Sánchez recorta distancias, Feijóo se desinfla

La convocatoria de elecciones anticipadas reactiva a las bases progresistas, aprieta la brecha entre los dos grandes partidos y convierte el crecimiento de la extrema derecha en la única garantía de mayoría absoluta para el bloque de las derechas

26 de Octubre de 2026
Actualizado a las 10:13h
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Sánchez Remonta
Pedro Sánchez, en un acto de precampaña | Foto: PSOE/Eugenia Morago

La decisión de Pedro Sánchez de pulsar el botón del adelanto electoral ha comenzado a agitar la masa de electores indecisos, alterar los trasvases de votantes y reconfigurar la arquitectura del mapa político en cuestión de días. Aunque el bloque (PP-Vox) mantiene una ventaja cómoda para alcanzar la gobernabilidad del país, la distancia que separa al Partido Popular de la victoria holgada se está reduciendo de forma paulatina.

El último sondeo realizado por Sigma 2 y publicado por El Mundo dibuja un escenario dinámico. En él, Alberto Núñez Feijóo registra sus cifras de intención de voto más ajustadas de toda la legislatura, situándose en un 30,6% de los apoyos. La cifra supone una caída de casi un punto en apenas siete días y sitúa al líder conservador a dos puntos y medio de su registro en las urnas en julio de 2023.

En el extremo opuesto, la estrategia de Ferraz comienza a dar síntomas de reactivación. Con un 26,1% de las papeletas, Pedro Sánchez recupera ocho décimas en una sola semana. A pesar de que el PSOE permanece todavía lejos de la marca con la que amortiguó el empuje conservador hace tres años, ha logrado recortar la brecha que le separaba de la cabeza de la carrera electoral. Ha estrechado la distancia de más de seis puntos a un margen de 4,5 puntos.

Llave de la mayoría absoluta

Ante el desgaste del partido de Feijóo, la posibilidad de que el bloque PP-Vox alcance la investidura descansa hoy casi en exclusiva en la solidez que demuestra Santiago Abascal. La formación de extrema derecha continúa una escalada imparable hasta alcanzar el 19,9% de los votos, situándose a 7,5 puntos de su registro de 2023. Su ritmo de crecimiento permite que la suma ideológica de las derechas se mantenga por encima del umbral del 50% de los sufragios emitidos.

Sin embargo, este empuje resulta insuficiente a esta hora para certificar la cota simbólica de los 200 diputados que las encuestas daban por amortizada durante los últimos meses. La proyección más factible para la suma del PP y la derecha radical sitúa la alianza en una horquilla de entre 191 y 200 escaños, con una estimación central de 196 asientos en la Cámara Baja. De esa cifra, el grupo de Feijóo, en alianza con UPN, obtendría 128 representantes, diez menos que en la presente legislatura. Mientras, la extrema derecha se dispararía hasta los 68 escaños, sumando 35 actas más que en 2023.

La razón que explica por qué la fuerza de Abascal se ha convertido en el principal motor de reordenación del Congreso radica en la fidelidad de sus apoyos. La fidelidad de voto de la ultraderecha se eleva al 80,5%, superando con holgura la capacidad de retención del PP, que se queda en un 70,3%, y del PSOE, que apenas conserva al 62,7% de quienes depositaron su confianza en sus siglas en 2023. A ello se suma una capacidad de pesca transversal que araña 1,36 millones de apoyos directamente a los populares, capta más de 300.000 papeletas socialistas y atrae a casi un 17% de los ciudadanos que optaron por la abstención en la anterior cita con las urnas.

Semana negra de la derecha

Los últimos siete días han dejado un balance de pérdidas en el casillero de la sede de Génova, que cede ocho escaños en la proyección de resultados. El mapa provincial muestra un goteo de diputados que saltan hacia el grupo socialista en provincias como Lérida, Cantabria y Almería. Mientras, en Segovia, Zamora y La Rioja es la ultraderecha la que arrebata la representación al partido de Feijóo. Paralelamente, en la circunscripción de Girona la representación recae en ERC, mientras que en A Coruña la plaza se desplaza hacia la candidatura del Frente Amplio.

Por su parte, Sánchez parece estar rentabilizando el retorno del debate público hacia materias de fuerte contenido social, como el problema del acceso a la vivienda pública y la actualización de las pensiones. Los socialistas compensan la pérdida de dos escaños madrileños y canarios en favor del espacio situado a su izquierda ganando representación en Barcelona a costa del independentismo catalán. Y absorben los tres parlamentarios perdidos por el PP, cerrando el balance semanal con un saldo positivo de tres actas adicionales.

La fractura la izquierda

Al mismo tiempo, la reconstrucción del espacio a la izquierda del PSOE depara una paradoja matemática. La coalición estructurada alrededor del Frente Amplio, liderado en esta etapa por Ada Colau, suma junto a la marca autonómica de la Comunidad Valenciana y la candidatura de Podemos encabezada por Irene Montero un 11% de la intención de voto. Si bien el porcentaje roza el 12,3% logrado por las plataformas progresistas hace tres años, su traducción en la Cámara Baja se reduce prácticamente a la mitad. Se queda en apenas 16 diputados.

Esta penalización en el reparto de escaños no responde a un desplome drástico de votos sino al efecto desgarrador del sistema electoral provincial ante la división en dos listas diferenciadas. Salvo en la circunscripción de Madrid, donde la formación morada retendría su acta única dentro de los seis diputados globales del espacio, y en plazas concretas como A Coruña o Zaragoza, la candidatura progresista ha dejado de disputar la tercera plaza a la ultraderecha. La fuerza de Abascal tiñe de verde circunscripciones medianas al arrebatar hasta catorce actas que en 2023 correspondieron al bloque de investidura de Sánchez.

A falta de cuatro semanas para que los ciudadanos acudan a los colegios electorales, el mapa político permanece lejos de quedar cristalizado. Cerca de un 10% de los antiguos votantes del bloque progresista se declara aún indeciso sobre el sentido final de su voto. Es una bolsa de electorado suficiente para inclinar la balanza en una docena de provincias clave. La prueba de que la contienda entra en una fase de incertidumbre se refleja en la percepción de los propios ciudadanos. Si al anunciarse el adelanto casi el 60% daba por segura la llegada de Feijóo a la Moncloa, ese porcentaje ha descendido hasta el 54,8%. El desenlace de la batalla por la gobernabilidad del país sigue abierto.

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