Feijóo carga contra Abascal y le acusa de faltar al respeto a España

El líder del Partido Popular defiende su reunión con el Gobierno, reivindica la responsabilidad democrática y presiona a Vox para desbloquear la investidura en Extremadura.

14 de Enero de 2026
Actualizado a las 12:06h
Guardar
Feijóo cuenta atrás
Alberto Núñez Feijóo en un momento de su discurso en el Templo de Debod 

Alberto Núñez Feijóo ha elevado el tono frente a Vox y a su líder, Santiago Abascal, tras las críticas recibidas por aceptar una reunión con el presidente del Gobierno. Sin dramatismos ni gestos de ruptura formal, el dirigente del PP ha optado por un mensaje político directo y de alto voltaje institucional: cuestionar las instituciones del Estado equivale a faltar al respeto a España.

Feijóo respondió a Abascal defendiendo que acudir a una convocatoria institucional no implica afinidad política, sino el cumplimiento de una obligación democrática básica. “Yo respeto a mi país y respeto a las instituciones”, afirmó, subrayando que su presencia en una reunión con el jefe del Ejecutivo se explica exclusivamente por ese principio. En ese contexto, lanzó una de sus frases más contundentes:
“Aquel que no respeta a la presidencia del Gobierno de España, no respeta a España”.

Institución y persona: una línea roja democrática

El núcleo del argumento de Feijóo se apoya en una distinción clave que quiso subrayar ante la opinión pública: una cosa es el cargo y otra quien lo ocupa. Según explicó, la Presidencia del Gobierno representa al conjunto del Estado, no a un partido concreto. Por eso insistió en que “cuando el presidente del Gobierno, sea quien sea, te cita, acudir es una cuestión de respeto institucional, no de expectativas políticas”.

En este punto, Feijóo marcó distancias con la estrategia de confrontación permanente que atribuye a Vox. “No soy el presidente de un partido antisistema”, señaló, reivindicando una concepción de la política basada en el diálogo institucional, incluso entre adversarios ideológicos.

Aviso directo a Vox

Las declaraciones no llegan en un momento neutro. Coinciden con una semana decisiva para la gobernabilidad de Extremadura, donde el Partido Popular necesita el apoyo o la abstención de Vox para que María Guardiola pueda ser investida presidenta. Feijóo aprovechó el contexto para lanzar un mensaje directo a Abascal.

“Cuando un partido se presenta a unas elecciones es porque quiere gobernar”, afirmó. A partir de ahí, fijó lo que considera las dos únicas opciones responsables para una tercera fuerza parlamentaria: “o facilitar que gobierne quien gana, absteniéndose, o formar parte de un Gobierno para dar estabilidad”. Cualquier otra actitud, advirtió, supone bloquear el funcionamiento normal de las instituciones.

Gobernabilidad frente a bloqueo

Feijóo reconoció que Vox obtuvo un “buen resultado electoral”, pero dejó claro que ese respaldo debe traducirse en responsabilidad política. En el caso extremeño, subrayó que la prioridad debe ser “dar un Gobierno” a la comunidad, no prolongar la incertidumbre ni convertir las negociaciones en una batalla pública por cargos y cuotas de poder.

Sin mencionar cifras ni exigencias concretas, el mensaje implícito fue claro: reclamar vicepresidencias o peso desproporcionado en el Ejecutivo no puede anteponerse al interés general ni utilizarse como moneda de bloqueo.

Discurso pensado para el centro político

Más allá del choque con Abascal, Feijóo construyó un relato orientado a un electorado cansado de la crispación. Al insistir en conceptos como respeto institucional, estabilidad y responsabilidad, buscó proyectarse como una figura de orden y previsibilidad, en contraste con discursos que cuestionan el marco institucional.

“Voy por respeto a la presidencia del Gobierno de España”, reiteró, dejando clara su estrategia: reforzar la idea de Estado y colocar a Vox ante una disyuntiva política nítida: facilitar gobiernos estables o asumir el coste de aparecer como una fuerza de bloqueo.

En un escenario de pactos complejos y alta tensión política, Feijóo ha optado por un mensaje duro pero calculado, con el que pretende fijar límites claros y trasladar una idea central: en democracia, el respeto a las instituciones no es negociable.

Lo + leído