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¿Todas las opiniones son respetables?

25 de Octubre de 2026
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¿Todas las opiniones son respetables?

Pocas frases parecen tan tolerantes y, al mismo tiempo, tan útiles para evitar pensar. La pronunciamos para cerrar discusiones y proteger nuestras creencias de cualquier crítica. Basta con añadir «es mi opinión» para intentar convertir una afirmación en algo incuestionable. Pero ¿tener una opinión equivale a tener razón o a decir la verdad?

Si alguien afirma que la Tierra es plana, ¿debemos concederle la misma validez que a las pruebas científicas que demuestran lo contrario? Una falsedad no se convierte en verdad porque alguien crea sinceramente en ella. Sócrates hizo de esa diferencia una práctica filosófica. En los diálogos de Platón encontramos a Sócrates preguntando y examinando en Atenas diversas contradicciones.

Entonces exigía razones a quienes presumían de saber. Su método, la mayeútica, de preguntas encadenadas,  nos dejó una lección incómoda: estar convencidos de algo no significa conocer la verdad. Esto no significa despreciar a quien se equivoca. Todas las personas merecen dignidad y tienen derecho a expresar sus ideas dentro del marco de los derechos y las leyes.

No todas las opiniones son respetables, lo que es respetable es el derecho a opinar

Si es respetable  el derecho a opinar. Pero respetarlas no nos obliga tampoco a considerar válidas todas sus afirmaciones. El peligro es que si nos obligamos demasiado a respetar todas las opiniones estamos renunciando al pensamiento crítico. El "yo opino" como sinónimo de "yo digo la verdad" es una quimera muy peligrosa. Las ideas deben estar contrastadas y dictadas por alguien conocedor de su propio discurso.

Opinar no puede convertirse en hacer exabruptos con mala fe para conseguir la atención, disuadir de algo o peor aún: hacer daño a alguien. En una sociedad democrática necesitamos menos opiniones y más certezas; menos descalificaciones y más argumentos. Por eso tanto Sócrates como Platón desconfiaban de la democracia porque en el debate público las opiniones más populares siempre eran las menos respetables arrinconando a las opiniones más respetables y creadas por eruditos, al rincón de la impopularidad.

Quizá debamos sustituir aquella frase por otra más exigente: todas las personas merecen respeto, todas las opiniones pueden discutirse y ninguna debe considerarse verdadera sin razones que la sostengan. Porque respetar a alguien no significa darle siempre la razón. A veces, tomar sus ideas en serio es precisamente atreverse a cuestionarlas. O no?

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