Feijóo se enreda en la hipérbole y el ataque personal para esquivar el debate de la paz

Feijóo ha llegado a afirmar que homólogos europeos llaman a Sánchez "el traidor de Europa", una acusación sin ninguna prueba ni fuente fiable. Está claro que Feijóo, sin pretenderlo, cada día está más cerca de la señora oscura del Sith, Darth Ayuso

25 de Marzo de 2026
Actualizado a las 14:12h
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Feijóo Hipérbole
Alberto Núñez Feijóo, en un momento de su réplica a Sánchez

El Congreso de los Diputados ha sido testigo de una de las réplicas más broncas, absurdas y personalistas que se recuerdan en la trayectoria parlamentaria de Alberto Núñez Feijóo. Para intentar por neutralizar la comparecencia de Pedro Sánchez, el líder del Partido Popular ha optado por una estrategia de confrontación total, recurriendo a la hipérbole y al ataque "ad hominem" para desviar la atención de la propuesta diplomática del Ejecutivo. Lo que debía ser un debate sobre la posición de España ante el conflicto ilegal en Oriente Medio, Feijóo lo ha convertido en un catálogo de reproches que, por momentos, ha rozado el paroxismo político y el ridículo más absoluto.

Desde el inicio, el líder de la oposición ha mostrado una evidente incomodidad con el espejo que Sánchez le ha puesto delante: el de la guerra de Irak. Incapaz de defender aquel legado pero negándose a condenarlo, Feijóo ha intentado un ejercicio de escapismo dialéctico acusando al presidente de "imitar a Pablo Iglesias". Sin embargo, el recurso ha sonado a cliché desgastado en una Cámara que esperaba una alternativa de Estado y no una letanía de ataques contra un exvicepresidente que ya ni siquiera ocupa un escaño.

El momento más controvertido de la mañana llegó cuando Feijóo, en un giro retórico de dudosa profundidad diplomática, vinculó la figura del presidente español con la maquinaria de guerra de Teherán. "Algo tan honorable como la defensa de la paz difícilmente se puede personificar si la propaganda iraní estampa tu cara en misiles de guerra", espetó el líder del PP, asumiendo como un argumento válido la narrativa de un régimen dictatorial para atacar al jefe de su propio Gobierno.

Este recurso ha sido vista por muchos analistas como una línea roja cruzada. Al afirmar que a Sánchez "le han dado las gracias las organizaciones terroristas", Feijóo no solo ha buscado el titular fácil, sino que ha proyectado una imagen de fractura nacional que debilita la posición de España en el exterior, precisamente aquello que dice querer proteger.

La crítica de Feijóo ha pecado de una notable falta de coherencia estratégica. Por un lado, ha tildado a Sánchez de "pacifista de pacotilla" y de "antiyanqui", pero acto seguido le ha reprochado presidir el Gobierno con el mayor gasto militar de la historia y haber triplicado la compra de armamento a Estados Unidos. Esta bicefalia argumental ha dejado al líder popular en un terreno pantanoso, donde la crítica parece responder más a la necesidad de golpear que a un análisis riguroso de la defensa nacional.

Especialmente hiriente ha sido su alusión a la fragata enviada a Chipre, a la que comparó despectivamente con "la flotilla de Ada Colau". Al calificar de "bochorno" el despliegue de 200 marinos en una misión de protección europea, Feijóo ha entrado en colisión con su propio discurso de lealtad a la OTAN, cuestionando una operación que responde precisamente a los compromisos internacionales que él mismo exige cumplir.

En un tono que recordaba a las épocas más duras del aznarismo o al propio Santiago Abascal, Feijóo ha vuelto a agitar el fantasma del terrorismo vinculado a la inmigración, citando informes policiales para justificar su rechazo a la regularización de extranjeros. "El cínico es usted, señor Sánchez", repitió en varias ocasiones, elevando los decibelios en un Hemiciclo ya de por sí caldeado. Esta insistencia en vincular inseguridad y migración en pleno debate bélico ha sido interpretada como una maniobra para capitalizar el miedo social ante la incertidumbre económica.

Pero quizás el punto más bajo de su intervención ha sido la referencia a supuestas conversaciones privadas de líderes internacionales. Feijóo ha llegado a afirmar que homólogos europeos llaman a Sánchez "el traidor de Europa", una acusación de extrema gravedad que no ha ido acompañada de ninguna prueba ni fuente fiable. Está claro que Feijóo, sin pretenderlo, cada día está más cerca de la señora oscura del Sith, Darth Ayuso. Este tipo de "diplomacia de pasillo" ha restado peso a sus críticas legítimas sobre la falta de Presupuestos, convirtiendo una cuestión de gestión contable en una suerte de juicio sumarísimo por traición a la patria.

Al final de su discurso, Feijóo se ha quedado en el "no a la guerra y no a usted", una fórmula que, aunque sonora, carece de contenido propositivo ante la escalada en Irán. Mientras el Gobierno desgranaba un plan de cinco ejes y un escudo social de 5.000 millones, el líder del PP se ha limitado a pedir rebajas fiscales ya conocidas y a exigir la continuidad de las centrales nucleares como receta mágica ante un conflicto mundial.

La crónica de esta sesión deja a un Feijóo que, en su afán por no quedar a la zaga de Vox ni de perder ni un milímetro más respecto al liderazgo de Ayuso, ha abrazado una retórica de irrelevancia internacional y conflicto permanente. Al calificar a España de "comparsa" y "pacifista de cartón", el líder de la oposición parece haber olvidado que la credibilidad de un Estado también depende de la responsabilidad de quienes aspiran a gobernarlo. En su intento por derribar a Sánchez, Feijóo ha acabado proyectando una imagen de España pequeña, dividida y más preocupada por los fantasmas del pasado que por las soluciones del futuro.

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