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Vivir en la desfachatez y la arrogancia

17 de Marzo de 2026
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Vivir en la desfachatez y la arrogancia

La incertidumbre caótica en la que ha sumergido al mundo el zar que habita en la Casablanca con sus delirios y ocurrencias, es el caldo de cultivo perfecto para que vuelvan a chapotear en el barro con más persistencia de la habitual, los personajes que encarnan la desfachatez, la insolencia y la mentira, que sermonean a los demás situándose en el pedestal de oráculo, como si nunca hubieran roto un plato. Como si sus mentiras y baboseo vergonzoso y humillante con el mandamás en USA no hubieran costado centenares de vidas inocentes.

Ver y oír Aznar como se inviste de una autoridad moral—que nunca tuvo—  y de una arrogancia y gravedad impostada en el gesto cada vez que abre la boca para lanzar al aire sus admoniciones y profecías, siempre interesadas y falaces, no solo son una infamia, sino una afrenta a la verdad verificada y a la ciudadanía; porque este trampantojo en el que oculta sus vergüenzas no nos hace olvidar que fue el ser servil que rindió pleitesía al presidente norteamericano—que se jactaba de no haber leído nunca un libro— a costa de arrastrar a España a una guerra injusta orquestada sobre una mentira, que no quería y rechazaba el noventa por ciento de la ciudadanía española.

Resulta indignante y produce vergüenza ajena que hable ex catedra a los españoles como si fuera un docto sobre la vida, la política, el orden social, la tecnología, como cualquier todólogo de los que pululan en las tertulias mediáticas afines, cuando no solo no se ha disculpado por ser partícipe de una mentira global que causo miles de muertos—tardo diez meses en rendir cuentas en el Congreso—; sino que defiende su actuación cuando dice ahora, rematando su infamia, que lo hizo por el bien de los españoles. Demostración palmaria de una mente aberrante empapada de un ego tan superlativo, que le impide reconocer el error y pedir perdón como hicieron hace ya años sus conmilitones causantes de la tragedia: George Buch y Tony Blair.

En este contexto donde todo vale, vuelve a asomar la patita con más fuerza, acompañado por otros fantasmas del pasado, Jaime Mayor Oreja, para reiterar su estrambótico nuevo vaticinio de que España se enfrenta al abismo institucional del que solo la salvará una mayoría absoluta del PP en las próximas elecciones generales. Proclama que sube de grado la tesis que la derecha pepera liderada por Feijóo viene expandiendo: la teoría del caos y de que nada funciona, que solo está en su imaginación, en la realidad paralela en la que vive la derecha desnortada y sin proyecto para los españoles, más que el remedo del lema de ¡váyase señor González! con el que Aznar atacaba a Felipe González, que ahora se llama Sánchez y el sanchísmo.

Viejos lemas para un nuevo tiempo que muestra la oquedad mental de sus dirigentes que siguen actuando conforme a los dictados de Aznar, que vuelve a ser el influencer de la derecha con el que Rajoy cortó por los sano—algo bueno hizo—, pero que ahora vuelve ante la abrumadora falta de liderazgo en el PP, que permite que Aznar recobre el papel de referente áulico que marca el paso de la derecha nacional: el que pueda hacer que haga.

Y con Aznar vuelven a reverdecer los mensajes obsesivos, tozudos, malignos y desvergonzados: el atentado criminal del 11M fue obra de un contubernio entre ETA y el Estado profundo de Francia y una red paralela de servicios secretos no oficiales y masones, como escribe Mayor Oreja, sin rubor y sin prueba alguna, en el libro que le presentó Aznar titulado: Una verdad incómoda. Testimonio de una época: contra el silencio y la mentira. Personajes sin escrúpulos que vuelven a aflorar desde las catacumbas mentales amparados por el contexto de desvergüenza creado por Trump, al que lógicamente rinden pleitesía defendiendo su política de matonismo y de saltarse todas las reglas y derechos internacionales, para cumplir sus deseos arrasando vidas y haciendas de inocentes. Patriotas que siempre andan con la palabra España en la boca, pero que nunca escuchan, ni han escuchado, el clamor de la ciudadanía: ¡No a la guerra!

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