Juan José Aranguren: “Es una profesión muy difícil. Con un 93 % de paro, hay que tener un plan B”

Un niño que sufría ataques de pánico por su timidez hoy es actor, director y profesor de teatro. Con más de 18 años de experiencia, reivindica esa transformación personal y advierte sobre la precariedad de una profesión marcada por la incertidumbre

29 de Agosto de 2026
Actualizado a las 10:02h
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Juan José Aranguren, foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Ángel Enrique Barco
Juan José Aranguren, foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Ángel Enrique Barco

Juan José Aranguren lleva más de 18 años dedicado a la docencia teatral, una faceta que compagina con su trayectoria como actor y director. Licenciado en Interpretación por la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) y con el Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP) en la especialidad de Arte Dramático por la Universidad Complutense de Madrid, es además creador, fundador y director de hazteatro, una escuela de teatro aficionado en Madrid. A lo largo de su carrera se ha formado y ha trabajado junto a algunos de los grandes nombres del teatro y el cine español, como José Luis Alonso de Santos, Charo Amador, Marta Schinca, Eduardo Milewicz, Concha Doñaque, Fabio Mangolini, Fernando Colomo, Fernando Méndez Leite o Vicente León, entre otros. Su currículum incluye también numerosos trabajos como actor en teatro, publicidad y series de televisión e internet, además de experiencia docente en el grado de Teatro Musical de Acting y como profesor de teatro de texto en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid.

Pero detrás de esta sólida trayectoria profesional hay también una historia de superación. De niño, Aranguren era “enfermizamente tímido” y llegaba a sufrir ataques de pánico cuando tenía que comunicarse con desconocidos. Fue a los 13 años, al asistir casi por casualidad a una representación teatral en su instituto, cuando descubrió un mundo que terminaría cambiando su vida. Desde entonces, el teatro se convirtió primero en vocación y después en profesión, hasta llevarle a combinar sus dos grandes pasiones: la interpretación y la enseñanza.

Hoy, desde la experiencia acumulada durante casi dos décadas, en esta conversación con Diario Sabemos habla sin idealizar de una profesión marcada por la incertidumbre, la precariedad y la dificultad de vivir exclusivamente de las tablas, pero también de la capacidad transformadora del teatro y de los vínculos que se crean entre profesores y alumnos.

A modo de introducción, ¿Cómo le gustaría presentarse a nuestros lectores?

Hola a todas y todos. Me llamo Juanjo Aranguren. Soy actor y director de teatro. Además soy creador, director y profesor de hazteatro, una escuela de teatro aficionado en Madrid. Soy un apasionado de las artes escénicas y la pedagogía, así que poder mezclar ambas facetas en un solo trabajo fue lo mejor que pudo sucederme.

Desde lo personal, ¿Cuándo sintió que quería ser actor?

La historia es cuanto menos curiosa. Yo era un niño enfermizamente tímido. Para que os hagáis una idea, mis padres me obligaban a bajar a comprar el pan o a ir a la carnicería porque eso suponía que tenía que comunicarme con una persona que no conocía. Me daban absolutos ataques de pánico cuando me tocaba hacerlo.

Pero con 13 años, estando ya en el instituto, un vecino, Alex, me invitó a que fuera a ver a su hermano Álvaro actuar en la obra de teatro que representaba la compañía teatral del propio instituto. No sé ni por qué pero dije que sí. La obra se llamaba “Tal vez mañana” del autor Rafael Ramos de Castro, que además era el director del grupo. Me quedé totalmente fascinado con lo que vi en el escenario. La obra trata sobre un grupo de actrices y actores que se presentan a un casting. Dentro del casting tienen que representar escenas conocidas de diversos ilustres autores. En este caso los fragmentos de obras que se representaban pertenecían a “La muerte de un viajante”, “La casa de Bernarda Alba” y “Romeo y Julieta”.

La obra, además, era parcialmente musical. Actores y actrices que participaban en el casting y, en determinados momentos, expresaban sus emociones a través de canciones que pertenecían a musicales muy conocidos, con una letra adaptada a la propia trama de la obra.

La siguiente vez que me encontré con Alex me comentó que él estaba inscrito en las clases de teatro del instituto. Las impartía el director de la obra que había visto. Mi timidez desapareció por unos benditos segundos y dije que sí. La segunda mejor decisión de mi vida.

Juan José Aranguren, foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Ángel Enrique Barco
Juan José Aranguren, foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Ángel Enrique Barco

¿Y ahí nació esa vocación de dedicarse al teatro?

Si, ahí comenzó todo. Después de la primera clase mi profesor me ofreció entrar en la compañía a la que había visto representar la obra “Tal vez mañana”. Embriagado de euforia e ilusión dije sí. Rotundamente.

En mi segundo año en la compañía recibí el premio al mejor actor cómico compartido con Alex (sí, el que me introdujo en el mundo del teatro y mi mejor amigo desde esa época) en el certamen de teatro adolescente de la Comunidad de Madrid. Se habían presentado más de 300 grupos.

Además Ud. en los últimos años está volcado por completo a la docencia. ¿Cómo y por qué da ese salto?

Si de pequeño me hubieras preguntado que qué quería ser de mayor te hubiese respondido que veterinario o profesor. Aunque durante los últimos años de infancia fue ganando bastante peso la idea de dedicarme a la enseñanza. Es la profesión de mi madre a la que estoy muy conectado. Siempre he sentido mucha admiración por ella. 6 hijos y jefa de estudios de un colegio público. Ni más ni menos. Que el teatro entrase en mi vida fue un vehículo maravilloso para acabar dedicándome a una profesión que aúna mis dos pasiones. La enseñanza y la interpretación.

Quiero añadir que la crisis de 2008 cambió absolutamente todo. Los meses posteriores a la caída de Wall Street tuve que decidir entre la incertidumbre total a nivel económico o tener pequeños ingresos fijos a través de mi otra gran pasión: la enseñanza. Aún así pasé 2 años con unos ingresos de menos de 600 euros al mes. No era sostenible económicamente. Pero sobre todo no era sostenible psicológica y emocionalmente.

¿Qué nos puede contar de su experiencia como profesor de teatro?

Es algo tremendamente enriquecedor. Tendría que hablar de las dos vertientes que trabajo. La primera, mi escuela hazteatro donde imparto clases de interpretación para aficionados. El feedback positivo que recibes de los alumnos es tan bestia que la motivación para ser cada vez mejor profesor no se detiene nunca. Y van 18 años ya…

No es una profesión fácil. Hay que tratar al alumnado con mucho cuidado, tacto y asertividad, acompañando sus dificultades, sus resistencias, su timidez y sus miedos. Pero lo hago a través de un camino en el que lo importante no es el resultado, sino el proceso en sí. Por eso, muy poco a poco, voy aumentando la dificultad y el nivel de exposición de los ejercicios. Ver los avances de las personas a las que estás formando produce una sensación absolutamente indescriptible. Y cuando, además, vienen y te cuentan que la experiencia teatral no solo les ha enriquecido por sí misma, sino que también les ha aportado importantes beneficios en su vida personal, laboral y en sus relaciones con los demás, la satisfacción es ya inenarrable.

Juan José Aranguren, foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Ángel Enrique Barco
Juan José Aranguren, foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Ángel Enrique Barco

¿Y la segunda vertiente a la que Ud. hizo referencia?

Tiene que ver con la formación de profesionales en los grados de Interpretación. Es una tarea mucho más ardua, intensa y exigente. Sin embargo, la emoción de ver a los alumnos ya graduados sobre las tablas de algunos de los escenarios más importantes de Madrid es difícil de expresar con palabras.

¿Cómo describiría a sus alumnos? ¿Qué le cuentan? ¿Qué les motiva a estudiar teatro con Ud.?

Me centro en mi alumnado de teatro aficionado para responder a esta pregunta. Es un alumnado diverso, formado por personas adultas de distintas edades, profesiones y trayectorias de vida.

Cada una llega al teatro por una razón diferente: algunas quieren vencer la timidez o ganar seguridad; otras buscan mejorar su capacidad para comunicarse, relacionarse y expresarse ante los demás. También hay quienes desean romper con la rutina, conocer gente nueva o, sencillamente, disfrutar de una actividad que siempre les había llamado la atención, pero que nunca se habían atrevido a probar.

Suele haber ciertos miedos iniciales: al ridículo, a exponerse, a equivocarse, a no estar a la altura…Sin embargo, a medida que avanzan y comprueban que se encuentran en un espacio seguro, respetuoso y libre de juicios, esas inseguridades se van disipando.

Cada persona puede avanzar a su propio ritmo, sin presiones y sin que se le exija alcanzar un resultado inmediato. Vuelvo a insistir en la importancia del proceso. Es como la vida misma: estar presente en el camino sin dejar que la meta nos impida disfrutar de cada paso.

Juan José Aranguren, foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Ángel Enrique Barco
Juan José Aranguren, foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Ángel Enrique Barco

Y tendrá muchas anécdotas con ellos…Alguna que quiera compartir con nosotros…

Ja ja ja. Tengo centenares de anécdotas. Puedo empezar hablando de las derivadas del COVID. En más de una ocasión, durante los años en los que seguía muy presente, me enteré el mismo día de la muestra de que uno de los actores había dado positivo y me tocó interpretar su personaje para no tener que suspenderla.

Dentro de la propia dinámica de los talleres recuerdo una bastante desconcertante y divertida. Una alumna, que se había inscrito recientemente en el curso, llegado el momento de realizar las improvisaciones por parejas me pidió que si podía ponerse en la parte derecha de la escena porque ese era su lado bueno. Tengo que decir que se me agotaron todas mis herramientas como profesor para poder dar una respuesta a esta curiosa petición.

¿Cuáles son las mayores dificultades a las que Ud. se ha enfrentado como actor?

Creo que una de las mayores dificultades ha sido aprender a convivir con la incertidumbre. Puedes formarte durante años, esforzarte muchísimo y ser un actor o actriz brillante, pero eso no significa que vayan a llegar las oportunidades. Hay factores que no dependen de ti: estar en el momento y lugar adecuado y tener suerte. Quiero destacar la última. Tener suerte es lo más importante.

-¿Y como profesor?

Los sueldos bajísimos en el sector privado. En lo público son sensiblemente mejores. De todas maneras no me quedé parado con esto. Hice un balance del dinero que mi trabajo estaba generando en el sector privado y me di cuenta que había muchas personas enriqueciéndose a mi costa. Así que tiré por la opción “yo me lo guiso, yo me lo como”. Crear mi propia escuela de teatro. Con todos los riesgos que conllevaba. He sido muy constante, trabajador y obstinado. El primer año comencé con 16 alumnos y en pocos años superaba ampliamente el centenar.

-¿Le resultó difícil hacerse un hueco en este mundo?

Nunca he llegado a hacerme un hueco relevante en el mundo de la interpretación como actor. Pero sí lo he logrado en el ecosistema de las escuelas de teatro.

FOTO 4 Foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Angel Enrique Barco

En un sector caracterizado por la inestabilidad laboral. ¿Es posible vivir de lo que le gusta, del teatro?

Respuesta breve: no. Ni para mí ni para la inmensa mayoría. Al salir de la escuela de arte dramático trabajé en dos compañías teatrales: una pública y una privada. Con condiciones más que aceptables en ambas. Contrato y sueldo fijo desde el primer ensayo hasta la última representación de las giras.

Esas condiciones desaparecieron con la crisis de 2008. Desaparecieron para no volver nunca. No tanto desde lo público como desde el sector privado. Hay honrosas excepciones a día de hoy. Pero se sigue abusando de acuerdos, porque no pueden llamarse contratos, con ensayos sin remunerar y funciones a taquilla.

He trabajado también en medios audiovisuales: series de TV, publicidad, series web, son medios que admiro como espectador pero me resultan repetitivos y encorsetados como intérprete. Para un amante de la interpretación sobre las tablas como soy se me hacen áridos. Admiro mucho a todas aquellas actrices y actores que disfrutan de la interpretación ante la cámara. No es lo mío.

¿Qué les diría a los jóvenes, y no tanto, que quieren dedicarse al teatro, que sueñan con ser actores y actrices?

Que tengan un plan B. Hay que ser consciente de que esta es una profesión muy difícil, con un 93 % de paro. Que pongan toda su energía, ilusión y ganas en este mundo maravilloso en el que se van a adentrar. Pero siempre con cabeza.

Me gusta ser muy cauto con esto porque cuando un alumno o una alumna te piden un consejo, una guía sobre este tema, de alguna manera está poniendo su futuro en tus manos, en tus palabras.

Yendo a una situación concreta: si un alumno o una alumna me hace partícipe de su decisión de dedicarse plenamente a la interpretación, pero tiene un trabajo estable, siempre recomiendo que lo conserve y que pida una reducción de jornada o una excedencia, si es posible.

Juan José Aranguren, foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Ángel Enrique Barco
Juan José Aranguren, foto de Álvaro Guerrero Ocaña y Ángel Enrique Barco

 

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