Quien compre en Portugal una botella de agua, una lata de refresco o determinadas bebidas envasadas ya se encuentra con una novedad que pronto será familiar también en España: el envase tiene un pequeño valor económico que se recupera cuando se devuelve para su reciclaje. El sistema se llama Volta y funciona mediante un mecanismo de depósito y reembolso que Portugal puso en marcha en todo el territorio nacional el pasado 10 de abril.
El funcionamiento es sencillo: al comprar una bebida incluida en el sistema, el consumidor paga 10 céntimos adicionales en concepto de depósito. Ese dinero no es un impuesto ni un sobrecoste definitivo: se recupera cuando el envase vacío se entrega en uno de los puntos de recogida habilitados. El objetivo es cambiar el destino de esas botellas y latas, haciendo que tengan un incentivo económico para regresar al circuito de recogida y reciclaje.
El Sistema de Depósito y Reembolso (SDR) comenzó a funcionar en todo el territorio portugués hace 5 meses y afecta a determinados envases de bebidas de un solo uso fabricados en plástico, aluminio o metales ferrosos, con una capacidad inferior a tres litros. Los envases incluidos llevan una identificación específica y un código de barras que permite reconocerlos cuando son entregados.
En resumen, el consumidor compra la bebida, paga el precio del producto y añade 10 céntimos de depósito. Tras consumir la bebida y guardar el envase, lo lleva a uno de los puntos de recogida habilitados- hay uno en cada supermercado donde se venden estos productos, el sistema lo identifica y así el cliente recupera el dinero que había adelantado. El depósito, por tanto, no supone un coste definitivo para quien devuelve correctamente el envase.
Mientras tanto, en nuestro país, el consumidor actualmente deposita una botella o lata en el contenedor amarillo sin recibir nada a cambio. Con el sistema de depósito, esos envases tienen un pequeño valor económico que se recupera cuando vuelve al circuito correspondiente.
Así funcionan las máquinas
Una de las imágenes que más fácilmente puede trasladarse de Portugal a España es la de las máquinas de devolución instaladas en supermercados y todos los establecimientos donde se dispensen bebidas. En ellas, el consumidor introduce los envases que cumplen los requisitos, el sistema comprueba su identificación y al finalizar el proceso, el cliente obtiene el correspondiente justificante en papel o incluso, en algunas grandes cadenas de alimentación, a través de un cheque ahorro / voucher digital de su propia aplicación. En cualquier caso, el importe resultante de la devolución de los envases podrá ser gastado, y descontado, en compras posteriores antes de proceder al pago en metálico o con tarjeta de crédito.

Sin embargo, vale aclarar que el sistema no admite la totalidad de botellas y latas. El envase tiene que pertenecer al sistema- con su correspondiente logotipo en su etiqueta o superficie para poder ser identificado por las maquinas: de ahí la importancia de conservar correctamente su código de barras para que dé derecho al reembolso del depósito. Los envases que no forman parte de Volta, Vuelta en portugués, continúan teniendo que gestionarse mediante los sistemas convencionales de recogida en los tradicionales cubos amarillos.
Si bien los portugueses ya han normalizado la irrupción de máquinas Verdes en las puertas de los supermercados, la red portuguesa de devolución de envases contempla varios puntos de recogida en establecimientos comerciales y otros lugares que pueden pactarse mediante acuerdos con el sector de la hostelería, municipios y sistemas de gestión de residuos. El objetivo es claro: Portugal se ha marcado una recogida del 70% de los envases incluidos en el sistema en 2026, del 80% en 2027 y del 90% en 2029.
¿Qué tendrá que hacer el consumidor?
En la práctica, muy poco, pero tendrá que cambiar un hábito. Ya no bastará con consumir la bebida y decidir si la botella acaba en la papelera o en el contenedor amarillo, al menos, si no quiere perder el depósito. Desde abril, en el país vecino, un consumidor al deshacerse de un envase, también, tira, por poco que sea, su dinero. Para ser rembolsado, el cliente deberá conservarlo. En definitiva, la secuencia es sencilla: comprar, pagar el depósito, consumir, guardar el envase, llevarlo a un punto de devolución y recuperar el dinero.
De esta manera, para una persona que consume una o dos bebidas al día puede representar unos cuantos céntimos acumulados. Sin embargo, para una familia puede convertirse en una cantidad apreciable al cabo de la semana o del mes. Por su parte, la normativa portuguesa sitúa a los establecimientos, sobre todo supermercados, a asumir no solo una nueva función dentro del circuito de gestión de residuos sino un compromiso con el medio ambiente.
Y como a partir de ahora, las botellas de hasta 3 litros, los envases tetra brik y latas ya tienen un valor, el cambio también se visualiza claramente en las calles portuguesas. Si una botella que hoy puede acabar abandonada tiene un reembolso cuando se devuelve, habrá un incentivo adicional para recogerla. Y de esta realidad, es conocedora la propia Agencia Portuguesa de Ambiente que resalta el potencial de la iniciativa para mejorar las tasas de recogida y la calidad de los materiales destinados al reciclaje.
España prepara el mismo cambio
Lo que ahora puede comprobarse en Portugal será también una realidad en España en menos de dos meses, más concretamente antes de la fecha límite, el 31 de octubre. En el caso de nuestro país, la implantación del sistema de depósito se ha convertido en una obligación después de que el país no alcanzara los objetivos legales de recogida de botellas de plástico de un solo uso.
El dato que desencadenó el proceso resulta revelador: España registró en 2023 una tasa de recogida separada del 42,3%, frente al objetivo legal del 70%. El incumplimiento obligó a activar la puesta en marcha de un sistema de depósito, devolución y retorno. Desde el Ministerio para la Transición Ecológica confirman que el nuevo Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (PEMAR) incorpora como objetivo la puesta en marcha del sistema conforme al Real Decreto 1055/2022.
El modelo español afectará inicialmente a botellas de bebidas, latas y briks o cartones para bebidas, según el desarrollo previsto en la normativa española. El mecanismo será esencialmente el mismo que ya puede observarse en Portugal: el consumidor pagará un depósito al comprar el producto y podrá recuperarlo cuando devuelva el envase en los puntos habilitados. Si bien el importe definitivo y algunos de los detalles operativos tendrán que concretarse en el despliegue del sistema, la normativa española establece, eso sí, que el depósito tendrá un mínimo de 10 céntimos por envase.
Y aquí es donde Portugal se convierte en una especie de adelanto de lo que ocurrirá en España. La irrupción de las máquinas, las bolsas llenas de botellas y latas y los consumidores esperando para introducir sus envases y los tickets que salen al final del proceso permiten visualizar cómo cambiará la estética y la imagen de las puertas de supermercados y tiendas. Y desde Diario Sabemos, hemos vivido en persona una experiencia que para los españoles puede resultar no solo extraña sino también impensada.
La otra cara del sistema
Pero hay una imagen que también forma parte de la realidad portuguesa y que desde Diario Sabemos hemos podido comprobar durante casi una semana: el mismo sistema que consigue que las ciudades estén más limpias está creando un pequeño mercado alrededor de los envases vacíos.
Personas sin hogar, ciudadanos en situación de vulnerabilidad o simplemente personas con muy pocos recursos han encontrado en esos 10 céntimos una oportunidad para conseguir algo de dinero. En las calles portuguesas ya es posible ver a personas rebuscando en papeleras para recuperar botellas y latas o acercándose a las terrazas de bares y restaurantes para pedir a los clientes los envases que acaban de consumir. Después llega otra escena: colas delante de las máquinas de devolución de los supermercados, con bolsas y bolsas de envases acumulados para convertirlas en un ticket y obtener unos euros con los que poder comprar comida.
Es la paradoja social del sistema Volta. Las ciudades pueden estar más limpias y, al mismo tiempo, mostrar con mayor crudeza la pobreza que existe en ellas. Para algunos consumidores, diez céntimos son una cantidad insignificante. Para quien no tiene prácticamente nada, pueden convertirse en el precio de un café, un alimento o una comida.
Portugal está demostrando así cómo funcionará un sistema que España tendrá que aprender a utilizar en los próximos meses. La botella dejará de ser simplemente un residuo que se tira: tendrá un pequeño valor económico que acompañará al producto desde la tienda hasta la máquina de devolución. Y ese cambio, aparentemente tan sencillo, modificará tanto nuestros hábitos de reciclaje como la imagen de nuestras calles.
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