La respuesta política llega tarde para quienes llevan meses esperando una explicación. El fallo en los cribados de cáncer de mama en Andalucía ha dejado de ser un problema sanitario para convertirse en un conflicto político con nombres propios y una acusación directa. María Jesús Montero ha decidido no rebajar el tono. Habla de “maltrato reiterado” y lo hace con un destinatario claro, el presidente andaluz Juanma Moreno. No es solo una crítica. Es una forma de encuadrar el problema.
El punto de partida no está en el error técnico, sino en lo que vino después. Meses sin respuesta, reclamaciones sin resolver, afectadas obligadas a iniciar un recorrido judicial. El conflicto ya no es el fallo, sino la gestión del fallo.
Seis meses después
El reproche se sostiene en el tiempo transcurrido. Medio año desde que se conoció la negligencia sin una respuesta que, a juicio del PSOE andaluz, esté a la altura. Montero habla de “silencio administrativo” y lo convierte en argumento político. Las mujeres afectadas no solo lidian con un problema de salud, sino con la incertidumbre sobre qué ocurrió y qué responsabilidad asume la administración. La espera se convierte en una carga añadida.
La intervención de Montero introduce un cambio en el enfoque. De la gestión sanitaria a la responsabilidad política. De los protocolos fallidos a la atención a las víctimas. El caso deja de ser un expediente técnico para situarse en el terreno de la rendición de cuentas. El apoyo explícito a una de las afectadas y a asociaciones como Amama añade una dimensión que va más allá del debate institucional. Personaliza el conflicto. Lo acerca. Lo hace visible en términos concretos.
En paralelo, la Junta no ha ofrecido una respuesta que cierre el caso. La ausencia de explicaciones claras alimenta la crítica y mantiene abierto el frente político. El tiempo, en este caso, no ha servido para amortiguar el problema.
Montero utiliza ese contexto para marcar posición. No introduce datos nuevos, pero sí una lectura. Que el problema no es solo lo ocurrido, sino cómo se ha respondido. Y que esa respuesta no ha estado a la altura de quienes esperan algo más que trámites.
El tono forma parte de una estrategia que busca situar la gestión sanitaria en el centro del debate político andaluz. Convertir un fallo concreto en un símbolo de algo más amplio, y con arrgumentos de peso. El recorrido del caso dirá hasta dónde llega esa estrategia. De momento, ha conseguido algo inmediato. Que el foco vuelva a estar en las afectadas y en la responsabilidad de quien debía responder.