La borrasca ha pasado, pero no del todo. Y en algunas zonas, ni siquiera eso. Canarias sigue pendiente de la evolución de ‘Therese’, que ha dejado un reguero de incidencias, cortes de suministro y carreteras afectadas, obligando a movilizar recursos extraordinarios en varias islas. La situación más delicada se concentra ahora en La Gomera, donde el Gobierno autonómico ha solicitado la intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME) ante la intensidad de las lluvias.
La petición no responde a un escenario excepcional aislado, sino a la acumulación de problemas en pocas horas. Inundaciones, dificultades de acceso y la necesidad de reforzar medios han llevado a activar recursos adicionales para intentar contener una situación que sigue siendo inestable.
Junto a la UME, se desplaza también un contingente desde Tenerife con efectivos policiales, voluntarios de Protección Civil y personal especializado en emergencias. No es un despliegue simbólico. Se trata de reforzar sobre el terreno una capacidad de respuesta que empieza a tensarse.
En paralelo, el Gobierno canario ha recurrido al sistema de alertas a la población. Los mensajes enviados a municipios como Valle Gran Rey o Alajeró han sido claros: evitar desplazamientos y permanecer en zonas seguras. Con el paso de las horas, los avisos se han extendido a toda la isla. El escenario en La Gomera sigue marcado por la incertidumbre.
Mientras tanto, en Tenerife, el paso de la borrasca empieza a dejar una fotografía más reconocible después del impacto inicial. La isla ha registrado cerca de 600 incidencias en una sola madrugada, con especial incidencia en el norte. Municipios como La Orotava, Puerto de la Cruz o Los Realejos han concentrado buena parte de los problemas.
Las lluvias han venido acompañadas de cortes de suministro eléctrico que han afectado a unas 2.500 personas. No es una cifra menor, aunque en muchos casos el servicio ha ido restableciéndose a lo largo del día. Donde el impacto sigue siendo visible es en la red viaria.
Desprendimientos, acumulación de barro y caídas de ramas han obligado a cerrar o restringir varias carreteras. Algunas ya han podido reabrirse, otras siguen con trabajos activos y cortes parciales. Es una de las consecuencias más habituales tras episodios de lluvias intensas, pero también una de las que más condiciona la recuperación. A eso se suma un elemento menos frecuente en este tipo de situaciones: la nieve.
El Parque Nacional del Teide ha registrado una nevada que ha complicado aún más la movilidad en la zona de cumbres, obligando a mantener cierres y restricciones en accesos clave. Pese a todo, el Cabildo de Tenerife ha decidido rebajar el nivel de emergencia a situación de alerta. La decisión responde a una mejora de las condiciones meteorológicas, aunque las autoridades insisten en que el riesgo no ha desaparecido.
Se pasa de la urgencia a la vigilancia, pero sin bajar la guardia.
Siguen vigentes restricciones importantes: accesos cerrados, limitaciones en espacios naturales y recomendaciones claras a la población. Evitar desplazamientos innecesarios, extremar la precaución en carreteras y mantenerse informado.
Es el tipo de escenario en el que la normalidad vuelve poco a poco, pero con cautela. En el conjunto del archipiélago, la situación sigue siendo desigual. Algunas islas permanecen en alerta, otras en prealerta, y la evolución de las lluvias sigue marcando el ritmo de las decisiones. Lo que deja ‘Therese’ es, de momento, una doble imagen.
Por un lado, la capacidad de respuesta de los servicios de emergencia, que han tenido que actuar de forma coordinada en varios puntos al mismo tiempo. Por otro, la fragilidad de un territorio donde los episodios meteorológicos intensos siguen teniendo un impacto inmediato.