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Todo es un juego

27 de Enero de 2026
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Nueva ley del juego en España

Sinceramente, ya lo sabía desde hace mucho tiempo...

En muchas ocasiones, tanto en consulta como en mis escritos, me he referido a que cada persona es un prototipo especial de ser humano colocado en este planeta y ataviado de un conjunto de talentos o herramientas.

Nadie es un calco perfecto de nadie. Somos prototipos especiales de seres humanos. Y todos, sin excepción, somos igualmente válidos para recorrer esta vida en este planeta. Nadie es más que nadie ni tiene más derecho que nadie a vivir.

Esta realidad choca frontalmente con lo que vemos en el mundo hoy en día, y más si lanzamos la vista atrás. Pero no por ello deja de ser un hecho sin discusión posible.

Hace varios meses que mi pareja me pasó el trabajo en red de Javier Wolkoff, de origen argentino y conocido previamente por su actividad docente sobre la cábala judaica.

Pero a mi pareja no le llamó la atención Javier Wolkoff por ser maestro de cábala sino por su reciente desvío en su trayectoria narrativa. Un desvío que le había llevado a dejar la escuela de cábala y dedicarse a compartir un mensaje que le había subyugado.

Y aquí llegamos a la frase del título de este artículo. Esta vida es un juego. Pero no sólo esta vida que estamos viviendo... sino todas las posibles vidas que hayamos vivido y/o que estemos viviendo en universos paralelos.

Un juego perfectamente organizado y programado... y del que no podemos salir. A eso sí que le llamo una verdadera inteligencia artificial. ¡Vaya que sí!

No pretendo resumir toda su propuesta temática en este escrito. Sólo quiero mostrar un salpicado de cuestiones que forman parte de su exposición.

Lo primero a tener en cuenta es que todo lo que está expresando Javier Wolkoff lo atribuye a una especial  conexión con «la fuente». Es producto de una canalización. Sí, una más. Nos está tocando vivir en unos tiempos en los que las mentes de algunos seres humanos son capaces de conectar con entidades diversas.

He de decir que, en muchas ocasiones, cuando escucho o leo sobre cuestiones «canalizadas», los ojos se me hacen chiribitas, mis neuronas explotan y, tras unos segundos, decido pasar página y olvidarme del tema.

Pero a lo largo de mi experiencia he tenido contacto con temas de esa misma procedencia, «canalizaciones», a las que les he dado credibilidad y que, al final, me han demostrado su valía. Una de esas cuestiones ha sido Diseño Humano. Llevo 23 años utilizando esta herramienta y en cada momento puedo agradecer que se haya cruzado en mi camino y me hubiera fijado en su contenido.

Volviendo a este juego de la vida, parece ser que cada uno de nosotros encarnamos un alma que, viviendo una vida bastante aburrida en otro plano dimensional más elevado (¿por ejemplo en séptima dimensión?), con ciclos de vida larguísimos, hemos decidido experimentar una serie de temas en un plano inferior (estas tres dimensiones en las que nos movemos).

Para este viaje, que en el plano original podría durar lo que aquí sería el tiempo de duración de un partido de fútbol, acordaríamos de forma pactada con otras almas servirnos unos a otros con la finalidad de permitirnos vivir temas muy concretos a lo largo de esta vida.

La «gracia del asunto» es que nuestra memoria sobre la preparación de este viaje/juego está taponada, y no tenemos manera de quitarnos la venda que impide ser conscientes de esa realidad.

Como veis, esta descripción tiene un parecido evidente con el tema del karma y la rueda de vidas que nos viene desde las filosofías orientales. Una diferencia sustancial es que en este juego descrito por Javier Wolkoff no habría vidas pasadas sino experiencias vividas por una misma alma de forma simultánea, en universos paralelos.

Como en todo juego, al menos en esta vida, la chispa, el objetivo a conseguir es ganar. La diferencia con otros juegos es que en éste no es necesario que haya perdedores.

¿Y cómo se gana el juego? En primer lugar, pasando por las experiencias que hemos venido a vivir. Y, lo más difícil realmente, aceptándonos tal y como somos. En este proceso de aceptación de nosotros mismos, siempre debe haber un ingrediente fundamental e insustituible: el amor.

Se necesita mucha consciencia y poder sereno para salir airosos en un juego así, ¿no? Pues ahí está la gracia. A la hora de vivir este juego de la vida, observo que converge con lo que nos aporta Diseño Humano, una herramienta que nos da información precisa sobre nuestra caja de herramientas, cómo hemos venido a ser, y sobre la mejor manera con la que podemos colocarnos ante esta vida que nos toca vivir y que, no nos olvidemos, hemos elegido vivir.

¿Y qué es la enfermedad?, ¿qué papel tiene en la vida? Según la información que aporta Javier Wolkoff (y que rubrica mi propia experiencia de médico formado en psicosomática), la enfermedad nos estaría mostrando las consecuencias de estar perdiendo en el juego.

Nadie hemos venido a enfermar a esta vida, salvo en escasas ocasiones, como pudiera verse en los casos de niños que enferman gravemente y mueren. Estas ocasiones se toman como  algo pactado previamente y que serviría para la propia alma del personaje enfermo como para las almas de los personajes que están viviendo a su alrededor.

La vida no se trata de conseguir cosas, bienes externos, alcanzar el éxito, ser más o menos reconocido. La finalidad de esta vida es solamente vivirla pero, eso sí, de forma correcta. Javier Wolkoff insiste en que el juego se desarrolla dentro del jugador, no fuera, en el exterior. Es algo íntimo y personal, aunque lo podamos compartir. Y la mejor manera de enterarnos de que vamos bien, es sentirnos fluir.

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