Feijóo hace política a cañonazos con la crisis de Ceuta

El líder del PP utiliza la gravedad de lo ocurrido y los indicios sobre la actuación marroquí para cargar contra Sánchez, habla de invasión y dibuja un plan destinado a arrancar cesiones a España mientras endurece su discurso frente a Vox

08 de Septiembre de 2026
Guardar
Alberto Núñez Feijóo junto a Juan Jesús Vivas

Alberto Núñez Feijóo tenía material de sobra para exigir explicaciones al Gobierno sobre lo ocurrido en Ceuta sin necesidad de añadir demasiado más. Los indicios conocidos sobre la actuación de agentes marroquíes durante la entrada masiva de finales de julio son suficientemente graves, las incógnitas sobre la información que manejaba el Ejecutivo siguen abiertas y las relaciones con Rabat vuelven a encontrarse bajo una presión que obliga a Pedro Sánchez a explicar qué sabía España, qué trasladó a Marruecos y qué respuesta obtuvo. Pero al presidente del PP parece haberle sabido a poco.

Feijóo ha decidido convertir una crisis fronteriza y diplomática de enorme gravedad en una pieza más de su ofensiva contra Sánchez y lo ha hecho elevando considerablemente el calibre de las palabras. Ya no habla únicamente de la responsabilidad de Marruecos ni reclama explicaciones sobre la actuación del Gobierno, sino que describe una "invasión", sostiene que existió un plan y sitúa al final de esa operación alguna "cesión" española al país vecino.

La secuencia construida por el líder popular es redonda desde el punto de vista político. Marruecos provoca la entrada, los ceutíes deben resignarse, los españoles terminan acostumbrándose y, finalmente, España cede. Juan Jesús Vivas habría impedido que ese plan culminara gracias a la resistencia de Ceuta.

El problema es que, entre los indicios conocidos sobre la intervención marroquí y el desenlace que relata Feijóo, quedan todavía demasiadas preguntas como para convertir la hipótesis en relato cerrado. El presidente del PP no concretó cuál sería esa cesión ni explicó qué información le permite asegurar que constituía el objetivo final de la operación, aunque la sola utilización del término basta para introducir en una cuestión extraordinariamente sensible la sospecha de que Sánchez podría terminar concediendo algo a Rabat.

Marruecos da motivos y Feijóo pone el altavoz

La documentación policial conocida contiene elementos que justifican sobradamente una investigación exhaustiva sobre el papel desempeñado por Marruecos. El informe elaborado por el Centro Nacional de Inmigración y Fronteras describe distintas oleadas de entrada y recoge referencias a gendarmes marroquíes, uniformados y de paisano, que habrían conducido a grupos hacia determinados puntos de acceso.

También existieron alertas previas sobre el riesgo de una entrada masiva, de manera que el Gobierno tendrá que aclarar qué información llegó a sus manos, cómo fue valorada y qué medidas se adoptaron ante ella.

La gravedad de esos indicios no convierte, sin embargo, en innecesarios los matices. El director general de la Policía ha sostenido que ningún informe policial atribuye a las fuerzas de seguridad marroquíes la planificación o ejecución de toda la operación, mientras continúa abierta la discusión sobre el alcance real de la intervención de agentes del país vecino.

Feijóo ha aprovechado precisamente ese terreno todavía lleno de interrogantes para levantar una construcción política mucho más ambiciosa, en la que la actuación de Marruecos termina inevitablemente desembocando en Sánchez.

La maniobra tiene una ventaja evidente. Permite al líder del PP reclamar dureza frente a Rabat, presentarse como defensor de la soberanía española, golpear al Gobierno por su política marroquí y, al mismo tiempo, competir con Vox en uno de los asuntos donde los populares tienen mayores dificultades para contener a Santiago Abascal, y todo en la misma frase.

La invasión entra en el vocabulario de Feijóo

La elección de la palabra "invasión" tampoco puede separarse de esa estrategia. Una entrada irregular masiva favorecida o incluso instrumentalizada por otro Estado puede constituir una actuación de extraordinaria gravedad sin necesidad de identificar a quienes atraviesan la frontera con una fuerza invasora, pero el término elegido por Feijóo desplaza inmediatamente la discusión desde la gestión migratoria hacia el terreno de la agresión exterior.

Ese desplazamiento tiene consecuencias políticas porque la inmigración deja de presentarse únicamente como un problema de fronteras, acogida, devoluciones o cooperación internacional y empieza a construirse alrededor de conceptos como amenaza, invasión, soberanía y resistencia nacional, precisamente el territorio discursivo sobre el que Vox lleva años edificando buena parte de su mensaje.

El PP conoce perfectamente el riesgo. Los últimos datos demoscópicos sobre la crisis de Ceuta muestran que Vox supera con claridad a los populares cuando se pregunta a los ciudadanos qué partido consideran más capacitado para gestionar la inmigración. Incluso una parte significativa de quienes tienen intención de votar a Feijóo concede mayor credibilidad a Abascal en esta materia.

La respuesta del líder popular parece consistir en endurecer el tono, pero esa carrera presenta una dificultad que el PP lleva tiempo sin resolver. Cuanto más se aproxima Feijóo al vocabulario y al marco político de Vox, más contribuye a validar el terreno en el que Abascal resulta electoralmente más fuerte.

No necesita convertirse en Vox para alimentar a Vox, le basta con aceptar que la discusión se produzca en sus términos.

Una cesión suficientemente imprecisa para que quepa todo

La referencia de Feijóo a una posible "cesión" a Marruecos resulta todavía más eficaz porque no necesita concretarse para producir efecto. Ceuta y Melilla forman parte desde hace décadas de las reivindicaciones marroquíes y cualquier insinuación sobre concesiones españolas activa inmediatamente una sospecha relacionada con la soberanía, aunque el líder del PP no haya afirmado que Sánchez pretenda entregar ninguna de las dos ciudades.

La dirección popular matizó posteriormente que Feijóo no estaba acusando al Gobierno de haber pactado con Marruecos la entrada masiva, sino sosteniendo que Rabat habría provocado la crisis para obtener posteriormente contrapartidas de España. La aclaración evita una acusación todavía más grave, pero no resuelve la cuestión fundamental de qué cesiones cree Feijóo que perseguía Marruecos ni qué elementos permiten conocer ese supuesto objetivo.

La indefinición juega políticamente a su favor porque una cesión sin nombre puede contener todas las cesiones que cada oyente quiera imaginar. Es una técnica particularmente rentable en una relación como la que España mantiene con Marruecos, atravesada por la inmigración, la cooperación policial, el Sáhara Occidental, las aguas territoriales, las relaciones comerciales y las reivindicaciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla. Pronunciar la palabra y dejarla suspendida permite que la sospecha haga el resto.

Vivas tiene un problema en Ceuta y Feijóo una batalla en Madrid

Juan Jesús Vivas ha utilizado también términos extremadamente duros para describir lo ocurrido y se ha mostrado convencido de la responsabilidad de Marruecos. Su posición, sin embargo, parte de una realidad bastante menos cómoda que la batalla política nacional, porque gobierna una ciudad que ha soportado directamente una entrada excepcional y necesita recuperar la normalidad mientras mantiene una relación inevitable con el país situado al otro lado de la frontera.

Feijóo utiliza esa posición para construir un relato en el que el presidente ceutí aparece como quien ha conseguido frustrar los planes de Marruecos mientras el Gobierno central queda situado bajo la sospecha de la indolencia, la ocultación o una futura cesión.

Ceuta deja así de ser únicamente el lugar en el que se produjo una crisis gravísima para convertirse también en la plataforma desde la que el PP dispara contra Sánchez. La presencia de buena parte del poder territorial popular alrededor de Vivas reforzó esa imagen. El respaldo al presidente ceutí era lógico, pero la escenografía permitía además transformar el problema de una ciudad autónoma en una ofensiva nacional contra el Ejecutivo y colocar a Feijóo en el papel de quien reclama firmeza frente a Marruecos ante un Sánchez presentado como incapaz de garantizarla.

El líder popular sabe que la política exterior rara vez decide unas elecciones, pero la inmigración sí puede alterar comportamientos electorales y la soberanía proporciona un componente emocional difícil de encontrar en otros debates. La crisis de Ceuta reúne las tres cosas y ofrece, por tanto, un material político demasiado tentador para dejarlo exclusivamente en manos de diplomáticos, policías y jueces.

El Gobierno tampoco puede esconderse detrás de Rabat

La utilización política que hace Feijóo de la crisis no elimina las responsabilidades del Ejecutivo ni debería servir para rebajarlas. El Gobierno tiene que explicar qué conocía antes de la entrada masiva, qué información recibió de los servicios policiales, qué conversaciones mantuvo con las autoridades marroquíes y por qué algunos elementos relevantes sobre la posible actuación de agentes del país vecino se conocieron posteriormente.

La estabilidad de las relaciones con Marruecos constituye un interés estratégico para España, especialmente en materia migratoria, comercial y de seguridad, pero esa necesidad no puede convertirse en una especie de cláusula de silencio cada vez que Rabat coloca al Gobierno español ante una situación incómoda.

Si se acredita que agentes marroquíes colaboraron deliberadamente en la entrada, la respuesta española tendrá que estar a la altura de la gravedad de los hechos y el Ejecutivo deberá explicar también qué consecuencias diplomáticas piensa extraer.

Precisamente por eso resulta innecesario adornar el caso. Feijóo dispone de argumentos suficientes para someter a Sánchez a una fiscalización durísima sobre Ceuta, pero ha preferido cargar además la munición con una invasión, un plan y unas cesiones que amplían el relato mucho más allá de las explicaciones que reclama.

La paradoja es que, mientras pretende presentarse como el dirigente que exige claridad al Gobierno, el presidente del PP introduce en el debate conceptos deliberadamente abiertos que multiplican la sospecha y le permiten disparar simultáneamente contra Sánchez, Marruecos y la política migratoria del Ejecutivo.

Quizá por eso el lenguaje de Feijóo empieza a parecerse cada vez menos al de quien espera respuestas y cada vez más al de quien ha descubierto que Ceuta ofrece un magnífico campo de tiro político.

Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo + leído