El PP, tras los resultados en Aragón, vive en un ambiente de euforia contenida y con la mirada puesta en un cambio de ciclo nacional. En ese escenario, Alberto Núñez Feijóo ha comparecido ante la Junta Directiva Nacional en la sede de Génova 13. El líder de la oposición ha certificado lo que considera una victoria matemática, objetiva y real, contraponiéndola a lo que califica como la debacle definitiva del proyecto de Pedro Sánchez. Con un discurso vertebrado por la crítica feroz a la "soberbia" del Ejecutivo central y un reconocimiento explícito a la gestión de sus barones territoriales, Feijóo ha querido enviar un mensaje de unidad y fortaleza, asegurando que la estrategia política del PP se centra ahora en capitalizar el desgaste de un PSOE que, según sus palabras, "ha dejado de escuchar a los españoles".
El eje central de la reunión ha sido la felicitación a Jorge Azcón, quien ha logrado revalidar su liderazgo en Aragón. Feijóo ha destacado que, a pesar de las dificultades y de una campaña donde el PP tenía a todos en contra, los resultados han sido históricos, subrayando que "nunca en la historia se había registrado una diferencia tan amplia de escaños y de votos" entre ambas formaciones. La victoria electoral en Aragón se traduce, según los datos aportados por el líder gallego, en una ventaja de ocho diputados sobre el Partido Socialista y una diferencia de diez puntos en porcentaje de voto.
En sus propias palabras, "estas elecciones se convocaron porque no se dejaba gobernar a Azcón, y los aragoneses han dicho claramente que quieren que gobierne el Partido Popular". Para la dirección nacional, este resultado no es solo un éxito local, sino la prueba de que el electorado rechaza el modelo de coalición de Sánchez, extrayendo la conclusión de que la mayoría social exige responsabilidad y el fin de la etapa sanchista.
Sin embargo, tras el triunfalismo de los datos, emerge un vacío analítico que los observadores más agudos no han pasado por alto: la ausencia total de autocrítica. A pesar de que el propio Feijóo mencionó que el análisis debía ser "sin autocomplacencia", su discurso se sumergió en ella. Esta falta de reflexión interna parece responder a una coreografía de supervivencia política. El líder del PP se encuentra en una pinza estratégica, atrapado entre la necesidad de moderar el discurso para captar el centro y el miedo visceral a ser desbordado por su flanco derecho.
Esta parálisis analítica se manifiesta en su negativa a abordar las tensiones que las alianzas —o la falta de ellas— provocan en la gobernabilidad de comunidades como Aragón. Feijóo parece operar bajo el dictado de un temor reverencial a la sombra de Isabel Díaz Ayuso, cuya presencia en la segunda planta de Génova funcionó como un recordatorio mudo de que cualquier signo de debilidad o "tibieza" ante la izquierda será penalizado internamente. El miedo a que la presidenta madrileña capitalice un posible descontento en el ala más dura del partido obliga a Feijóo a mimetizarse con un tono agresivo, alejándolo de la moderación que prometió a su llegada de Galicia.
Asimismo, el espectro de la extrema derecha condiciona cada una de sus pausas. Feijóo evita profundizar en por qué el PP necesita repetir elecciones o forzar mayorías absolutas para evitar el chantaje de Vox, prefiriendo centrar el foco exclusivamente en el "vapuleo democrático" a Sánchez. Esta omisión del elefante en la habitación —la dependencia de la derecha radical— revela a un líder que prefiere la aritmética simple antes que enfrentarse a la complejidad de sus propios límites ideológicos. La autocrítica brilla por su ausencia porque, en el actual ecosistema de la derecha española, reconocer un error se interpreta como una capitulación ante los rivales internos o externos.
La parte más dura del discurso de Feijóo fue, por tanto, una huida hacia adelante dirigida al Palacio de la Moncloa. El líder del PP ha acusado al Presidente del Gobierno de estar "alargando la agonía política de España" y de ser el principal responsable de que el PSOE haya obtenido sus peores resultados históricos. Para Feijóo, la situación es insostenible y el castigo en las urnas es la consecuencia directa de una gestión basada en el ruido y el muro. El dirigente popular subrayó con firmeza que "la gente le ha dicho a Pedro Sánchez que ya basta, que lo que él resiste, el pueblo ya no aguanta", recordando que este mensaje ya se escuchó en Extremadura y ahora se repite con más contundencia en tierras aragonesas porque, según su diagnóstico, "la gente no le soporta ni a él ni a su gobierno". Feijóo ha incidido en que el Partido Socialista ya no tiene como objetivo principal la victoria frente al PP, sino que su lucha actual es por la supervivencia institucional frente a la amenaza de quedar relegado, afirmando que "el PSOE ya no compite con el Partido Popular para ganar; compite por no quedar tercero".
Antes de entrar en el análisis puramente electoral, Feijóo ha tenido palabras de aliento para las familias afectadas por las inundaciones en España. Ha hecho un llamamiento a la prudencia y a seguir las recomendaciones de las autoridades en regiones como Andalucía, Extremadura, Castilla y León, Castilla-La Mancha y Madrid, donde el peligro aún no ha desaparecido por completo. En este contexto de emergencia, el líder popular ha aprovechado para ensalzar la figura de Juanma Moreno, cuya respuesta al frente de la Junta de Andalucía ha calificado de excelente tras el accidente del AVE en Adamuz. Feijóo destacó en nombre de todo el partido la valía de lo que definió como un gran pueblo, un gran gobierno y un gran presidente, reforzando el papel de sus mandatarios autonómicos como gestores solventes frente a la negligencia que atribuye al Gobierno central, al que acusó de que su "único interés es aferrarse al gobierno como a un clavo ardiendo".
Mirando hacia el futuro, Feijóo ha presentado al Partido Popular como la única alternativa de gobierno decente. Su hoja de ruta para España pasa por una regeneración institucional y económica que rompa con la dinámica actual de privilegios y opacidad. El líder del PP ha defendido un proyecto centrado en bajar impuestos para aliviar a las familias, construir vivienda y proteger la ley, asegurando con rotundidad que "jamás venderemos la igualdad de los españoles por siete votos; nunca". Para Feijóo, el deterioro de la vida cotidiana no es una cuestión de relato político, sino una experiencia real que los ciudadanos trasladan a las urnas como respuesta a los escándalos y a la ausencia de límites morales que, a su juicio, caracterizan al actual Ejecutivo, sentenciando que "lo que se padece se vota".
Feijóo ha clausurado la Junta Directiva Nacional con un mensaje de optimismo para sus cuadros y militantes, asegurando que "España no está perdida; España está esperando", y que el Partido Popular está plenamente preparado para asumir la responsabilidad de gobernar. El líder gallego concluyó afirmando que "el cambio es imparable, no porque lo diga yo, sino porque lo quieren los españoles", prometiendo devolver al país un gobierno centrado en lo importante y capaz de recuperar el orgullo nacional. La sensación en Génova 13 es que la agonía de Pedro Sánchez se ha acelerado tras el vapuleo democrático en Aragón, consolidando a Feijóo como el líder de un bloque autonómico fuerte que aspira a convertir su ventaja numérica en una realidad de gobierno para toda España.