‘Sherlock Holmes español’ hizo gala de su discreción para ayudar a clientes víctimas de injusticias huyendo de los oropeles y los egos desmedidos ansiosos de pose

25 de Septiembre de 2026
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COLOMAR, SUPERDETECTIVE ALÉRGICO A HIPÓCRITAS

Jorge Colomar Pueyo (apodado el ‘Sherlock Holmes español’ por algunos periodistas) fue detective discreto, pero no pasó desapercibido. Prefirió la eficacia al ego de centrar novelas y films de género: alejó gabardinas, vender humo y lucir estereotipos comunes. Su afán fue ayudar a clientes, víctimas de la injusticia, de la burocracia policial o del peor ser humano.

El sábado 19 de septiembre falleció, a los 73 años, en L’Empordá (Girona) sin cejar, ni dejar de trabajar en pro de la verdad. Su intensa vida le llevó a formarse en EEUU e Israel. Fue submarinista, paracaidista, legionario, piloto aeronáutico y hasta autor precoz de un ensayo orientalista (Zen y sus orígenes, Martínez Roca 1974). Ahí abona su apego por el buen karma.

En 1978 fundó ‘Investigator’, con licencia contenciosa. La instaló en Plaza de Lesseps barcelonesa. Subyugador de interlocutores, fuentes y clientes sus prácticas investigadoras fascinaron o le llevaron a la cárcel. En 1983 raptó y repatrió del sur francés a Ramón Mateu, magnate del transporte español. Este dejó deudas millonarias, despidos y a la familia. Un indulto salvó a Colomar de más cárcel tras una condena por ‘agilizar la justicia’.   

Los ‘casos’ de Colomar tuvieron patrón operativo. De un lado, su cotidiano aclaró y documentó fraudes corporativos, familiares y empresariales para bufetes, aseguradoras, bancos y mutuas. De otro, localizó desaparecidos, investigó crímenes archivados o puso identidad a delitos sin autoría.

La fama de sabueso irredento a Colomar le llegó cuando por Caspe (Zaragoza) en 1988 la desaparición de Antonia Torres, diez años antes, la confesó como homicida su novio. Lo cercó la lupa del también criminólogo Colomar. Otro caso: Ramón Laso fue libre hasta que Investigator probó en un dossier su autoría en el asesinato de su ex esposa e hijo.

Hubo más. El archivo policial del homicidio de Esperanza Comas se oxigenó con su sello investigador Colomar. También resolvió, sumando técnicas de hipnosis, identificar a J. J. Pérez Rangel como múltiple asesino en distintos aparcamientos barceloneses. Los éxitos del detective devinieron en celos policiales y esa mirada de reojo de la justicia más corporativista, la que no admite errores ni jamás paga por las dilaciones.

COLOMAR GUARDIANES DEL PATRIMONIO TVE2
 

Nace el superdetective

La irrepetible reportera de sucesos Margarita Landi, en su etapa de El Caso e Interviú, se acercó a Colomar queriendo conocer la fuente del éxito para resolver casos sin medios, reconocimiento oficial del detective privado, ni apoyos de la policía, benemérita o juzgados. Publicó reportajes sobre Colomar. A sus casos la justicia les puso acento y subrayaba en negrita por ser riguroso. Las reticencias de la cronista las despejó el tiempo.

La fallecida profesora de Derecho Elena Pradas publicó, en 2003, un volumen (La Gota de mercurio, casos y cosas del Detective Jorge Colomar, Obelisco) donde da detalles precisos de cómo busca, interroga, llama, habla, escribe, trabaja y acoge el detective su praxis. Pradas en 320 páginas logra un laberinto con final impredecible. Pero corrobora el duende que atrapa a periodistas, otros escritores y guionistas del empeño, de 24 horas, de un detective que atrae hasta miradas esquivas.        

El halo del éxito en prensa y librerías no tardó en llegar a la pantalla. Y ahí el detective confesó a este humilde cronista que recibía llamadas anónimas preguntándole ¿de qué vas?. El contexto de la cuestión era la trasgresión del investigador hacia campos que parecían vedados para el oficio del investigador privado independiente. De ese freelancer sin miedo ante nada, ni nadie, en pro de lo que pasó de verdad. Colomar imitaba al mejor Chaves Nogales porque ‘estaba allí’, donde está la médula del caso.           

Los ‘casos’ de Colomar tuvieron patrón operativo. De un lado, su cotidiano aclaró y documentó fraudes corporativos, familiares y empresariales para bufetes, aseguradoras, bancos y mutuas. De otro, localizó desaparecidos, investigó crímenes archivados o puso identidad a delitos sin autoría       

Las apariciones televisivas de Jorge Colomar se prodigaron para vencer envidias e hipocresías o paradojas de nuestro sistema legal, policial y judicial. La noche de las mentes criminales y Hechos reales (Mediaset) fueron teleseries que analizaban y difundían datos inéditos de los sucesos más violentos de la crónica negra española.

En TV3 el programa Kubala, Moreno i Manchón, Cas Obert y Crims acogieron también el talento de Colomar. Inclusive en Equipo de investigación (La Sexta, Atresmedia) centró capítulos en el quehacer de un ex legionario que no matrimonió con la muerte hasta décadas después.   

Dos temporadas de Guardianes del patrimonio (TVE2) destaparon a Colomar como conductor de voz grave aliado de las fuerzas de seguridad para investigar y recuperar patrimonio artístico patrio. El éxito de la teleserie potenció presupuesto y plantilla de expertos oficiales.

Antes, el inolvidable cineasta Pedro Costa en los capítulos de Robles, investigador privado retrató los casos resueltos por Colomar que encarnó Antonio Resines. La simbiosis fue perfecta entre la realidad y la ficción.

Algo parecido a Colomar sucedió con el detective privado californiano Harold K Lipset (1919-1997). El cineasta Francis F. Coppola le eligió para documentar The Conversation (1974). El doble de Lipset en el celuloide fue Harry Paul. Lo encarnó el irrepetible Gene Hackman. Unas escuchas del detective fueron ‘legales’ cuando descubría delitos de mayor entidad que infidelidades o estafas…. Colomar y Lipset navegaron sobre una legitimidad que no lo parecía. Atracaron en el puerto de la cruda verdad.

COLOMAR TVE2 GERNIKA
 

Las alergias de Colomar

Es difícil escribir del amigo que acaba de fallecer, más cuando estaba en la plantilla de buenas personas que Machado acuñó. En vida, y quizás muerto, Colomar acumula y sumará leyendas reales. Una le residenció a finales de los ochenta en Sevilla.

Tuvo encargo barcelonés y madrileño para destapar fraudes en un consejo societario apilados en clan de apellidos largos. Semanas después del trabajo de campo de Colomar la centenaria Compañía Sevilla de Electricidad SA la tragó Endesa, después malvendida en 2007 a italianos. La solvente compañía hispalense se esfumó sin gloria, sin réplica. ¿Hubo dossier comprometedor que agilizó esa absorción?. Nunca se sabrá. 

El superdetective se quejaba de que su metodología no era para facturar o presumir. Estaba para plasmar el encargo del cliente. Rechazó en vida medallas, honores o peloteos al ego sujeto a masaje. Su vocación didáctica lo demostró en apariciones radio-televisivas, artículos, libros y guiones. Tuvo vanidad, pero justificada por actos más allá de lo esperado.    

Molesta a los humildes con talento lo que los griegos llamaron hypokrisis. Lo traducimos hoy como ‘actuar en un escenario’ o ‘representar un papel’. En la Grecia clásica se acompaña de máscara. En el caso de Colomar lo más hipócrita le perseguía y no tuvo ese Homero que le aplaudía todo.

A la hora de redactar este obituario la figura y trayectoria de Colomar se pondera en medios catalanes y estatales, redes sociales y quienes conocieron de cerca su bondad profesional y personal. No importó que fuera gourmet, gastrónomo y extraordinario conversador. Ni alguien viajado y cultivado que economizaba palabras para ganar credibilidad. 

Lo penoso es que el Col.legi de Detectius (colegio de detectives catalán) no haya lamentado corporativamente el adiós de Colomar tras tenerle entre sus miembros años, o vender Gota del Mercurio en sus canales. O que APDPE, colectivo estatal ‘líder’ que requirió hasta el hartazgo como conferenciante a Colomar o para premiarle, ni le mencione tras morir.

Decíamos que en vida Colomar no participó demasiado en un gremio, el de detectives privados, apenas activo entre 2.000 profesionales sobre casi 8.000 licencias. Los investigadores patrios se agrupan en más de cien colectivos que repiten membresía, tres colegios (Catalán, Valenciano y Gallego; en capilla el andaluz, aprobado el murciano; en proyecto, el madrileño y canario), lobby liderado por superegos, dos patronales más concurridas citas gastronómicas e incontables grupos de mensajería.

Colomar repetía que el trabajo del detective es sumar. Semanas antes de morir desveló verdades inéditas sobre el ‘caso Mateu’ que le privó de la libertad 23 días en la Modelo. Ahí lanzó un mensaje ético premortem.

Este dogma personal enlazó las hipocresías que soportó y pagó caras. Explica el desdén gremial sobre éxito del compañero/a. El que sólo metabolizan ignorantes o borregos. El mismo que explicaría que alguien de sus colegas, además de corroerles la envidia, están mal. Acaso con humedades en la azotea. ¿Llevará razón el superdetective?.

Mientras, deseamos descanse en paz. Colomar logró investigar delitos estando vedado, incomprensiblemente, al detective español. Trabajó duro para vencer obstáculos de la burocracia, lo oficial y de la injusticia. Sufrió inmerecido desprecio de compañeros, pero ratifica lo que repetía Napoléon: ‘la envidia declara la inferioridad’. Colomar tiene quien le escriba; su legado suma, avanza. Eso molesta al mediocre. Recuérdenlo.  

GOTA MERCURIO CASOS Y COSAS DETECTIVE JORGE COLOMAR
 

 

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