Un español al frente de la juventud socialista mundial en un momento de repliegue democrático

Sergio Amante asume la presidencia de IUSY con un mensaje centrado en frenar el avance de la ultraderecha y reconstruir el proyecto progresista entre jóvenes

31 de Marzo de 2026
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Un español al frente de la juventud socialista mundial en un momento de repliegue democrático

La elección del español Sergio Amante como presidente de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas llega en un momento en el que el papel de la juventud en la política global está lejos de ser secundario. Más bien al contrario.

El congreso celebrado en Estambul, con representantes de más de 200 organizaciones juveniles de todo el mundo, ha servido para algo más que renovar cargos. Ha sido, en buena medida, una puesta en común de preocupaciones que se repiten con matices en distintos países. El avance de la extrema derecha, la desafección política de parte de la juventud y la dificultad para construir alternativas que vuelvan a resultar creíbles. En ese contexto, la elección de Amante no es solo simbólica.

España pasa de ocupar una vicepresidencia a liderar la organización, un salto que refleja también el peso que ha ido ganando el socialismo español en el ámbito internacional, especialmente en una etapa en la que el debate político global se está reordenando. El propio Amante no ha evitado ese marco en su primera intervención.

Ha señalado directamente el crecimiento de la ultraderecha como uno de los principales desafíos y ha apelado a reconstruir un espacio político donde la democracia y la verdad vuelvan a tener centralidad entre los jóvenes. Responde a una preocupación bastante extendida que afirma que el malestar generacional está siendo capitalizado por discursos que simplifican problemas complejos y que, en muchos casos, ofrecen respuestas excluyentes. Ahí es donde se sitúa el reto.

Porque una parte importante de la juventud no se mueve solo por identificación ideológica, sino por expectativas. Y cuando esas expectativas —empleo, vivienda, estabilidad— no se cumplen, el terreno se vuelve más permeable a propuestas que prometen soluciones rápidas, aunque no siempre sostenibles.

El congreso de Estambul ha girado precisamente en torno a esa idea. Cómo reconstruir un proyecto que conecte con esa realidad sin renunciar a sus principios. Bajo el lema “Courage in action”, la organización ha querido transmitir la necesidad de pasar del diagnóstico a la acción, algo que en la práctica no es tan sencillo. No basta con señalar los problemas.

Hace falta ofrecer respuestas que se perciban como útiles.

En ese sentido, el papel de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas sigue teniendo un valor particular. No tanto por su capacidad ejecutiva —limitada por definición— como por su función de coordinación, de intercambio y de construcción de discurso en un espacio global donde las dinámicas políticas están cada vez más interconectadas.

La elección de Amante también refuerza una línea que se viene consolidando en los últimos años dentro del socialismo europeo, la de dar más protagonismo a las estructuras juveniles no solo como cantera, sino como espacio político propio.

Porque obliga a abordar debates que afectan directamente a esa generación, desde la precariedad laboral hasta la crisis climática, pasando por el acceso a la vivienda o la calidad democrática. No como temas secundarios, sino como el núcleo de una agenda que, si quiere ser relevante, tiene que hablar el lenguaje de quienes la protagonizan.

La delegación española, respaldada por figuras como Enma López o Víctor Camino, ha jugado un papel activo en ese proceso, consolidando una presencia que va más allá de lo formal. No es solo representación, es también influencia en el enfoque que adopta la organización.

Porque el debate político internacional no se está dando en un vacío. Se está dando en un contexto de tensiones crecientes, de polarización y de competencia por el relato, donde la juventud se ha convertido en un terreno clave.

Lo que está en juego no es solo quién gana elecciones, sino qué proyecto consigue conectar con una generación que, en muchos casos, siente que el sistema no termina de responder.

Ahí es donde empieza el trabajo de Amante. Y ahí es donde se medirá si este relevo es solo un cambio de nombres o el inicio de algo más.

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