Robles reivindica en la ONU el papel de las mujeres en la paz y denuncia el abandono de las afganas

Robles reivindica en la ONU el papel de las mujeres en la paz y denuncia el abandono de las afganas

27 de Octubre de 2026
Actualizado a las 10:38h
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Robles reivindica en la ONU el papel de las mujeres en la paz y denuncia el abandono de las afganas

Las mujeres sufren las guerras, sostienen a sus familias cuando todo se derrumba y participan en la reconstrucción de sociedades devastadas. Sin embargo, continúan siendo las grandes ausentes de muchas de las mesas donde se negocia la paz. Margarita Robles ha llevado esta contradicción a Naciones Unidas para reclamar que las mujeres dejen de ocupar un papel secundario en las decisiones que determinan el futuro de sus países.

La ministra de Defensa ha intervenido en Nueva York en el encuentro de alto nivel sobre Mujeres, Paz y Seguridad, celebrado con motivo del 26º aniversario de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad. Aquel acuerdo, aprobado en el año 2000, reconoció por primera vez de manera expresa la necesidad de incorporar a las mujeres a la prevención de conflictos, las negociaciones y los procesos de reconstrucción. Más de un cuarto de siglo después, los avances siguen siendo insuficientes. Robles ha advertido de que algunos de los compromisos internacionales se encuentran estancados y otros han experimentado retrocesos, precisamente en un momento en el que los conflictos armados vuelven a multiplicar el sufrimiento de la población civil.

La paz no puede construirse de espaldas a la mitad de la humanidad, ha defendido la ministra, que ha reclamado pasar de las declaraciones institucionales a compromisos concretos para aumentar la participación femenina en las Fuerzas Armadas y las misiones internacionales.

Su propuesta incluye establecer un mínimo del 5% de mujeres en los ejércitos de los países donde su presencia es todavía testimonial y superar el 15% en aquellos que ya cuentan con una incorporación significativa. En España, las mujeres representan actualmente el 13,4% del personal militar, una proporción que refleja los avances registrados desde su entrada en las Fuerzas Armadas, pero también la distancia que queda por recorrer.

Robles plantea igualmente elevar hasta una horquilla de entre el 13% y el 15% la presencia femenina en las operaciones militares de Naciones Unidas. En los contingentes españoles desplegados en el exterior, esa participación se sitúa en el 10,6%.

Afganistán, la herida que interpela a la comunidad internacional

La intervención de Robles ha tenido uno de sus momentos más significativos al abordar la situación de las mujeres y niñas afganas. Desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021, Afganistán se ha convertido en uno de los ejemplos más extremos de exclusión institucional de las mujeres, privadas de derechos fundamentales como la educación secundaria y universitaria, el acceso a numerosos empleos y buena parte de su participación en la vida pública. La ministra ha calificado su situación de insostenible y vergonzosa para la comunidad internacional y ha reclamado que Naciones Unidas mantenga una atención especial sobre ellas.

La denuncia llega en un contexto particularmente delicado. La Unión Europea mantiene contactos con las autoridades talibanes para facilitar las repatriaciones de ciudadanos afganos, pese a que no reconoce formalmente al régimen. Esa relación plantea una cuestión incómoda para las instituciones europeas, obligadas a gestionar los asuntos migratorios sin normalizar las restricciones de derechos impuestas por los talibanes. Las mujeres afganas llevan cinco años viendo cómo desaparecen libertades que habían conquistado con enormes dificultades. La prohibición de estudiar, las restricciones a su movilidad y las limitaciones para expresarse públicamente forman parte de un sistema que las aparta progresivamente de la vida social.

La comunidad internacional ha condenado reiteradamente esa discriminación, pero las declaraciones no han conseguido modificar las políticas del régimen talibán. La advertencia de Robles sitúa el problema en el terreno de la responsabilidad política y recuerda que la defensa de los derechos de las mujeres no puede depender de la atención que cada conflicto consiga despertar en las cancillerías occidentales.

De víctimas de la guerra a protagonistas de la reconstrucción

La ministra también ha recordado que las mujeres sufren de manera especialmente grave las consecuencias de los conflictos armados. La violencia sexual, los secuestros, la explotación y los matrimonios forzados continúan utilizándose en distintos escenarios de guerra, donde la desaparición de los mecanismos de protección agrava la vulnerabilidad de mujeres y niñas.

Robles ha mencionado las situaciones de Irán, Ucrania y el Sahel, pero ha querido desplazar el foco hacia una realidad que suele recibir menos atención. Las mujeres no son únicamente víctimas de las guerras, sino también protagonistas esenciales de la supervivencia cotidiana y de la reconstrucción posterior.

En comunidades destruidas por la violencia, son ellas quienes sostienen redes familiares, mantienen pequeñas economías, atienden a personas desplazadas y contribuyen a recuperar la convivencia. Su participación resulta igualmente importante en los procesos de reintegración de antiguos combatientes y en la recuperación de servicios básicos.

La ministra ha defendido que las negociaciones de paz necesitan incorporar esa experiencia. Una visión que no se limite a establecer quién ha ganado o perdido una guerra, sino que tenga en cuenta las condiciones necesarias para reconstruir la sociedad y evitar nuevos enfrentamientos.

La reflexión introduce una diferencia fundamental entre el final de las operaciones militares y la construcción de una paz duradera. Un alto el fuego puede detener las armas, pero no garantiza por sí solo la recuperación de los derechos, la seguridad ni la convivencia.

Robles ha insistido también en la función de las mujeres militares desplegadas en sociedades donde las desigualdades de género dificultan incluso el contacto entre las fuerzas internacionales y la población femenina. Su presencia permite establecer relaciones de confianza, facilitar la formación y ofrecer referentes profesionales a mujeres que hasta entonces han tenido vedado el acceso a determinados ámbitos de responsabilidad. España cuenta actualmente con doce mujeres oficiales generales. La ministra ha destacado asimismo la visibilidad que ha proporcionado la formación militar de la princesa Leonor, aunque ha reconocido que en numerosos países las mujeres siguen encontrando obstáculos para acceder a puestos de mando.

Entre las iniciativas anunciadas figura la propuesta de crear un representante especial de la Unión Europea para Mujeres, Paz y Seguridad, siguiendo el modelo que Naciones Unidas mantiene desde 2012. Robles pretende trasladar la iniciativa a la próxima reunión de ministros europeos de Defensa, prevista para el 17 de noviembre.

También ha defendido reforzar la formación en igualdad dentro de los ejércitos, proteger el acceso de las niñas a la educación en zonas de conflicto y reconocer el trabajo de las redes de mujeres que participan en procesos de mediación y reconciliación.

El planteamiento supone reconocer que la seguridad internacional no depende exclusivamente de la capacidad militar, sino también de la protección de los derechos y de la participación de quienes han quedado históricamente excluidas de las decisiones políticas. La resolución 1325 abrió hace 26 años una puerta que todavía no se ha terminado de atravesar. Las mujeres han ganado presencia en las instituciones y en las misiones internacionales, pero siguen lejos de ocupar el lugar que les corresponde en muchos procesos de negociación.

El mensaje de Robles ante Naciones Unidas recupera una cuestión que continúa pendiente. No basta con proteger a las mujeres de las consecuencias de las guerras. También es necesario reconocerles capacidad para decidir cómo se resuelven los conflictos y qué sociedades se construyen después.

Porque una paz negociada sin contar con las mujeres puede conseguir que callen las armas, pero difícilmente responderá a todas las necesidades de quienes tendrán que vivir con sus consecuencias.

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