Sánchez a Feijóo: "Ustedes se financiaron en B y quieren trabajadores en B"

Sánchez lleva al campo ideológico y macroeconómico las acusaciones de despilfarro, corrupción y deuda realizadas por Feijóo

22 de Abril de 2026
Actualizado a las 10:15h
Guardar
Sánchez Feijóo
Momento de réplica de Sánchez a Feijóo

La sesión de control en el Congreso de los Diputados ha vuelto a escenificar la profunda fractura política que divide a España, transformando el hemiciclo en un tablero donde se confrontan dos realidades paralelas. Mientras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se apoya en los indicadores de las instituciones financieras internacionales para blindar su gestión, el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, denuncia un deterioro sistemático de los servicios públicos, señalando especialmente la crisis ferroviaria y la gestión de la red de infraestructuras como el principal síntoma de la "incompetencia" gubernamental.

El debate comenzó con una ofensiva directa del Partido Popular sobre la gestión de la deuda pública y la falta de inversión productiva. Feijóo cuestionó el destino de los recursos estatales, afeando al Ejecutivo que España se sitúe a la cola de la Unión Europea en inversión en infraestructuras respecto al PIB. El líder popular lanzó una pregunta incisiva que marcó el tono de su intervención: “¿Dónde están los 500.000 millones de euros que ha incrementado la deuda pública si las infraestructuras, autovías y AVE no funcionan?”. Esta estrategia busca conectar el gasto macroeconómico con la experiencia diaria del ciudadano, intentando erosionar la narrativa de éxito económico del gabinete socialista.

Por su parte, Pedro Sánchez optó por una defensa basada en el reconocimiento exterior y el cumplimiento de hitos laborales. El presidente recurrió a organismos como el Fondo Monetario Internacional y cabeceras como el Financial Times para validar su hoja de ruta. En un ejercicio de contraataque político, Sánchez utilizó las propias promesas electorales de su rival para subrayar su éxito en el mercado de trabajo: “Tenemos 22 millones de afiliados y afiliadas a la Seguridad Social. Por tanto, señor Feijóo, con este Gobierno España funciona”. Con esta afirmación, el jefe del Ejecutivo intentó desarmar la crítica de la oposición, tachándola de estar desconectada de los datos oficiales y de "confundir sus deseos con la realidad".

Sin embargo, el análisis político de la jornada revela que el desgaste en los servicios de transporte se ha convertido en el flanco más vulnerable del Gobierno. Feijóo elevó la presión al mencionar las incidencias en Cercanías y la situación de los pasajeros del AVE, acusando al Ejecutivo de haber "dilapidado" el prestigio de la marca España. En uno de los momentos más tensos, el líder del PP vinculó la gestión técnica con los escándalos políticos, cuestionando si los españoles merecen que su dinero se destine a pagar a “las amigas del anterior ministro de Transportes” o el salario del actual titular de la cartera, a quien acusó de dedicarse a proferir insultos en las redes sociales por indicación directa del presidente.

La respuesta de Sánchez evitó entrar en el cuerpo a cuerpo sobre el estado de los trenes, desplazando el foco hacia los pactos del PP con la ultraderecha y la política energética. El presidente acusó a la oposición de promover la "desindustrialización" al cuestionar las energías renovables y de violar principios constitucionales de igualdad en las comunidades donde gobiernan de forma conjunta. Al señalar que el Partido Popular busca el "desmantelamiento de lo público", Sánchez intentó devolver el debate al marco ideológico, sugiriendo que la derecha pretende un modelo laboral precario: “Ustedes se financiaron en B y quieren trabajadores en B”.

Este enfrentamiento dialéctico deja clara la hoja de ruta de ambos bloques para los próximos meses. El Gobierno confía en que la resiliencia de la economía española frente a los choques internacionales sea suficiente para mantener su base electoral. Por el contrario, el Partido Popular parece decidido a capitalizar el malestar social derivado de la gestión de los servicios básicos y la sombra de la corrupción, argumentando que existe una desconexión total entre los despachos de la Moncloa y la realidad de los ciudadanos en lugares como Adamuz o Paiporta. La política española se encamina así a un escenario de polarización donde los datos macroeconómicos y las vivencias cotidianas libran una batalla por el relato de la estabilidad del país.

Lo + leído