Aquí empezó, en Andalucía, adoptando la denominación de una conocida marca de AOVE, de producción ecológica del Aljarafe sevillano: Guapa y Virgen. Con este nombre, un grupo de mujeres jóvenes y no tan jóvenes se unió para defender sus intereses. En el panorama actual, ningún movimiento político, ni femenino ni feminista, las representaba, así que se lanzaron ellas a la batalla. Al principio eran tres gatos, y además primas entre sí. El movimiento comenzó con una pregunta: ¿tú te quieres ver como tu madre? “Pilar, hija, pues no sé”, le respondió su prima, “tu madre está rey al lado de la mía”.
Y es que la madre de Pilar era directora regional de Caixa Pan. Tras una brillante carrera universitaria, varios másteres y estancias en el extranjero, había ascendido a lo máximo que se podía aspirar en la banca en su comunidad autónoma, y además, madre de tres hijos. La mayor, Pilar, pero el último hermano con 10 años y aún en el colegio. Se levantaba a las seis de la mañana para dejar todo organizado, y darle instrucciones a la chica que ayudaba en casa, hacía la tabla de gimnasia, se colocaba un pinganillo en el oído y comenzaba a trabajar, y así hasta las seis de la tarde que pasaba a recoger a su hermano pequeño al colegio. De ahí lo llevaba unos días a fútbol, y otros a clases de chino, papá había dicho que en China estaba el futuro. Se queja de que no llega, hay días que está de una mala leche bárbara, y es que se lo carga todo. “Mi padre es que te meas de risa, y ya lo conoces, súper simpático”. Él también trabaja mucho, pero además, la empresa le exige unas reuniones y comidas con clientes interminables, llega destrozado a casa, “vamos, que se quita los pantalones con los calzoncillos dentro y los deja en el suelo. Y ahí va que se levanta mi madre, y los coge porque son el último modelo de Amedio Pucci, ella se los ha comprado, y se van a deformar, y cuando se deforman, ya ni con la plancha vuelven a estar bien”. Papá cuenta para todo con mamá, vamos que le pregunta cada mañana qué corbata le sienta mejor, y ella se la elige, y se asegura de que él salga a la calle hecho un pincel.
Así se fueron contando las tres primas las cosas de sus casas, y llegaron a la misma conclusión, no querían verse como sus madres, que del entrenador personal habían pasado a la tabla de gimnasia, de ahí a la práctica de yoga, pasando después por el mindfulness y la meditación, para finalmente terminar en el psicólogo.
El grupo Guapa y Virgen se fue extendiendo. Los grupos de mujeres que elegían voluntariamente el celibato, comenzaron a cobrar fuerza como una forma de autocuidado, empoderamiento, protesta contra estereotipos o búsqueda de paz personal. Por supuesto, el sexo no estaba excluido, pero mayoritariamente, sí aparcaban la idea de ser madres. No estaban dispuestas a que le vendieran la historia de la conciliación laboral, y menos aún de la conciliación doméstica, no se trataba de ningún odio hacia los hombres, simplemente querían priorizarse a ellas mismas, algo que inicialmente parece que chocaba con la propia condición de feminidad.
Del entrenador personal habían pasado a la tabla de gimnasia, de ahí a la práctica de yoga, pasando después por el mindfulness y la meditación, para finalmente terminar en el psicólogo
El movimiento Guapa y Virgen, en su esencia, se fue extendiendo por todo el país, pero con distintos nombres. De Andalucía para arriba, adoptar un nombre de inspiración mariana, no iba con ellas, y aunque en lo elemental compartían la misma filosofía, prefirieron la terminología anglosajona, les resultaba más en la vanguardia, menos rancia en definitiva. Así empezaron a crecer los grupos Fencels, mujeres que elegían voluntariamente el celibato. El denominador común de estos grupos era el cansancio de las aplicaciones de citas, deseo de crecimiento personal, enfoque en uno mismo, establecimiento de límites, espiritualidad o protesta contra dinámicas sexuales tóxicas. En Madrid, el movimiento Queen Edition es el que contaba con más seguidoras, e insistían en no confundir a esta comunidad de voluntarias con los Incels (involuntary celibates), a los que consideran subculturas mayormente masculinas basadas en la frustración, la misoginia y la violencia, ellas como grupo de mujeres célibes voluntarias, resaltaban su enfoque positivo, introspectivo y de empoderamiento.
El movimiento, con una celeridad imprevista, también se extendió hacia el norte. En la región, la primera célula con tintes de organización empezó en Bilbao, allí ya existían de antiguo redes organizadas, siempre latentes. Curiosamente, el movimiento no supuso la activación de ningún grupo del Casco Viejo, fue en Neguri, en el barrio de invierno, plagado de palacetes, mansiones y casas de la belle époque, sinónimo de exclusividad y riqueza, y albergue de la élite empresarial. Allí, Ainhoa, a la vuelta de las vacaciones de verano, en una conocida urbanización del Puerto de Santa María, le contaba a sus amigas que había sido un verano perfecto, y además, el entrar en contacto con uno de los grupos de Cádiz de la organización Guapa y Virgen había supuesto un plus en las vacaciones. “Joder Ainhoa, no me digas que te has ido a hacer lo de Emaús”. Ainhoa les respondió con la pregunta del millón: “¿tú te quieres ver como tu madre?”. La conclusión fue la misma, no querían ser mujeres “con la lengua fuera”. Sus madres también habían adoptado el modelo imposible, trabajadoras y profesionales de élite, madres excepcionales y perfectas, y enamoradas del amor. Si levantaban el pie de cualquiera de los tres aceleradores, las adelantaban por la derecha y por la izquierda, así estaba diseñado el sistema.
El sistema que prometía una revolución laboral, que permitió a la mujer la incorporación al mercado laboral en términos de igualdad, y ya en ocasiones de superioridad, no había alcanzado ningún logro, en materia de conciliación. De hecho, no sabían ni por dónde empezar. Despreciando las leyes de la biología, entendieron que había que conceder al hombre una baja paternal, sabían que esto no ocasionaría una implicación del hombre en el cuidado de los hijos, puro maquillaje, pero de cara a la opinión pública, ponían a raya a los empresarios a la hora de elegir a sus empleados.
Así se implementaban las normas sobre igualdad en el país. Todas las medidas que se habían adoptado para fomentar la conciliación habían sido inútiles, las mujeres no conciliaban, compaginaban, y lo hacían a costa de sus vidas, de su salud. Y es que no habían sabido hacer valer sus poderes mágicos, podían parar el mundo.
En Bilbao, al grito de “nosotras parimos, nosotras decidimos”, y “un bote, dos botes, que para Txapote”, salieron a la calle. Las mujeres en prácticamente todo el país habían dejado de tener hijos. Habían decidido no tener que conciliar.
Los efectos no comenzaron a sentirse hasta pasado algunos años. Muchas empresas cerraron o tuvieron que reconvertirse. Las fábricas de muñecas lo tuvieron fácil, pasaron a producir muñecas hinchables a diestro y siniestro. Había dejado de nacer niños. El segmento de mercado dirigido a ellos dejó de existir. La pediatría prácticamente desapareció como especialidad independiente, los psicólogos infantiles se reconvirtieron especializándose en atender a los propietarios de mascotas, las guarderías se trasformaron en espacios de juegos y activación para mayores, una suerte de gimnasio para la mente. Los jueces en los tribunales de Familia estaban encantados, ya no se peleaba por la custodia de hijos menores, ni por los alimentos, alguna discusión sobre perros, a la que las mujeres cedían sin dificultad y pagando un saco de pienso al mes. Esto solo había sido el principio, todo el sistema de pensiones y el relevo generacional en las tareas que exigían personal joven, y posteriormente en las demás, empezó a resentirse.
El gobierno del momento, tras algún atisbo de medida para paliar la situación sin ser tildado de machista, y sin querer perder ningún voto, para hacer frente a la situación, decidió abrir las puertas a la migración. Así se facilitó la entrada de las que vinieron a llamarse “mujeres colaboradoras”. A éstas ya no se le pedían ni los antecedentes penales, solo el fiel compromiso de dar a luz al menos dos hijos en un periodo de seis años, prorrogable hasta diez en circunstancias especiales. Así llegaron muchas mujeres, algunas con más de 50 años, que carecían de partida de nacimiento. La medida tuvo escaso éxito. Estas mujeres también entraban en contacto con los movimientos Guapa y Virgen, se integraban en el país, alcanzaban puestos destacados en la sociedad, y prorrogaban el cumplimiento de su compromiso de maternidad hasta que devenía imposible.
Y hasta aquí esta distópica narración en el Día Internacional de la Mujer. Para poner en valor con un toque de humor, el papel de la mujer en la sociedad, como madre, como generadora de vida, la importancia de la maternidad. La dificultad que entraña la conciliación. La gestación como creadora de un vínculo madre-hijo en los primeros años de vida, está clínicamente demostrado, y se está obviando en algunas resoluciones judiciales. Un vínculo en los primeros años de vida, y hasta el corte del cordón umbilical, el día en que la madre muere.
Este día de la mujer está dedicado, usando palabras de la escritora Clarissa Pinkola, a todas las “mujeres que corren con los lobos” y, como siempre, a las mujeres madres y cuidadoras, y también a las madres trabajadoras y astronautas, incluso a las madres que no tienen hijos, y a todos los hombres que las respetan, las valoran y las quieren.