Los vaivenes políticos del presidente de Ceuta en las sucesivas crisis migratorias

La última entrada masiva de migrantes de julio vuelve a colocar el retorno y el control fronterizo en el centro de la polémica, y pone ante el espejo al propio Vivas, que rompe con las fórmulas de acogida que él mismo aceptó en 2021

01 de Septiembre de 2026
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Los vaivenes políticos del presidente de Ceuta en las sucesivas crisis migratorias
Pedro Sánchez y el presidente de Ceuta, en la ciudad autónoma en noviembre de 2024 durante la visita del presidente del Gobierno.

Animal político como pocos en la historia reciente de este país, superviviente de mil y un avatares relacionados con el siempre perenne problema migratorio en su ciudad, ducho en el arte del acuerdo y la concordia entre comunidades sociales, étnicas y religiosas, Juan Jesús Vivas, de 76 años y presidente de la Asamblea de Ceuta desde hace un cuarto de siglo, es también el vivo ejemplo del veletismo, un ser tornadizo donde los haya, maleable según reciba las directrices partidistas para el bien mayor de los suyos en exclusiva y en detrimento, por tanto, del común. La crisis migratoria de este verano ha marcado un punto y aparte en las vividas en distintos puntos calientes del territorio español en los últimos años. La llegada masiva de hasta 70.000 personas procedentes de Marruecos a la ciudad autónoma a finales del pasado julio ha supuesto una crisis humanitaria y social sin precedentes. Y el principal partido de la oposición, el Partido Popular, no ha dejado pasar la oportunidad que se le brindaba. Sus socios de la ultraderecha, por su parte, siempre han sido previsibles en estas cuestiones y han tirado por el camino del tremendismo y los bulos, donde navegan a placer.

En todo este tiempo transcurrido, el presidente ceutí ha pasado de instar a la concordia y la cooperación a cargar todos los males sobre la gestión del Gobierno español y cerrando puertas a la colaboración entre instituciones para superar la crisis. Todo por contentar a Génova y a Alberto Núñez Feijóo, que indiscutiblemente le ha cambiado el paso conforme la crisis tomaba un cuerpo desproporcionado que ni el ejecutivo de Pedro Sánchez vio venir.

Hace solo cinco años, en 2021, Vivas ya defendía el retorno a Marruecos de los migrantes llegados a la ciudad autónoma, pero siempre enmarcado en un plano de cooperación institucional y con un discurso muy explícito de consenso. Años después, entre 2024 y 2025, el presidente ceutí se convirtió en uno de los principales defensores del reparto de menores entre comunidades autónomas, algo a lo que el PP se han cerrado por completo en las comunidades donde Vox, con quien gobierna en coalición, tiene asumidas las competencias de infancia.

En el verano de 2024, Vivas se enfrentó directamente a su propio partido por este motivo ya que Ceuta volvió a sufrir una llegada importante de menores

Esta última entrada masiva de julio de 2026 vuelve a colocar el retorno y el control fronterizo en el centro de la polémica, y pone ante el espejo al propio Vivas, que rompe sin más con algunas fórmulas de acogida que él mismo había aceptado hace solo cinco años, en 2021.

La crisis moratoria de mayo de 2021 sirve aquí de punto de referencia. Unos 8.000 migrantes entraron en Ceuta en apenas dos días, en un contexto de enorme tensión con Marruecos. Vivas reclamó también entonces auxilio al Gobierno central y calificó la situación de “absolutamente insostenible”. Se impuso como prioridad absoluta sacar de Ceuta a quienes habían entrado y, especialmente, resolver la situación de cerca de un millar de menores.

Entonces, Vivas, aceptó la ayuda y colaboración del Estado español y marcó diferencias con la estrategia del PP nacional. En agosto de 2021 lo explicó de forma muy elocuente en una entrevista en El País: pese a definirse “muy del PP”, Vivas dijo representar a todos los ceutíes y por ello no podía responsabilizar al ministro del Interior porque el propio Gobierno de Ceuta le había pedido que activase el retorno asistido. 

Además, defendía que el problema migratorio de Ceuta requería una respuesta estructural y que el traslado de menores a la Península no podía ser la solución permanente. Su alternativa preferida era la reunificación familiar en Marruecos mediante retornos individualizados. Hace apenas un lustro, Vivas apostaba por dejar fuera de la confrontación partidista algunos aspectos críticos en este asunto y también criticaba duramente a Vox por intentar dividir a los ceutíes por razones religiosas o culturales. 

Después de 2021, la cuestión migratoria deja de estar dominada por una única entrada masiva y pasa a convertirse en un problema estructural que se repite periódicamente con mayor o menor flujo migratorio: menores que llegan regularmente a Ceuta y una capacidad de acogida muy limitada.

A partir de entonces, el argumento de Vivas empieza a virar progresivamente. Ya no le basta con pedir retornos; se hace imprescindible conseguir que el resto de España comparta la carga que soporta en primera instancia la pequeña ciudad norteafricana.

Mientras tanto, el trasfondo político también cambia ya que la relación entre PP y Vox se vuelve determinante en la política autonómica española y, especialmente, en la cuestión de los menores no acompañados. Ese cambio será crucial en el año 2024.

En el verano de 2024, Vivas se enfrentó directamente a su propio partido por este motivo ya que Ceuta volvió a sufrir una llegada importante de menores. En agosto de ese año había unos 416 menores acogidos frente a una capacidad ordinaria de 130, lo que llevó al Gobierno ceutí a habilitar recursos extraordinarios. 

Solidaridad entre autonomías

La respuesta de Vivas fue muy distinta de la que posteriormente ha adoptado con esta última llegada masiva de 2026. Entonces reclamó ayuda al Gobierno central, solidaridad de las comunidades autónomas, traslado de menores a la Península y una solución estructural. Lo resumió con una sola frase: No podemos solos.

Incluso llegó a presionar públicamente al líder de su partido, Alberto Núñez Feijóo, para que el PP apoyara la reforma de la Ley de Extranjería que pretendía establecer un mecanismo de reparto de menores. En julio de 2024 reclamó a su propio partido “sentido de Estado” y “solidaridad” y dijo que el PP “debería apoyar” la reforma. 

La posición de Vivas hace solo dos años no admite dudas: Ceuta no quiere quedarse con todos los menores y necesita que España comparta la responsabilidad. Ahora, tras la crisis que vive desde julio la ciudad autónoma, Vivas sigue reclamando traslados de menores, pero simultáneamente adopta una posición mucho más restrictiva respecto a la acogida de los adultos y respecto a los espacios físicos donde alojarlos.

Durante el pasado 2025, Vivas respaldó plenamente el discurso de apoyo al reparto de migrantes menores e incluso en febrero de 2025 agradece al Gobierno central y a Canarias que Ceuta sea incluida en el acuerdo extraordinario para trasladar 4.000 menores a la Península, aunque inmediatamente matiza que la incorporación de Ceuta no es una concesión sino algo plenamente justificado por sus cifras. 

En septiembre defiende expresamente el decreto-ley que establece el reparto, aunque dice comprender las reticencias de algunas comunidades autónomas. 

Y en diciembre pasado hace balance positivo: según el Gobierno ceutí, el nuevo mecanismo había permitido trasladar 184 menores durante 2025 y Vivas destacaba que no se había producido “efecto llamada”. 

El 30 de julio de 2025 Ceuta acogía 528 menores cuando su capacidad ordinaria era de solo 27. El Gobierno local resumía la situación con una frase muy significativa: “La ciudad sola no puede”. Pese a ello, Vivas mantiene firme su apoyo al principio del reparto porque la presión migratoria refuerza su argumento de que Ceuta necesita una solución estructural.

Durante el Día de Ceuta del pasado 2025, el 2 de septiembre, Vivas aseguraba que las capacidades ordinarias estaban excedidas en un 500%, que la ciudad multiplicaba por 25 la ratio nacional y que el 80% de los menores se encontraban en recursos provisionales o de emergencia.

Y es aquí donde se produce la principal contradicción, porque cuál sería la solución si Ceuta no puede impedir las entradas, los retornos son prácticamente imposibles y los traslados no se producen con suficiente rapidez.

En esta crisis de 2026, inédita en la historia, Vivas se apresura a reclamar la emergencia nacional, un mando único, el refuerzo de las fuerzas de seguridad, la intervención del Estado y otras medidas extraordinarias. El Gobierno rechaza inicialmente la fórmula de emergencia nacional por razones legales. 

Pese a todo, hasta aquí todavía existe continuidad con el Vivas anterior, apostando por el mensaje ‘Ceuta está desbordada y necesita al Estado’.

Nada más lejos de la realidad, ya que poco después de sus iniciales palabras de concordia endurece llamativamente su discurso y ya deja de hablar exclusivamente de una crisis de acogida de menores. Presenta la situación como una amenaza para la seguridad, los servicios públicos, la economía, la convivencia, la frontera y la propia capacidad de Ceuta para funcionar.

Al mismo tiempo, sigue reclamando el traslado de menores a la Península. El 5 de agosto Ceuta pedía “socorro” al resto de España y denunciaba que los centros estaban completamente desbordados. 

Por tanto, conviven en Vivas y en parte del PP dos discursos que chirrían entre ellos. Si para los menores, considera que España tiene que repartir la responsabilidad de acogida, para los adultos se instala pronto el mensaje de devolución inmediata a Marruecos. Vivas pasa a reclamar públicamente “ninguna regularización, ningún asilo y ningún traslado a la península” mientras exige el retorno inmediato a Marruecos de todos los migrantes que han entrado en la avalancha masiva del pasado julio. 

A finales de este mes de agosto, el presidente ceutí ha pasado el foco también a Marruecos, sin atender la crisis diplomática que se podría generar con ello. Pide que Marruecos asuma responsabilidad respecto a sus propios menores y cuestiona que Ceuta tenga que hacerse cargo de ellos indefinidamente. Aunque mantiene la idea de 2021 de que Marruecos no solo es un país de origen o tránsito, ahora en 2026 endurece su postura al exigir a Marruecos que impida las salidas y facilite el retorno.

Pero el gran giro llega con el tema de los polideportivos como centros temporales de acogida. En 2021, durante la crisis anterior, la ciudad utilizó instalaciones deportivas para afrontar la emergencia. Vivas colaboró con el Gobierno central.

En 2026, cuando el Gobierno plantea utilizar instalaciones similares para alojar temporalmente a los migrantes, Vivas se opone frontalmente y amenaza con utilizar todos los medios a su alcance para impedirlo. Finalmente, el Gobierno y Vivas han acordado excluir los polideportivos y buscar otros espacios. 

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