Los sondeos dan la victoria del Partido Popular, retroceso del PSOE y ascenso de Vox

El PP mantendría su suelo electoral, Vox podría superar el 21% de votos y el PSOE vuelve a salir derrotado, según el sondeo de Sigma2 para El Mundo

15 de Marzo de 2026
Actualizado el 16 de marzo
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Los candidatos de Vox, PP y PSOE durante el debate electoral en RTVE

El mapa político autonómico español parece reproducirse como un eco electoral. Tres elecciones en apenas tres meses han dibujado un patrón casi idéntico: victoria del Partido Popular, retroceso del PSOE y ascenso de Vox, que termina convertido en árbitro de la gobernabilidad. El sondeo de Sigma2 para el diario El Mundo sitúa esta dinámica nuevamente en el centro del debate político tras los comicios en Castilla y León, donde el presidente autonómico, Alfonso Fernández Mañueco, habría revalidado la victoria electoral, aunque sin alcanzar la mayoría absoluta.

La fotografía que deja el sondeo es clara. El Partido Popular obtendría el 33,7% de los votos, lo que se traduciría en entre 30 y 32 escaños, cifras muy similares a los 31 representantes que ya posee en la actual cámara autonómica. El triunfo consolida el liderazgo territorial de la formación que dirige a nivel nacional Alberto Núñez Feijóo, pero no resuelve el dilema central de esta nueva etapa política: la gobernabilidad depende, una vez más, de la decisión de Vox.

Mientras tanto, el PSOE afronta un resultado que bordea su peor registro histórico en la comunidad. La candidatura encabezada por Carlos Martínez Mínguez caería del 30% obtenido en 2022 al 29,8%, perdiendo parte de su representación parlamentaria y quedando en una horquilla de entre 25 y 27 escaños. La cifra mínima de ese rango marcaría el peor resultado socialista en Castilla y León, un escenario que el partido ha logrado evitar por un margen estrecho.

En contraste, Vox aparece como el actor que capitaliza la recomposición del electorado de centroderecha. La formación liderada por Santiago Abascal superaría el 21% de los votos y pasaría de 13 escaños a entre 17 y 19, consolidando un crecimiento sostenido que le otorga la llave para formar gobierno. El patrón se repite con precisión en las tres últimas citas autonómicas: victoria popular, debilitamiento socialista y crecimiento de la derecha radical.

Esta secuencia electoral comenzó con las elecciones autonómicas de Extremadura en diciembre y continuó en Aragón en febrero. En ambos territorios el PP se impuso con claridad, pero sin lograr una mayoría absoluta suficiente para gobernar en solitario. En consecuencia, el poder autonómico quedó condicionado por el posicionamiento de Vox, que en las tres comunidades ha acumulado fuerza parlamentaria suficiente para inclinar la balanza.

En el trasfondo de esta dinámica se encuentra la estrategia política diseñada desde la sede nacional del PP en la madrileña calle Génova. El objetivo consiste en trasladar al ámbito territorial el desgaste del Gobierno central encabezado por Pedro Sánchez, con la expectativa de que una sucesión de derrotas autonómicas debilite progresivamente al Ejecutivo de la Moncloa. Para los populares, las urnas regionales se han convertido en un termómetro del clima político nacional.

El desgaste socialista, sin embargo, no se explica únicamente por la competencia electoral. La campaña ha estado marcada por el impacto de distintos escándalos y causas judiciales que rodean al entorno del Gobierno. Entre ellas destaca la investigación sobre la llamada trama Koldo, un caso que ha salpicado al exministro de Transportes José Luis Ábalos y que se perfila como uno de los procesos judiciales con mayor carga política de los próximos meses.

A pesar de esta presión, desde la dirección socialista se intenta construir un relato distinto. La narrativa oficial subraya que el PP continúa dependiendo de Vox para gobernar en los territorios donde gana las elecciones. Según esta interpretación, el crecimiento del partido de Abascal limitaría la capacidad de los populares para presentarse como una alternativa autónoma y moderada frente al Gobierno.

La campaña electoral en Castilla y León también ha puesto de manifiesto las dificultades del bloque progresista para movilizar a su electorado. El intento del PSOE de activar un discurso de tono internacional —con consignas como “No a la guerra” o críticas a la política exterior estadounidense— no ha conseguido generar un impulso significativo en las urnas. Incluso la participación activa del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en los actos de campaña apenas ha alterado la tendencia general.

El espacio situado a la izquierda del PSOE tampoco ha logrado modificar el equilibrio político. La fragmentación entre Izquierda Unida, Sumar y Podemos ha vuelto a traducirse en resultados discretos. Según las estimaciones, IU podría obtener entre cero y un escaño, mientras que Podemos desaparecería de la cámara autonómica. El debilitamiento de este sector consolida la posición dominante del PSOE dentro del bloque progresista, pero también reduce su capacidad de sumar aliados parlamentarios.

En paralelo, los partidos regionalistas continúan desempeñando un papel relevante en determinadas circunscripciones. Formaciones como Unión del Pueblo Leonés, Soria Ya o Por Ávila mantienen su influencia territorial y podrían convertirse en interlocutores imprescindibles en la negociación de políticas regionales. Especialmente significativa sería la subida de los leonesistas, que podrían alcanzar cuatro escaños y reforzar su capacidad de presión en la política autonómica.

El resultado global dibuja un escenario político que oscila entre continuidad y bloqueo. El PP gana, pero no gobierna solo; Vox crece, pero debe decidir si asume responsabilidades; el PSOE resiste, pero no logra recuperar terreno. Este equilibrio inestable se repite elección tras elección, configurando un paisaje político en el que las mayorías absolutas parecen cada vez más lejanas.

La mirada de los partidos nacionales ya se dirige hacia el próximo gran test electoral: las elecciones autonómicas en Andalucía. En esa cita, la candidata socialista será la vicepresidenta del Gobierno, María Jesús Montero, una figura estrechamente vinculada al núcleo de poder de Pedro Sánchez. El resultado andaluz podría confirmar si la tendencia observada en Extremadura, Aragón y Castilla y León representa un ciclo político consolidado o simplemente una serie de coincidencias electorales.

Hasta entonces, el panorama que deja Castilla y León se asemeja a un déjà vu político: victoria del PP, avance de Vox y resistencia precaria del PSOE. Un equilibrio que no solo define la política autonómica, sino que también anticipa el tono de la confrontación nacional en los meses que vienen.

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