Si al menos le damos el beneficio de la duda al contenido de mi anterior publicación («Todo es un juego»), creo necesario que nos coloquemos en la rampa de salida. No vaya a ser que sea verdad y estemos pasando la vida haciendo el mico.
En algún comentario que me ha llegado desde las redes, hay personas que me plantean serias dudas a la hora de considerar un
«juego» a toda esa enorme carga dramática que se observa en este mundo. Tengo la certeza de que la consideración de que la vida sea un juego no es contradictorio con el sufrimiento que pueda acontecer.
Salvando las distancias, es como esa clase de programas televisivos en los que los concursantes se comprometen a quedarse en la casi más pura orfandad, desnudos y con el único apoyo de una persona del otro sexo, en parajes selváticos o, simplemente, nada acogedores. Y, realmente, las pasan canutas.
La gran diferencia con el juego al que me estoy refiriendo en este texto es que no somos conscientes de que hemos acordado de antemano estar aquí para vivir lo que el universo nos ponga delante.
Y tampoco siento que la meta en este juego sea sólo sobrevivir, que no es poco. Y si no que se lo digan a millones de personas que malviven en otras latitudes.
Entonces, si aceptamos, al menos como hipótesis inicial, que esto es un juego, ¿cómo jugar? ¿Dónde están las reglas de este juego?
Una vez que doy por sentado que se trata de un juego, tenemos que centrarnos en nosotros mismos como los personajes principales del juego, con nuestra estructura natural: nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro sistema emocional, nuestro sistema energético...
Como médico, en mi formación aprendí someramente sobre cómo funcionan nuestros cuerpos. Una biología a la que no se le pueden separar los componentes energético, emocional y mental.
Ya en otras formaciones, tristemente fuera en la Facultad de Medicina, pude estar al tanto de los otros componentes.
Como ya comenté en el anterior escrito, llevo un montón de años trasteando con Diseño Humano. Un sistema de información que, precisamente, nos muestra nuestra disposición constitucional a la hora de colocarnos en la vida de la mejor manera posible.
Pero, ojo. El que poseamos unas herramientas y disposiciones constitucionales, pues las traemos de serie, no quiere decir que estemos viviéndolas como correspondiera. No, no. La cosa no funciona así.
Es, más o menos, como el mensaje final de «la parábola de los talentos»: a cada cual se le va a exigir operar con sus propias características diferenciales, no con las de los demás.
La primera consideración desde Diseño Humano es que no es aleatorio haber venido a vivir en un momento concreto y en una localización concreta del planeta. Esta doble realidad perfila nuestro instrumento radicalmente.
En nuestros mapas individuales estamos representados sobre el papel por nueve centros de energía, y cada uno de ellos nos habla de un sector, un área temática de nuestra vida como humanos.

La segunda gran consideración es que en el mapa, un verdadero mapa del tesoro, está marcada nuestra construcción natal, con los materiales y herramientas que nos han sido asignados... y las áreas donde vamos a recibir una serie de estímulos e influencias externos que van a condicionar con facilidad nuestra existencia en la vida.
Mi idea es, poco a poco, ir mostrando por aquí las particularidades que nos diferencian a los seres humanos en este planeta y en esta vida. La finalidad es clara: si hemos venido a participar en un juego, lo realmente interesante será ganar el juego.
La diferencia sustancial con otros juegos que conocemos es que en éste no es necesario que haya perdedores. Lo único hacia donde tenemos que dirigirnos es a jugar correctamente. Y, para ello, debemos conocer nuestras herramientas.
¿A santo de qué inscribieron eso de «conócete a ti mismo» en el templo de Apolo en Delfos? Pues eso.
Si te interesa algún tema o cuestión concretos, estoy abierto a darle curso en siguientes entregas. Mientras tanto, podéis ojear la página diseñohumano.gratis para obtener más información sobre la herramienta.
Salud para ti y los tuyos.