Una Crónica de Davos: Cooperación, Ética, Humanidad y Nuevos Liderazgos

El sentimiento mayoritario de Davos 2026 se orientó en cómo colaborar en un mundo cada vez más competitivo y geopolíticamente fragmentado

24 de Marzo de 2026
Actualizado a las 9:06h
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Davos crónica

El Foro Económico Mundial (WEF) 2026 ha marcado un punto de inflexión en la geopolítica y la economía mundial, con grandes expectativas y tensiones en los pasillos de los hoteles del pequeño pueblo suizo a raíz de los acontecimientos de la escena internacional, arrancó un evento único y de impacto en el que la llegada de líderes políticos, económicos, sociales y culturales superó las expectativas de otras ediciones. Y es que la edición de este año de este evento único marca un cambio de tendencias que merece la pena analizar al detalle para quienes tuvimos el honor de asistir como invitados. Pero, en primer lugar, debemos ahondar en una realidad, no existe sólo un Foro, existen varios que convergen durante una semana entre la nieve y el bullicio de las calles de Prominate, los hoteles y las casas – pabellones de gobiernos, empresas, instituciones y firmas, es realmente aquí y no sólo en el auditórium de conferencias donde toman la palabra los líderes políticos y económicos donde uno vive el sentir y toma el pulso al presente y futuro de la humanidad. Así, transitar por estos espacios llenos de actividad, conferencias, mesas redondas o exposiciones, permite al invitado conectar con ministros, CEOs de compañías o influencers de la nueva economía a golpe de chocolate caliente o café gratuito servido por los patrocinadores de este evento en el que el poder transformacional se siente en cada esquina vibrante del lugar. Para muchos, asistir a Davos es hacer un canto al pensamiento neoliberal o capitalista, para otros como es que escribe esta crónica, es fundamental estar presente desde cualquier pensamiento en un foro de debate, conexión y alianzas como el que genera el Foro Económico Mundial, un espacio que no te deja en ningún caso impasible.

Así, como iniciaba esta tribuna este año Davos ha marcado varios puntos de inflexión que merecen la pena analizar en profundidad. En primer lugar, desde la escena de la geopolítica mundial, pudimos asistir a la “Conjura de los medianos frente a los poderosos” en esa alianza de los países que no participan en el choque de gigantes para encontrar un espacio de cooperación mutua, defensa compartida de intereses y suma de economías, que individuales no son tan representativas, pero en su suma significativas. Alianzas, que ya transcienden del contexto europeo para abrir paso a lo que parece un nuevo modelo de multilateralismo sin el paraguas de EEUU, presente desde el fin de la segunda guerra mundial de manera paternal y custodia de las democracias occidentales.  A ello, respondió el discurso del primer ministro de Canada Mark Carney, quien con un auditorio en pie apunto el quiebre estructural definitivo de las relaciones del orden internacional como hasta ahora conocíamos y la necesidad de buscar esas nuevas alianzas con nuevos socios. Algo, que fue ratificado por el presidente francés Enmanuelle Macron quien dando continuidad al discurso del líder canadiense vino advertir que el mundo se encamina hacía un espacio sin ley en el que Europa debe ahondar en su refuerzo interno y en el multilateralismo como elemento de seguridad.  Intervenciones todas ellas que de manera clara se orientaban a la administración del presidente de EEUU Donald Trump. Aún, cuando un análisis más profundo y no sólo en el titular de las actuaciones del mismo podrían explicar y objetivizar sus decisiones. No por menos, EEUU afronta una crisis de liderazgo global y de necesidad de posicionamiento en materia de recursos estratégicos y de seguridad que puedan servir en su carrera frente a otros adversarios como China o los nuevos BRICS aliados en su decisión de desbancar en el protagonismo económico y de influencia global al gigante norteamericano.  Por ello, y más allá del “teatro de la política” en las formas y el “Modelo de negociación de extremos “en base al personaje creado por Trump para la audiencia, lo que está detrás es una mente calculadora, hábil e inteligente que, desde una lectura del tablero mundial, hace del riesgo y el impacto sus herramientas para la movilización del destinatario de estas al marco de conformidad perseguido. Por ello, lo que algunos interpretaron en El Foro Económico Mundial de Davos como pasos atrás del presidente Trump. En ámbitos como los de Groenlandia, tal vez fue el resultado de alcanzar los objetivos que siempre persiguió. Por un lado, el del aumento de presencia militar en este territorio de sus socios de la Otan, sin coste para EEUU, por otro lado, el cierre de posibilidades de extracción de las fuentes energéticas del territorio helado para otros competidores mundiales como China o Rusia y además el aumento del coste de defensa en forma de contratos con las empresas norteamericanas, todo ello unido a la posibilidad de influencia de las empresas de EEUU en las reservas de materiales estratégicos en el lugar. Y el resumen de la factura, es sencillo, un magnífico teatro de la política de la teoría del shock y con un ahorro de costes para su administración y con pingues beneficios.

La cooperación global: Clave en el discurso político en Davos

Pero sí algo destaco en los discursos de los líderes políticos en Davos fue el llamado a la cooperación global, así se expresaron los líderes europeos en su ratificación de este concepto como el de la búsqueda del equilibrio de la soberanía y la modernización económica. Compromiso por la cooperación por el que claro China junto con la defensa del libre comercio y la apertura económica. Aspectos a los que otras voces como la de los líderes africanos o de Egipto ahondaron con la visión de una necesaria integración regional de sus ámbitos de influencia, de unidad frente al escenario global.

Palabras y posicionamientos, que si bien hacía el auditorio ratifican la cooperación, en el sentir del espacio tal vez a veces se notaba en algunos de quienes clamaban por la misma más la competencia de los territorios por su influencia y la ratificación en esa línea de la búsqueda de nuevos modelos de bloques frente al choque de trenes del liderazgo global económico de las superpotencias.

No obstante, el sentimiento mayoritario de Davos 2026 se orientó en cómo colaborar en un mundo cada vez más competitivo y geopolíticamente fragmentado. En ello coincidimos líderes de gobiernos, empresas y sociedad civil, en ese pensamiento en que la cooperación público-privada es indispensable, pero también reconociendo la tensión inherente hoy en un mundo en el que cada actor busca preservar sus intereses nacionales y estratégicos.

Fueron así muchas las preguntas que resonaron en todos los espacios durante el foro ¿Cómo construir confianza en un contexto de fragmentación global? ¿Cómo evitar que la competencia tecnológica y económica socave la colaboración internacional?, ante ellas las respuestas fueron claras, así como la conclusión de las mismas la cooperación debe renovarse, adaptarse y evolucionar, reconociendo que el interés común no siempre es evidente, pero en un mundo como el actual imprescindible.

La ética de la innovación a debate

Pero más allá de todo, el Foro Económico Mundial de Davos 2026 no fue solo un espacio de números, gráficos y predicciones económicas. Esta edición puso a través de esos otros foros el de los invitados y participantes en las calles de Davos y en las casas sobre la mesa análisis de gran profundidad sobre la ética de la innovación, la apuesta de la cooperación frente a la competitividad y el papel activo de la sociedad en la construcción del futuro. La tecnología, especialmente la inteligencia artificial, marcó el pulso de las conversaciones, pero con un matiz que pocas veces se aborda: el impacto humano y social de estos cambios.

Así, se analizó como la inteligencia artificial se ha convertido en el nuevo eje del desarrollo económico y social, algo que nos debe dar la oportunidad de cuestionar la responsabilidad ética de este impacto que hoy cada vez es más exponencial y en donde la sostenibilidad también debe jugar un papel clave. Así, más allá de la productividad o el crecimiento, los líderes que asistieron a Davos insistieron en que la IA debe respetar valores humanos fundamentales como: La confianza, la transparencia, la responsabilidad y la alineación con normas sociales. No se trata como se señaló solo de imponer regulaciones; se trata de que los sistemas tecnológicos explican sus decisiones, eviten sesgos y respondan legalmente por sus efectos sociales. Y ante todo contribuyan al desarrollo de las democracias no a la pérdida del valor de las mismas.

El historiador Yuval Noah Harari, una de las voces más esperadas este año en Davos, alertó sobre un riesgo que trasciende lo económico: la IA puede reconfigurar cómo hablamos, pensamos y nos organizamos socialmente. La automatización de la información y el lenguaje dijo, podría alterar los cimientos mismos de la sociedad moderna, condicionando narrativas colectivas y controlando quién tiene acceso al conocimiento. En definitiva, una lección clara compartida por el pensador y los asistentes a este foro: La ética no es un accesorio de la innovación, sino su fundamento.

Pero Davos 2026 no se limitó a mirar hacia arriba, hacia gobiernos y corporaciones. Miró en esta edición hacia abajo, hacia la sociedad muy presente en esta edición, y subrayó que la transformación tecnológica impacta directamente en las personas y comunidades, algo sobre lo que tenemos que enfatizar y construir nuevos relatos de cobertura y atención. La recualificación laboral masiva y la educación continua se convirtieron en temas centrales en esta línea, poniendo de relieve este foro que la formación es un elemento pilar e imprescindible en estas próximas décadas. Las generaciones futuras deberán así desarrollar competencias humanas y digitales de manera constante, porque la adaptabilidad será la moneda de cambio en un mercado laboral en plena metamorfosis.

La salud y la equidad social también se trataron como infraestructuras del progreso. Acceso equitativo a servicios, datos desagregados y políticas centradas en las personas que no pueden ser meras aspiraciones; sino condiciones para un desarrollo humano sostenible. Invertir en educación, bienestar y salud no es un gasto, sino una inversión estratégica para sociedades resilientes y cohesionadas.

Visión del futuro: desafíos globales y riesgos éticos

El futuro, advirtieron los expertos, no está escrito. Pero sí está condicionado por decisiones que hoy parecen técnicas, como la adopción de IA, y por cuestiones sociales, como la cohesión o polarización. La automatización plantea hoy y así se ratificó la necesidad de crear empleos complementarios que potencien a las personas en lugar de reemplazarlas. Todas las profesiones requieren por ello hoy de conciencia ecológica y habilidades verdes, y sin confianza ciudadana, los avances tecnológicos corren el riesgo de generar rechazo y desigualdad en un mundo que pueden enfrentar grandes choques sociales y políticos.

Papel importante, tuvo la presentación del Global Risks Report 2026 que puso sobre la mesa un recordatorio inquietante: La polarización social sigue siendo una amenaza tangible. Recordando como aviso a navegantes que la cohesión, la equidad y la participación activa de la sociedad son elementos esenciales para mitigar riesgos, no opciones en este tiempo. El mensaje fue así contundente: El futuro debe diseñarse con visión humana y ética, no solo con criterios técnicos o económicos.

El papel iberoamericano e hispano en Davos

Pero sí cabe, debemos destacar en esta tribuna otro punto de inflexión en el pulso global de Davos, ese conformado por una comunidad hispana que ha comenzado a tejer su propia narrativa, uniendo voces, iniciativas y liderazgo. Con propuestas de impacto como las del Foro de Líderes Hispanos o Casa Hispania, ámbitos que no son solo fueron punto de encuentros, sino plataformas estratégicas donde se empezaron a construir alianzas, se proyectó influencia y se reivindicó un lugar en la agenda mundial para lo hispano. Más allá de la visibilidad, se trató de consolidar así la presencia iberoamericana, de aportar perspectivas propias en economía, innovación y sostenibilidad, y de demostrar que la cohesión hispana puede transformarse en un actor decisivo en la arquitectura global de ideas, proyectos y cooperación.

En definitiva, el Foro Económico Mundial de Davos 2026 dejó claro que la economía, la política y la tecnología no pueden considerarse en aislamiento. Ética, cooperación y ciudadanía son las coordenadas que guiarán los próximos años, las únicas posibles para la estabilidad de un mundo en cambio. Este en donde La inteligencia artificial y la innovación pueden transformar nuestro planeta para bien, pero solo si se construye sobre valores humanos sólidos y una sociedad comprometida con su propio futuro.

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