La enfermería ha ocupado un histórico segundo plano que, poco a poco y gracias a los profesionales que día a día luchan por una sanidad mejor, va quedando olvidado. Pese a todo, el camino por recorrer es aún amplio para llegar a equiparar la imagen de estos sanitarios a la de cualquier profesional que vela por la salud de los ciudadanos.
La salud y quienes se ocupan de ella en nuestra sociedad visibilizan personajes a los ojos del ciudadano y pacientes. Pero, para los enfermos, hay personas que ofertan remedios, técnicas y apoyo para recuperar el bienestar. El médico es la primera clave. Su figura hunde raíces en la historia, desde la noche de los tiempos. Diversas civilizaciones lo contemplan llamándole por determinados nombres.
A lo largo del planeta y de culturas estuvieron muy cerca de poderosos y guerreros cuando conquistar era el verbo más conjugado. Las élites, durante siglos y siglos, escucharon consejos de médicos para seguir dominando socialmente y sustentar mayor longevidad.
El resto de la población se las arreglaba como podía. Entre unos y otros socializaron pócimas o pautas para esquivar la enfermedad. Años atrás sobrevivir más allá de los 40 era casi milagro. Sin embargo, la medicina se configuró de otra forma. Especialmente, cuando se practica por individuos formados en determinados contextos. No es lo mismo Oriente que Occidente, Europa que Asia. Esa ciencia penetra en cuerpo, alma o sugestiona para combatir las patologías. O bien ataca el mal con sus mismas armas, como intenta la homeopatía.
La historia española convivió con sanadores y brujos hasta que el esplendor de Al Ándalus hizo empíricas –científicas–, creencias, evidencias y costumbres ancestrales. Averroes, Avenzoar, Maimónides, Al-Razi o Avicena son buenos ejemplos. A su talento añadieron, en ocasiones, activos y eficacia de la farmacopea para curar.
Desde el medievo, el médico fue cortesano y personaje influyente. Encantó y conformó una clase que modelaba narcisismo colmatado durante el franquismo, un régimen donde los médicos que no se exiliaron con la legalidad republicana vivieron tiempos de poltrona.
Jamás perdió referente mágico, el médico español, que otros congéneres asocian a chamanes o druidas. Tampoco se desprendió de un corporativismo que hasta lo acuesta con el fonendoscopio. Su antaño y perdido poderío aún lo atrapa.
La España del siglo XX regaló excelsos galenos al mundo, aunque modestos y sabios: Ramón y Cajal, Marañón, Puigvert, Negrín, Severo Ochoa, Barraquer… La consolidación del Sistema Nacional de Salud (SNS) bajó algunos humos a los que hacían negocio de la bata blanca y la dureza facial. Hoy, la sanidad pública española es considerada la séptima mejor del mundo según la OMS. Según la revista Newsweek asciende al tercero. Todo se debe a la profesionalidad de sus colaboradores.
Consecuentemente, al popularizarse y universalizarse el derecho a la asistencia sanitaria no es obligado ahorrar para pagar tratamientos por parte del enfermo y sus familiares. Antes, afrontar una enfermedad era patrimonio de unos pocos, por lo general adinerados.
Generaciones inmediatas recuerdan al médico como un dios que administraba su saber, cual Dios infalible. Después, tocaba aflojar la cartera o perder los ahorros. Dinero y fe siempre unidos. Hoy es diferente.
En parte por tendencias capitalistas y globalizadoras de hacer más negocio sutilmente sobre una sanidad pública a la que se presenta como caótica, colapsada y de interinos. Se desliza la pregunta, interesada, si la solución es privatizar un bien común que se torpedea desde sus entrañas. Los buenos entendedores saben a qué nos referimos.
En segundo plano, los procesos que comentamos muestran una cara de la salud huérfana de la ternura y cercanía que nos inspira el gremio de enfermería. Aunque no debe olvidarse que tienen quien les escriba. Este plano sufrido cambiará en el presente siglo XXI al usuario de la sanidad pública en España. Ya hizo méritos durante décadas previas.
Pequeña historia
La corta, aunque fecunda, historia institucional de estos profesionales arranca en 1857 mediante la conocida Ley Moyano. Por entonces se crea la carrera de Practicante. Se instituye bajo enseñanza libre. Se conciben tres ramas con funciones distintas: dentista, callista y asistencia a partos.
Años después, los dentistas siguieron un camino normativo y formativo propio. La inolvidable Concepción Arenal, afanada por la emancipación de la mujer, marca pautas para el incipiente oficio que no siempre tuvo mayoría femenina entre sus miembros, como ya veremos.
La figura de la visitadora y puericultora se mezclan en la enfermería. Matrona es palabra que define enfermería uniendo puericultura y asistencia a partos. La irrupción de la Cruz Roja en España y la creación del Instituto Nacional de Previsión consolidan la enfermería durante la Belle Époque, felices años veinte.
La historia española convivió con sanadores y brujos hasta que el esplendor de Al Ándalus hizo empíricas –científicas–, creencias, evidencias y costumbres ancestrales
La imagen servicial y próxima del dolor de la enfermería, unida a una aristocracia filantrópica presentan, a una sociedad pobre, nuevos iconos que proyectan luces al final del túnel. Menos era nada. Nieves González Barrio añade, en 1930, reglas normativas para organizar enfermeras y visitadoras.
La idea cuajó durante la Segunda República (1931-1939) que consolidó el renacimiento cultural, científico y profesional español durante el siglo XX. Durante su corta trayectoria gestaron —los políticos republicanos— una Escuela Nacional de Sanidad, el Cuerpo de Enfermeras y de Visitadoras Sanitarias. Se plasmó la idea de atención a la ciudadanía sin mirar apellidos, sexo, cargos, cartera o ideas.
Posguerra
Durante la dictadura del general Franco lo avanzado se paralizó. La enfermería se politizó vía Falange y se institucionalizó vía colegios profesionales, que metabolizan ya en el siglo XXI la Ley Ómnibus de ámbito paneuropeo.
En tales entidades se acomodó a una ‘nueva’ mujer subordinada al patriarcado que impulsaron militares africanistas, los que ganaron la denominada ‘Guerra Civil’ en realidad fratricida. Durante los cuarenta, algunos enfermeros recomendaban a sus colegas con faldas “criar hijos” o “freír huevos”. Qué país. A las profesionales que soportaron aquellos improperios bajunos les cuesta hacer creer ahora tan dura realidad a las enfermas que ejercen hoy en día.
Las prisas reorganizativas de la posguerra concibieron la carrera de los enfermeros en hospitales con residencia y prácticas in situ. Posteriormente, se creó el título de Ayudante Técnico Sanitario dotándolo de programas académicos similares a la diplomatura universitaria. Las enseñanzas se impartieron en hospitales, facultades y entidades sanitarias privadas (Cruz Roja Española o de órdenes religiosas..)
Más adelante, el título se convirtió en Diplomado Universitario en Enfermería. En paralelo a lo dicho, el alto nivel de la enfermería española traspasa fronteras. Miles de profesionales son contratados en países del entorno europeo por su alta cualificación desde hace décadas.
La crisis global generó un nuevo éxodo de talentos, también serviciales profesionales. La actual emigración se debe, sin embargo, a carencias contractuales y presupuestarias de la sanidad pública en distintas autonomías. Paradójicamente remuneran con distintos sueldos y extras a los profesionales sanitarios. Inclusive, tienen distintas temporalidades
No hay plazas, ni contratos, para tantos y tan buenos profesionales. Pero se precisan 6.000 especialistas en 2026 y urge contratar a 4.500 médicos de familia según colectivos profesionales, aunque la OMC lo niega. Más relevante para la sanidad española es que precisa de la enfermería unos 100.000 profesionales para alcanzar la media europea (8,5 por 1.000 habitantes).
La lógica e imparable ascensión de la enfermería española por su legítimo estatus alcanzó el consenso del arco parlamentario, Ministerio de Sanidad y distintas consejerías autonómicas. Paulatinamente, se acordó que -la enfermería- adopte más decisiones clínicas en su ámbito de competencia.
Estas van más allá de los cuidados al enfermo que, con exquisito oficio, dispensan a usuarios y pacientes de la sanidad pública. La enfermería de enlace, localizada en centros de atención primaria, multiplica las funciones de las antaño visitadoras. Son las que supervisan más cerca a los enfermos crónicos, ancianos…
Les aportan cariño y dedicación impagables. De otro lado, la carrera de enfermería ha pasado a ser una titulación universitaria de grado con idéntica duración a las clásicas de otras especialidades académicas.
Además, para enfermería se contemplan siete especialidades vía MIR. Es una realidad que la enfermería, en algunas comunidades, puedan prescribir fármacos (Real Decreto 954/2015, modificado en 2018), con recetas propias o bien supervisadas por personal inspector o médico.
Debemos señalar que, durante 2025, se aprobó anteproyecto que modifica Ley de Garantías y Uso Racional de los Medicamentos. Las recetan habilitadas para la enfermería son para la diabetes, hipertensión, quemaduras, ostomías y sedación paliativa. También, solicitan ya algunas pruebas diagnósticas y gestionan integralmente patologías complejas o palitativas.
Más avances
Durante el pasado 2025, la Asamblea de Presidentes de la Organización Colegial aprobó un nuevo Código Ético y Deontológico y se actualizaron los Estatutos de tales entes de Derecho Público que regulan tal oficio. Se diseñó el Código para adaptar la enfermería del siglo XXI. Se lograron actualizar principios éticos, competencias digitales, inteligencia artificial, seguridad del paciente, reproducción asistida, cuidados terminales, consentimiento informado y nuevos ámbitos de actuación profesional.
De igual modo, la enfermería logró Estatuto Marco y Reclasificación Profesional (Grupo A) que la reclasifica al grupo A1. Así se elimina la división A/B y se reconoce el nivel formativo de Grado. También, se añaden especialidades: Enfermero Interno y Residente (EIR) y de Práctica Avanzada (EPA). Así España se alinea con recomendaciones de la OMS.
Se están negociando modificaciones en el Estatuto Marco de los servicios de salud para la reclasificación de las enfermeras al grupo A1, eliminando la división A/B y reconociendo el nivel formativo de Grado.
Esta medida busca reflejar el nivel competencial y académico actual de la profesión, al efecto de equiparar a la enfermería con otras licenciaturas/grados universitarios superiores de carácter sanitario
Nuevas normas ampliarán sus competencias al territorio estatal en paralelo a normas en el viejo continente y directivas comunitarias. Ese inminente cambio de papeles ya no tiene vuelta atrás, le pese a quien le pese. En la ‘hoja de ruta’ que comentamos no hay azares ni casualidades. Hay lucha y reivindicaciones que canalizaron colegios oficiales, plataformas y colectivos profesionales
El alto grado de especialización, práctica orfandad de negligencias y excelente imagen pública que tienen los enfermeros proyecta la valía femenina. Ese dato objetivo entraña un valor añadido que -a veces- quiere ocultarse. Ahora sí puede decirse, alto y claro, que protagonizan una profesión donde son mayoría (nada menos que un 84%) las mujeres por derecho propio.
No es casual que en diferentes estudios a la enfermería se retrate como una actividad que exige alta dosis de vocación, espíritu de servicio y superación más trabajo en equipo. Lo demás lo vemos en pasillos, consultas y habitaciones de centros de salud y hospitales. Casi 300.000 profesionales españoles de la enfermería sustentan esos activos.
La omnipresente enfermería está cerca del problema, de la solución y no reclama jamás terrenos ajenos. Si los médicos son claves para la salud, la enfermería es imprescindible. Ya era hora, y de Justicia social, que se reconociera oficialmente una realidad incontestable. El futuro, señoras y señores, se hizo presente.