Moreno Bonilla: elija su propia experiencia

Interminable cuestionario de interrogantes disyuntivos para perfilar el verdadero rostro del actual presidente andaluz, que aspira a un tercer mandato consecutivo después de dejar sin efecto una más de sus promesas: limitar a ocho años la Presidencia

24 de Marzo de 2026
Actualizado a las 16:34h
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Moreno Bonilla, el pasado noviembre en el Salón Sicab del caballo, en Sevilla.
Moreno Bonilla es muy dado a posar con animales (vacas, caballos…). Aquí con un magnífico ejemplar en el pasado Sicab de Sevilla, en noviembre de 2025.

¿El que obtuvo el peor resultado de un dirigente del PP andaluz en unas autonómicas y pese a todo logró la Presidencia de la Junta por primera vez en la historia? ¿El que se abrazó a la ultraderecha sin rubor a las primeras de cambio en 2019 cuando en el continente europeo se articulaba un cordón sanitario para evitar que tocara poder? ¿El que abrió en España las puertas a un partido de extrema derecha a la participación en la toma de decisiones en una administración pública por primera vez en democracia? ¿El que secunda minutos de silencio con cada feminicidio o el que mantiene iniciativas negacionistas de la violencia machista impulsadas por la ultraderecha? ¿El que clama por el apoyo sin desmayo a las mujeres víctimas de violencia de género o el que blanquea esta realidad con el teléfono de violencia intrafamiliar? ¿El que torpedea el derecho de las mujeres a la interrupción voluntaria del embarazo mientras promueve políticas de natalidad?

Las preguntas en torno al líder del PP andaluz se acumulan según la experiencia personal de cada andaluz con la Junta de Andalucía a todos los niveles: sanidad, educación, servicios sociales, justicia, turismo, industria, cultura… ¿Con qué Moreno Bonilla se quedan? ¿Con el que defiende a ultranza dotar a la sanidad pública con el mayor presupuesto de su historia o el que no tiene el más mínimo empacho en pactar conciertos millonarios con la sanidad privada? ¿El que acumula las mayores listas de espera diagnósticas y quirúrgicas de la historia de la sanidad pública de Andalucía o el que asegura que está dotando a los centros sanitarios públicos con las mejores instalaciones? ¿El que afirma que la atención primaria funciona o el que no sabe cómo evitar que un andaluz espere, en el mejor de los casos, al menos 15 días para que lo vea su médico de cabecera?

¿Qué Moreno Bonilla elige? ¿El que es investigado por la justicia por presuntas irregularidades en los contratos sanitarios durante la pandemia? ¿El que llora recordando a las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz? ¿El que olvida y ningunea a las miles de mujeres víctimas de los cribados fallidos del cáncer de mama? ¿El que carga sobre los propios profesionales toda la responsabilidad de estos cribados nunca informados a las pacientes? ¿el que provoca la dimisión de varios altos cargos de la Consejería de Sanidad como única solución a la peor crisis sanitaria de la historia reciente de Andalucía?

El presidente andaluz no pudo evitar las lágrimas cuando recordó el Día de Andalucía a las víctimas del accidente de Adamuz.
El presidente andaluz no pudo evitar las lágrimas cuando recordó el Día de Andalucía a las víctimas del accidente de Adamuz.

¿Qué Moreno Bonilla elige? ¿El que coloca como consejero de Sanidad, el cuarto en siete años, a su mano derecha, Antonio Sanz, totalmente inexperto en la materia? ¿El que no asume ninguna responsabilidad política más allá de la dimisión de su consejera, que acusó una pasmosa nula empatía con las víctimas? ¿El que quita hierro a este clamoroso fallo sanitario y opta por justificar “no decirle nada a la paciente” para “no generarle ansiedad”? ¿El que clama por conocer “toda la verdad” del accidente de trenes en la localidad cordobesa el pasado enero o el que calla cuando se trata de conocer “toda la verdad” del origen de los cribados del cáncer de mama?

¿Qué Moreno Bonilla elige? ¿El que apoya las políticas de dependencia mientras constata que unos 7.000 andaluces murieron el pasado 2025 esperando recibir una ayuda a la dependencia o la valoración de su grado? ¿El que acumula más de 50.000 personas en lista de espera, con una espera media de casi dos años?

¿Qué Moreno Bonilla elige? ¿El que defiende la educación pública mientras mima sin desmayo a los centros privados concertados? ¿El que favorece la disminución de aulas públicas por miles mientras se incrementan las de los colegios concertados? ¿El que no hace nada por evitar la desaparición de unas 2.700 aulas públicas desde que llegó al poder en 2019 con la excusa de la bajada de la natalidad?

¿Qué Moreno Bonilla elige? ¿El que defiende la transparencia e independencia informativa o el que es denunciado reiteradamente por los propios profesionales de la radiotelevisión pública andaluza por sus constantes injerencias políticas, por el incesante enchufismo de profesionales afines o por la precarización de sus trabajadores?

¿Qué Moreno Bonilla elige? ¿El que hace del photocall una forma de hacer política o el que promueve iniciativas parlamentarias reales en beneficio del progreso de Andalucía? ¿El que hace de la Cámara autonómica una apisonadora gracias a su holgada mayoría absoluta de 2022?

¿Qué Moreno Bonilla elige? ¿El que hace del andalucismo un mero instrumento de pulserita y pandereta? ¿El que se envuelve en la blanca y verde con todo el boato de las mejores ocasiones pero solo cuando coincide con dos fechas señaladas: el 4-D y el 28-F, Día de Andalucía? ¿El mismo cuyo partido puso todos los impedimentos del mundo para que saliera adelante el referéndum del autogobierno andaluz de 1980 por la vía del artículo 151? ¿El que solo utiliza el andalucismo para negar la mayor al Gobierno central por el simple hecho de ser de otro color político?

¿Qué Moreno Bonilla elige? ¿El que defiende la transparencia e independencia informativa o el que es denunciado reiteradamente por los propios profesionales de la radiotelevisión pública andaluza por sus constantes injerencias políticas y el incesante enchufismo?

Ante esta incesante cascada de interrogantes disyuntivos, los andaluces tienen el próximo domingo 17 de mayo una cita ineludible con el futuro de la comunidad autónoma más poblada del país, más de 8,7 millones de habitantes, unas elecciones autonómicas que siempre han venido decantando el designio político de todo el país. A las puertas de la mundialmente conocida romería de El Rocío, en Huelva, con la feria de Jerez recién terminada y la de Córdoba a punto de levantar el telón, el presidente de la Junta ha convocado a los andaluces a las urnas en plena explosión de la primavera, un mes antes de la fecha límite marcada por las anteriores elecciones autonómicas del 19 de junio de 2022, en las que el Partido Popular logró su primera mayoría absoluta en Andalucía, 58 escaños de los 109 del Parlamento autonómico. El PSOE obtuvo 30 diputados, la ultraderecha de Vox 14, la coalición de izquierdas Por Andalucía cinco y los andalucistas de Adelante Andalucía dos.

Solo dos incógnitas

Moreno Bonilla, que prometió en 2016 cuando era candidato a la Junta que limitaría por ley el mandato de la Presidencia de la Administración andaluza a dos legislaturas, ocho años, aspira a renovar la mayoría absoluta, y en su hoja de ruta hacia el Palacio de San Telmo de Sevilla, sede de la Presidencia de la Junta, solo se plantea dos incógnitas: saber hasta donde llega el ascenso de la ultraderecha y hasta dónde el batacazo del PSOE. Cualquier escenario que tras el 17-M se salga de esta horquilla de probabilidades será una sorpresa mayúscula que pondrá en solfa esa imagen de yerno ideal que se ha marcado con una sonrisilla sempiterna y un discurso aparentemente tolerante, moderado y conciliador en las formas que en el fondo caen tumbados con datos y hechos a las primeras de cambio como un castillo de naipes.

La interminable batería de interrogantes disyuntivos desgranadas aquí pueden servir, a grandes rasgos, o no, para trazar un perfil lo más aproximado posible del verdadero Juan Manuel Moreno Bonilla, nacido en Barcelona el Primero de Mayo de 1970, esposo de Manuela Villena, politóloga numero uno de su promoción y alto cargo de la farmacéutica Bidafarma, con la que la Administración andaluza mantiene unas excelentes relaciones de colaboración a todos los niveles.

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