Natural de Villamanrique, Ciudad Real, Antonio Maldonado Muñoz comienza a incursionar en el mundo de las letras tras ganar en 2010 la categoría local del certamen de poesía Jorge Manrique. Después vinieron los poemarios El Paseo del Cancerbero, Cementerio de Barcos, Luminiscentes y más recientemente la novela Azote, que desde su lanzamiento en febrero del pasado año, se han lanzado tres ediciones.
En esta entrevista para Diario Sabemos, este profesor de Historia y Geografía de un instituto público de la Comunidad de Madrid comparte la experiencia de saltar de las aulas con alumnos a las presentaciones y firmas de sus creaciones literarias con lectores en eventos de tanta relevancia para autores, y la industria en general, como es la Feria del Libro de Madrid de la que ha participado en cuatro ediciones consecutivas.
Durante el transcurso de la conversación, Maldonado también desgrana cuales son las dificultades que tienen los escritores independientes, las trabas de acceso que pone la misma industria editorial y algunas sugerencias para los jóvenes, y no tanto, que se quieran dedicar a la literatura. Y también, algunas anécdotas personales que le ha regalado su vocación por las letras.
A modo de introducción, ¿Cómo le gustaría presentarse a nuestros lectores?
Como un amante de la naturaleza, del arte y de la cultura, embarcado en la quijotesca labor de poner a mi pueblo, ligado a la literatura y con profundas raíces históricas y un interesante patrimonio, en su lugar correspondiente, lejos de la mal llamada “España vaciada”.
Ud. es profesor de Geografía e Historia en la escuela pública en la Comunidad de Madrid. ¿Cómo dio el salto de las aulas a escribir su primera novela?
Me gusta esta pregunta porque ambos campos están muy relacionados. La posibilidad de tener un oficio intelectual, sin duda, me ha permitido evolucionar a nivel creativo. Antes trabajé en comercio y hostelería, donde disponía de menos tiempo para leer y escribir, por eso solo publicaba poesía, más fluida.
¿Cómo nació Azote? ¿Que nos puede contar de sus personajes?
La novela nació gracias a la lectura, la idea surgió mientras disfrutaba de “Canto yo y la montaña baila”, de Irene Solá. Su magia arraigó en mi cabeza mientras la finalizaba de vuelta de vacaciones en un avión, al día siguiente de terminarla me puse manos a la obra.
Es una novela coral, como la vida que dibuja. El principal protagonista es el pueblo, Villamanrique, en Ciudad Real, transformado en Belmontejo de la Sierra, su anterior nombre, para desligarlo de la realidad. Personajes muy diversos, de distintas generaciones narran sus momentos en el pueblo, que se mantiene junto con su naturaleza, muy importante en la obra, mientras las personas van y vienen en un alarde de carpe diem. Como todos, cada personaje es víctima de su tiempo; con su paso, de forma sutil, se aprecia la evolución social de España en los siglos XX y XXI, enmarcada en el mundo rural manchego.
¿Está basada en hechos reales?
Una pequeña parte. Son reales los personajes de Gregorio, basado en mi padre, que murió víctima del cáncer, porque necesitaba agradecerle todo lo que hizo por su familia. También aparece Cándido Martínez, el alcalde que vivió la guerra civil y demostró un acto de humanidad que debería haberse producido en toda España; y Don Marino, el maestro de mi padre, creado a través de sus recuerdos mezcla la realidad en la docencia y la ficción en su vida. Cuento las tradiciones y costumbres del pueblo con personajes ficticios y he transformado muy libremente dos sucesos para adaptarlos a la trama.
En los últimos años ha estado firmando en casetas de la Feria del Libro. ¿Cómo ha vivido esta experiencia?
Si, en la del Retiro he participado cuatro años, los tres primeros firmando poemarios y el año pasado la novela. Siempre ha sido una experiencia gratificante por el calor recibido. Nunca olvidaré la de 2021, la pandémica, cuando por cuestiones de aforo la gente que venía a la caseta donde firmaba, sin conocerse, se organizó pasándose la acreditación para acceder al recinto.
Alguna anécdota que quiera compartir con nosotros…
“Azote” ha creado un mundo metaliterario y no podré olvidar varias. Gracias a la novela he conocido a Don Marino, el maestro de mi padre que inspiró a uno de los personajes a través de sus recuerdos. La casualidad también me ha permitido conocer a Marce, la madre de mi amigo Jaime, fallecido hace varios años. En la Feria del Libro de Alcalá de Henares, el encanto de la literatura me hizo conocer a la nieta de una tía de mi abuela, a los antiguos jefes de una amiga y a una señora sevillana a quien se la habían recomendado. También ha habido anécdotas negativas, me pilló el apagón el día que me tocaba presentarla y me tocaba firmar en el Retiro cuando lo cerraron por el calor excesivo en junio de 2025, pero ambas situaciones se solucionaron.
-Como escritor independiente, fuera de las multinacionales del sector ¿Le resultó difícil hacerse un hueco en el mundo editorial?
Sí, los mundos relucientes esconden una considerable dosis de oscuridad. La industria del libro no escapa a este fenómeno. Consciente de la dificultad del proceso, en ocasiones con importantes faltas de seriedad y ética, me di un año para revisar propuestas y, por suerte, pude elegir de entre cinco.
-¿Cuáles son las mayores dificultades a las que Ud. se ha enfrentado antes de publicar su primera novela?
Antes de encontrar una editorial aceptable o apañada, como se dice en mi pueblo, me costó pasar mi propio filtro: revisé hasta cuatro veces todo el contenido. Al proceder de la lírica y no haber conseguido finalizar dos novelas anteriores, tuve bastante inseguridad a lo largo del proceso.
- ¿Cree Ud. que en nuestro país editoriales, Ministerio de Cultura y consejerías de las diferentes comunidades autónomas apuestan por “descubrir” nuevos talentos?
Las editoriales sí, sin duda; de hecho, hay un buen número de empresas cazadoras de autores ansiosos por publicar y se aprovechan de su tiempo y talento. Por el contrario, las más famosas tienen levantado un muro difícil de flanquear, se refugian en la lluvia torrencial de propuestas recibidas y es complicado, y entendible, si careces de contactos que defiendan la calidad de tu obra.
El Ministerio de Cultura se mueve en una buena dirección con propuestas como el Bono Cultural Joven que ha contribuido a que la juventud lea más y se incrementen las ventas de libros. Las consejerías deberían actualizarse, algunas parecen estancadas y son ajenas a la cultura de sus territorios.
¿Contó Ud. con algún tipo de ayuda en este sentido?
No, “Azote” es plenamente artesanal e independiente en todos los sentidos. La considero fruto de la democratización del sector literario. Afortunadamente, tras su publicación, he contado con el apoyo e interés de instituciones como la Diputación de Zaragoza, el Instituto de Estudios Albacetenses y bibliotecas de pueblos y ciudades como las de Villamanrique, Torre de Juan Abad, Terrinches, Miguelturra, Carrizosa, Villanueva de los Infantes, Viso del Marqués, Santa Cruz de Mudela, Cuenca, Torrejón de Ardoz y la Iván de Vargas, en Madrid, a quienes estoy enormemente agradecido por su apoyo y la pasión que desprenden por la literatura.
En un mundo tan convulso donde la realidad pasa por, los reels e historias de Instagram, los estados de Whatssap, el postureo hedonista de las redes sociales… ¿Cree Ud. que hay espacio, y tiempo, para la lectura?
Afortunadamente, la lectura constituye una sólida y gratificante vía de escape al mundo virtual. Para empezar, el movimiento de las manos es diferente: moverte de manera horizontal te propicia una sensación de avance, también representada por el cúmulo de páginas recorridas. Este gesto me parece más atractivo que el continuo descenso del scroll en una pantalla.
Consiguió publicar su primera obra. ¿Tiene algún proyecto en mente para los próximos meses?
Es mi primera novela, pero anteriormente publiqué tres poemarios. Me inicié en la literatura en 2011. Desde entonces disfruto la satisfacción de contemplar una evolución ascendente y tranquila. Casi siempre tengo algo en mente o entre las manos, ya sea poesía o narrativa; por circunstancias, a veces no lo publico, pero disfruto con esa creación.
¿Qué les diría a los jóvenes que se quieren dedicar a la literatura?
Lo mismo que a los/las jóvenes y menos jóvenes que se quieran dedicar a la escritura o a cualquier otro menester: han de adquirir cierto bagaje en ese ámbito porque nadie nace con experiencia; en el caso de la escritura, leer es vital para aprender y ubicarse. Además, no se debe tener miedo a la autocrítica ni correr. Sin embargo, de cara a la industria, tan enfocada en las ventas, la calidad artística cada vez es menos importante. Por desgracia, lo podemos apreciar con la entrega de importantes premios o el éxito de personas famosas e influenciadoras que al contar con miles de seguidores tienen abiertas unas puertas inmerecidas si nos referimos a la calidad de sus obras. En estos momentos, a una parte de la sociedad le atrae más el ruido que una melodía.
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