Vox depura a uno de los suyos: Ortega Smith, del banquillo a la puerta de salida

El partido ultra suspende cautelarmente de militancia a su fundador tras negarse a acatar su cese como portavoz en el Ayuntamiento de Madrid. La disciplina interna vuelve a imponerse al liderazgo carismático

19 de Febrero de 2026
Actualizado a las 12:47h
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Vox depura a uno de los suyos: Ortega Smith, del banquillo a la puerta de salida

Javier Ortega Smith, cofundador de Vox y durante años su número dos, ha sido suspendido cautelarmente de militancia por “desacatar” la orden de dejar la Portavocía en el Ayuntamiento de Madrid. El Comité Ejecutivo Nacional acordó su relevo el 12 de febrero y designó a Arantxa Cabello como nueva portavoz. Ortega Smith decidió ignorar la instrucción. La dirección ha activado el procedimiento disciplinario por falta “muy grave”. En Vox, la obediencia no es una virtud opcional.

Del núcleo duro al expediente disciplinario

La escena tiene algo de ajuste interno clásico: un dirigente histórico que cuestiona una decisión de la cúpula y una organización que responde con estatutos en la mano. Pero en Vox el matiz importa. El partido ha construido su identidad pública sobre la idea de firmeza y jerarquía. La discrepancia interna, cuando se hace visible, se interpreta como deslealtad.

Ortega Smith no era un cargo menor. Fue secretario general, vicepresidente y portavoz adjunto en el Congreso. Ha sido uno de los rostros más reconocibles del partido desde su fundación. Su progresiva degradación —de secretario general a vocal, luego fuera de la dirección, después relegado en el Congreso— anticipaba el desenlace. La Portavocía municipal era su último espacio de relevancia orgánica.

La decisión del CEN fue unánime. La reacción, también. La suspensión cautelar es el preludio de una posible expulsión definitiva si así lo determina el Tribunal de Garantías.

El gran banquillo

En noviembre, tras perder responsabilidades en el Congreso, Ortega Smith se mostró “sorprendido” y calificó la decisión de “injusta”. Santiago Abascal respondió con una metáfora futbolística: en el equipo hay que “aprender a ceder paso” porque existe “un gran banquillo”. El exsecretario general se definió entonces como un delantero experimentado que sabe “meter goles”. El partido ha decidido que no necesita ese delantero.

Un patrón de centralización

El episodio confirma una tendencia: Vox ha evolucionado desde un partido de liderazgos compartidos a una estructura cada vez más concentrada en torno a Abascal y su círculo inmediato. Las salidas de Iván Espinosa de los Monteros y otros dirigentes que en su día encarnaron perfiles distintos marcaron un punto de inflexión.

Ortega Smith alimentó esa incomodidad con gestos que la dirección interpretó como desafíos: su presencia en la presentación del think tank de Espinosa de los Monteros o su asistencia al desfile del 12 de octubre, al que Abascal decidió no acudir, fueron leídos como señales de autonomía. En Vox, la autonomía se confunde fácilmente con disidencia.

La paradoja es que un partido que denuncia la “partitocracia” y la falta de debate interno aplica un modelo orgánico de disciplina férrea. El desacato no se tramita como discrepancia política, sino como infracción estatutaria.

La política municipal como escenario

El Ayuntamiento de Madrid no es un cargo menor. Es uno de los principales escaparates institucionales del partido. Sustituir a Ortega Smith por Arantxa Cabello no es solo un relevo personal; es un mensaje sobre el tipo de liderazgo que Vox quiere proyectar en la capital.

La suspensión cautelar cierra una etapa y abre otra menos visible. El fundador que ayudó a levantar el partido queda ahora a la espera de una resolución interna que puede dejarle fuera definitivamente. En Vox, la épica de los orígenes no concede inmunidad. La disciplina, sí.

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