Condenan a El Jueves por llamar “gilipollas del año” a Abogados Cristianos y España vuelve a parecer un sketch de sí misma

La justicia obliga a la revista satírica a indemnizar a la organización ultracatólica y reabre el viejo debate sobre hasta dónde puede llegar el humor cuando el poder decide ofenderse

27 de Mayo de 2026
Actualizado a las 15:10h
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Condenan Jueves Abogados Cristianos

Hay algo profundamente español en todo esto. Un país donde una revista satírica nacida durante la Transición, especializada en dibujar curas salidos, políticos corruptos y empresarios obscenos, termina condenada judicialmente por llamar “gilipollas del año” a la presidenta de Abogados Cristianos.

Y no deja de tener cierta poesía involuntaria que ocurra precisamente con El Jueves, una publicación que lleva medio siglo sobreviviendo a ministros, obispos, demandas, secuestros judiciales y varias generaciones de gente muy seria escandalizada por un chiste.

Porque en el fondo esta historia va exactamente de eso, de gente muy seria ofendiéndose muchísimo.

La jueza considera que expresiones como “gilipollas malvados”, “chiringuito” o “lobby ultracatólico” vulneran el derecho al honor de Polonia Castellanos y de Abogados Cristianos. Y una se imagina el momento exacto en el que un juez español tiene que sentarse a analizar jurídicamente la expresión “gilipollas del año 2024” mientras fuera del juzgado el país sigue funcionando más o menos como siempre... con corrupción, crispación, alquileres imposibles y tertulianos llamándose cosas bastante peores antes del café.

España, ese lugar donde la sátira acaba en el juzgado

Lo verdaderamente fascinante no es tanto la sentencia como el clima que la rodea. Porque llevamos unos años donde determinados sectores conservadores han descubierto una herramienta extraordinaria: convertir la ofensa en estrategia política.

Te denuncian una portada, una obra, una canción, un monólogo, una viñeta. Y automáticamente desplazan el debate desde el contenido hacia la supuesta persecución moral de los creyentes, de España, de Occidente o de cualquier concepto suficientemente solemne.

Es una jugada bastante eficaz. Porque obliga al humor a justificarse como si fuera un informe pericial. Y el humor, normalmente, funciona justo al revés. El humor exagera, molesta, caricaturiza y a veces incluso se pasa tres pueblos. Lleva haciéndolo desde antes de que existieran los platós de televisión donde hoy algunos profesionales del escándalo dicen barbaridades bastante más gruesas cada mañana sin que nadie convoque el Tribunal de La Haya.

La peligrosa tentación de domesticar la sátira

Eso no significa que todo valga. Ni que el insulto automático sea inteligencia. Pero tampoco conviene olvidar algo bastante básico y es que la sátira siempre incomoda más a quien tiene poder organizado que a quien apenas tiene voz. Y Abogados Cristianos tiene poder. Tiene poder mediático, poder judicial, capacidad de presión pública y capacidad para colocar debates culturales en la agenda política.

No son precisamente un grupo perseguido escondido en las catacumbas romanas. Por eso resulta difícil no ver cierta sobreactuación victimista en todo este episodio. Sobre todo cuando quienes llevan años judicializando libros, exposiciones, performances o campañas publicitarias terminan presentándose ahora como mártires indefensos de la intolerancia.

Mientras tanto, El Jueves sigue haciendo exactamente lo que lleva décadas haciendo, reírse de quien considera que merece ser ridiculizado. Y quizá el verdadero problema no sea que una revista satírica llame “gilipollas” a alguien. Quizá el problema es que en España cada vez hay más gente convencida de que el humor solo es legítimo cuando no les incomoda personalmente.

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