Este jueves el rey Felipe VI acude a la inauguración del Salón Internacional del Automóvil, en la que también estará presente el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y, en representación de la Generalitat, el 'conseller' de Treball, Roger Torrent. No está prevista la presencia del presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, quien ya adelantó la semana pasada que no podría acudir debido a que estará en el Debate de Política General en el Parlament.
Tras el duro discurso de Felipe VI después del 1-O, en el que el monarca no mostró la más mínima empatía con una gran parte de los catalanes y en el que acusó a los independentistas, entre otras cosas, de "desleales",la ruptura de la Monarquía con Cataluña fue casi definitiva.
Felipe VI, con sus palabras, acabó defracturar la relación del pueblo catalán con el Estado español, que ya estaba malherida, y sus palabras solo fueron aplaudidas por las formaciones de la derecha y ultraderecha española: Partido Popular,Ciudadanos y Vox.
Quim Torra
Como consecuencia, con la llegada a la presidencia de la Generalitat de Quim Torra, se produjo un boicot al monarca al comprometerse Torra en 2018 a que ningún miembro del Govern iría a actos convocados por la Casa Real,ni la Generalitat invitaría al rey a ningún acto en Cataluña.
Ada Colau
Ya la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, había evidenciado su desapego a Felipe VI cuando, nada más tomar posesión, retiró su retrato de la sala de plenos del Ayuntamiento, asunto que estuvo sujeto a decisiones judiciales hasta que el pasado mes de julio una sentencia del Tribunal Supremo avalaba la obligatoriedad de colocar la efigie del rey en los ayuntamientos. Entonces, Ada Colau, en cumplimiento de la sentencia, ordenó colocar una foto del rey en el consistorio, aunque de pequeño tamaño.
Mesa de diálogo
El marco de esta visita del rey a Barcelona es relevante. Suenan nuevos tiempospara Cataluña, los indultos a los presos del 'procés' el 22 de junio y el inicio de la mesa de diálogo entre Gobierno y Generalitat el pasado 15 de septiembre marcan un acercamiento a pesar de lo alejadas de las posturas que ambas partes han manifestado.
Sin embargo, Felipe VI sigue siendo un elemento de fractura cuando, en realidad, debería ser lo contrario. La Jefatura del Estado jamás debe ser una institución que se mantenga ajena a los conflictos políticos y, en Cataluña, el rey fue uno de los elementos disruptivos más importantes.
La mesa de diálogo es un movimiento político clave y todavía no se han escuchado palabras por parte de Felipe VI que alentaran a la solución del conflicto en base al consenso y no al enfrentamiento. Este jefe del Estado aprovecha la supuesta neutralidad de la Corona para quedarse de perfil en un asunto que afecta a España, a toda España. Sin embargo, cuando se produjo el referéndum del 1-O, Felipe VI abandonó esa neutralidad posicionándose en el lado que ponían las banderas por encima de la política.
Felipe VI no ha mostrado empatía con este nuevo proceso e, indirectamente, le coloca en el lado de quienes, tanto desde el independentismo como desde el unionismo, pretenden reventar la solución dialogada. Por eso, su presencia en Cataluña es vista con desconfianza por quienes desean que todo se solucione. Un viaje a Barcelona no arregla nada, es necesaria más implicación, aunque sea desde la empatía y no desde los discursos vacíos. España y Cataluña necesitan de un Felipe VI que dé la cara por todos, sin posicionarse como hizo el 3 de octubre.
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