La conversación política ha dejado de discurrir por los canales tradicionales del debate doctrinal para adentrarse en el terreno resbaladizo de la gestión de la percepción. Desde la distancia que otorga San Sebastián, el consultor y exdirector de Gabinete de Pedro Sánchez, Iván Redondo, ha analizado en los micrófonos de Televisión Española el complejo escenario de precampaña que precede a las elecciones generales del 29 de noviembre. Su diagnóstico resulta tan crudo como incisivo. En el clima público actual «no hay una batalla por la verdad o la mentira, sino por la atención» . Un fenómeno que responde, en sus propias palabras, a «un intento claro, técnicamente hablando, más allá de la veracidad de las personas que lo protagonizan, de manipulación cognitiva» .
Esta advertencia sobre el deterioro del ecosistema informativo coincide con el impacto del trágico accidente de Urda y la reactivación del ruido mediático tras las filtraciones de audios desde prisión dentro del denominado caso Koldo. Para Redondo, la sociedad española asiste a la colisión entre la antipolítica y la necesidad urgente de protección institucional. Al evaluar los acontecimientos que sacuden a los principales partidos a pocos días de la apertura de las urnas, el analista señala que este tipo de maniobras de distracción masiva es lo que «se ha derrotado en las midterms hace unos días, de manera masiva, con la marea demócrata en Estados Unidos» . Traza un paralelo directo entre las dinámicas de desinformación globales y el pulso político que hoy atenaza a la sociedad española.
El fallo del sistema
Frente al ruido de las acusaciones cruzadas y la estrategia del titular de impacto, el estratega político sitúa el verdadero eje vertebrador de las elecciones del 29-N en la capacidad de respuesta del Estado ante los desgarros de la ciudadanía. La convocatoria electoral no surge del capricho partidista. Surge de una parálisis institucional concreta. Según el análisis de Redondo, «la campaña la convoca el presidente del Gobierno, bajo mi punto de vista, técnicamente por un fallo en el sistema. Se tumban los dos decretos» en el Congreso de los Diputados. A pesar de que «prácticamente hasta un 50% en encuestas que se publicaron en medios de comunicación de votantes de PP y Vox veían que se podían aprobar» .
Cuando ese cortocircuito normativo se produce y golpea la vida cotidiana de las clases medias y trabajadoras, la demanda social cambia de escala de forma inmediata. «Cuando eso pasa, con Maricarmen, antes fue Olga, otras Maricarmen, el país mira al Estado. Un Estado que protege, una España que protege, una Europa que protege» , sostiene Redondo para ilustrar cómo el ciudadano común busca cobijo institucional ante la incertidumbre. El concepto de «fallo del sistema» no atañe únicamente a la aritmética parlamentaria. Abarca las emergencias materiales que asfixian al país. «Hablo de vivienda, hablo de salarios, de pensiones, hablo de inmigración, de seguridad, no me dejo ningún tema, hablo de infraestructuras, como lo que ha sucedido» . Ante este cuadro de erosión, la decisión del votante en territorios clave como Cataluña o la Comunidad Valenciana no se guiará por el ruido de trinchera. Se guiará por la solvencia ejecutiva. «España está golpeada y tiene que decidir quién la levanta» .
Estado frente a mercado
El análisis sociológico planteado por Iván Redondo trasciende la coyuntura del enfrentamiento entre el Partido Socialista y el Partido Popular para elevar la mirada hacia el gran dilema ideológico de nuestra era. A su juicio, la contienda que resolverán las urnas el 29 de noviembre no se reduce a una simple suma de siglas. Se reduce a la definición del modelo de convivencia que debe regir la reconstrucción del país. «El tema de nuestro tiempo es Estado frente a mercado. No Estado contra mercado, soy fino en el lenguaje, pero sí Estado frente a mercado. Lo estamos viendo en todos los países» , enfatiza el consultor. Sitúa a España en la misma encrucijada regulatoria que atraviesan las principales democracias occidentales.
En este tablero de máxima polarización donde los aparatos de los partidos tienden a hablar únicamente a sus bases convencidas, la clave de la victoria parlamentaria se concentra en un estrecho pero decisivo margen de la sociedad. Frente al ruido ambiental generado por la publicación coordinada de acusaciones y denuncias que buscan congelar la partida antes del domingo de votación, existe una bolsa de electorado inmune a los dogmas de bloque. Redondo recuerda que «hay medio millón de personas que en todas las elecciones siempre están mirando PSOE-PP» . Un contingente de votantes pragmáticos y altamente sensibles a la credibilidad de los líderes que rechaza el espectáculo del insulto y exige respuestas tangibles ante el deterioro de los servicios públicos.
Manipulación cognitiva
La recta final de la campaña hacia el 29 de noviembre se encamina así hacia un examen decisivo sobre la madurez de la democracia española. La colisión entre la estrategia de la distracción y la exigencia de soluciones reales medirá la capacidad del electorado para abstraerse del ruido de fondo y emitir un voto fundamentado en sus necesidades vitales. Cuando la desinformación y el choque de titulares intentan capturar la atención cívica a cualquier precio, la respuesta de la ciudadanía pasa por exigir rendición de cuentas y rigor a quienes aspiran a dirigir los destinos del país.
El diagnóstico formulado por Iván Redondo deja al descubierto algo fundamental. La contienda electoral no se decidirá en los laboratorios de propaganda ni en la amplificación de las trifulcas partidistas. En un país sacudido por la tragedia y resentido por la parálisis de sus instituciones, el veredicto de la historia inmediata dependerá de si prevalece el cinismo de la manipulación o la demanda de un Estado garante, eficiente y protector. Un Estado capaz de devolver la certidumbre a la vida cotidiana de sus ciudadanos.
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