Pere Sardà

Sísifo era catalán

02 de Febrero de 2026
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Sísifo

Sísifo fue un personaje de la mitología griega. Era tan astuto que había conseguido engañar a los dioses. Ambicionaba el dinero y para conseguirlo recurría a cualquier forma de engaño; por ello, después de multitud de vicisitudes, fue castigado, y el castigo consistió en subir una pesada piedra por la ladera de una montaña empinada. Y cuando estuviera a punto de llegar a la cima, la gran roca caería hacia el valle, para que él de nuevo volviera a subirla. Esto tendría que repetirse, una y otra vez, por toda la eternidad.

Albert Camus parte de este mito griego para elaborar un ensayo filosófico que tituló igual, El mito de Sísifo, publicado en 1942. En él desarrolla un conjunto de ideas asociadas con el concepto de lo absurdo y de la inutilidad de la vida.

Explicado quién fue Sísifo y cómo Camus lo utilizó para desarrollar su visión filosófica de la absurdidad de la vida, no pretendo hablar de ello, sino utilizarlo como metáfora para hablar sobre algo que está ocurriendo desde hace un tiempo en Catalunya con los catalanes y los no catalanes.

Sí, ya sé, ¿cómo? ¿Qué tiene que ver? Vamos a ello.

Es noticia estos días el triste accidente de tren en Adamuz (Córdoba) con la pérdida de muchas vidas y heridos. Se habla y se hablará mucho de ello, como corresponde, pero ahora y aquí quisiera hablar del caso de “Rodalies” (Cercanías) en Catalunya.

Obviamente, no es un tema nuevo; al contrario, es recurrente. Los problemas son continuos y graves, afectan a miles y miles de personas cada día, principalmente en Barcelona y su área de influencia. La razón es más que conocida: falta de inversión de forma sistemática.

¿Y por qué? Aquí viene mi razonamiento. Porque los catalanes estamos castigados. Sí, además de expoliados. Expoliados llevamos décadas y décadas, pero castigados, especialmente desde 2017. Nos portamos mal. Nos rebelamos, pero no salió bien. El Estado español tuvo miedo, sí miedo, pero una vez repuestos, ese miedo se convirtió en rabia primero y en venganza después, y aquí estamos, hasta hoy. Y continuará.

Los catalanes somos Sísifo, desafiamos a los dioses y perdimos, ergo debemos ser castigados.

Y en eso está el Estado, no solo el Gobierno (sea el que sea), sino los infinitos reinos de taifas que existen en el conglomerado que es la alta administración del Estado, empresas públicas, la alta judicatura, Guardia Civil, Ejército, Casa Real, etc.

Con el PSOE en el gobierno, si algo ha quedado claro es que el Gobierno propone (leyes) y el Estado dispone. El poder es tal que pueden darle la vuelta a las intenciones que surgen de las leyes. Por ello, los catalanes, día sí y día también, recibimos los ataques desde todos lados en relación a la lengua, a las inversiones, etc.

Valga como ejemplo el cuadro que adjunto sobre el grado de ejecución efectivo de las inversiones previstas en Catalunya y en comparación con la Comunidad de Madrid.

                   

Una cosa es lo presupuestado, fruto de las negociaciones y necesidades del gobierno, y otra cosa es el gasto efectivo, fruto del “trabajo” de las Administraciones del Estado. Estas pueden hacer o no hacer, demorar, suspender, etc. En estas Administraciones no todos son afines al Gobierno; hay mucho alto funcionario, muy español, que no nos perdona lo que hicimos. Además recibieron órdenes: “Quien pueda hacer, que haga”, y en eso están.

En fin, que los catalanes somos Sísifo, empujando una y otra vez la piedra por la eternidad, y lo más grave es que el castigo no es solo el esfuerzo, sino también la repetición… porque esto no tiene fin, salvo que consigamos la independencia.

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