Atila hizo menos daño al imperio romano que Yolanda Díaz a la Izquierda. Que tanta paz lleve como deja, ojalá pueda volver a crecer la hierba por donde ha pasado pero el desastre que deja es difícilmente evaluable.
Pero no nos engañemos, no ha sido ella sola la culpable ha tenido ayuda de personas que también sobran.
Yolanda Díaz ha contado con el apoyo de las cúpulas sindicales de CCOO y UGT hace mucho tiempo vendidas a la patronal, de los medios de comunicación, también Ferreras y La Sexta han participado vendiendo este producto edulcorado, ha tenido apoyos y cómplices.
Ahora debería empezarse a hacer política de verdad y desde la base poniendo a la clase trabajadora como participe y protagonista del nuevo proyecto, o todo acabará igual, hacer lo mismo una y otra vez no va a dar un cambio de resultado, repetir errores, horrores y vicios no va a frenar al fascismo en el Estado español.
Por suerte en Galiza existe el BNG y en Euskadi BILDU y la situación de la izquierda no es tan terrible y el crecimiento de la ultraderecha no es tan grande como en el Estado español.
Pero frenar al fascismo es cosa de todos, a todos los niveles, en Galiza, en España, en Europa y en el mundo entero el fascismo y la ultraderecha son enemigos de la clase trabajadora.
Todos vivimos en la misma sociedad, pero no todos vivimos en la misma situación, ni en las mismas condiciones, muchos trabajadores y pensionistas seguimos no llegando a fin de mes y viviendo con la ansiedad de no saber si tenemos algún futuro, eso está ocurriendo ahora, con el gobierno de la ultraderecha podrá ser peor pero es una realidad para millones y sobrevivir no es lo mismo que vivir.
Trabajadores que tenían una incapacidad absoluta ahora han pasado a tener una incapacidad total para trabajo habitual, ganando mucho menos y convirtiéndose en enfermos en la pobreza, en el caso de que ese trabajador tenga menos de 55 años solo percibirá el 55% de su salario, trabajadores con hijos y familias que mantener pasan de salarios de 1400 a algo más de 700 de un día para otro, enfermarse es pasar de la pobreza a la miseria.
La reforma laboral no se derogó, se maquilló, el despido sigue siendo barato y libre tal y como lo dejó Rajoy, inspección de trabajo sigue sin funcionar, dar derechos sobre el papel no es lo mismo que hacer que los derechos se respeten y las leyes se cumplan.
Es verdad que subió el salario mínimo y eso ha sido una muy buena y necesaria medida, el problema es que la subida se la han comido los aumentos de precios, el coste de la vida, las multinacionales y los especuladores. Por otro lado se han firmado a la baja muchos convenios en tiempos de bonanza gracias al colaboracionismo con la patronal de CCOO y UGT
Por un lado hay más trabajo pero cada vez los salarios permiten comprar menos vienes y servicios, no digamos ya comprar una casa o incluso alquilar un piso que puede llevar hasta el 70% del salario de un trabajador.
Dicen que la macroeconomía va muy bien, irá para los ricos, pero yo no lo he notado, la microeconomía me va muy mal.
Lo que hace a los trabajadores más ricos o más pobres no es el salario que ganan, lo realmente importante es para lo que alcanza ese dinero y si tenemos los servicios básicos garantizados, incluyendo la vivienda.
Seguimos siendo un país que depende del turismo, lo que quiere decir que depende de que a otros países les vaya mejor que a nosotros para que vengan de vacaciones. Una economía débil, sin industria, con salarios insuficientes y trabajos de mala calidad.
Si me pagan el doble de salario y la vida sube el triple la realidad es que soy más pobre, si mí salario no alcanza para la vivienda y los servicios básicos no vivo, como mucho sobrevivo.
Si un trabajador con empleo se mantiene en la pobreza, si un salario o una pensión no llega para vivir con dignidad, no me hables de justicia social, no me digas que eres de izquierdas, por lo menos no me mientas.
Se han hecho muchos más anuncios que medidas, muchas ayudas funcionan mal y llegan muy tarde para quienes están peor, el ingreso mínimo vital, la ley de segunda oportunidad, procesos largos y tortuosos para familias al límite de sus fuerzas.
Más empleo es bueno, pero cuando los nuevos empleos no permiten vivir y tampoco sobrevivir sin ayuda de la familia, o de la limosna, eso no es justicia social.
Nunca votaré a la derecha, ni a la ultraderecha, ni a la socialdemocracia, pero tampoco me haré el ciego y voy a comulgar con ruedas de molino, decir la verdad es un acto revolucionario y he vivido en propias carnés lo dura que es la realidad para un trabajador en manos del INSS, en manos del gobierno autoproclamado más progresista de la historia.
Menos anuncios vacios y más hechos útiles para la clase trabajadora. Para reconstruír la izquierda y vencer a la derecha la clase trabajadora debe ser la protagonista, debe participar y poder tomar decisiones, porque desde un despacho o desde la tranquilidad de un buen trabajo bien renumerado, o un pensión máxima, no se ve la realidad de unas desigualdades que no dejan de crecer entre ricos y pobres.