Símulos: La elección entre una Mona Lisa y un bolso Louis Vuitton

Luis Astilleros
01 de Diciembre de 2025
Guardar
La elección entre una Mona Lisa y un bolso Louis Vuitton

...ayudado por su juicio y alimentado por el deseo de fama, Giotto devolvió la pintura al camino de la vida verdadera, imitando lo real tan fielmente que se decía, con razón, que había resucitado un arte que estaba muerto. (Giorgi Vasari) 

En la serie estadounidense ¿Es pastel? (Netflix) unos artistas recrean tartas realistas con el fin de "engañar" al espectador para exponerlas junto a otros objetos no comestibles. Después, un jurado de personalidades prestigiosas busca entre esos objetos simulados donde se esconde el pastel. Para finalizar, entre varios reposteros, la tarta más convincente y parecida a un objeto real gana el concurso.  

En uno de sus episodios se produjo un duelo entre una tarta con la efigie de Mona Lisa y otra que imitaba un bolso tipo Louis Vuitton. En el Da Vinci se logró un resultado magistral a través de la manipulación de las texturas y la precisión del aerógrafo. En cuanto al bolso, era casi imposible discernirlo de uno real. Hasta el más mínimo detalle se reproducía: unas pequeñas tachuelas, las costuras o las rugosidades de la piel. Todo el conjunto contribuye así al espejismo de la imagen, mientras que el jurado-consumidor discierne entre lo falso y lo real, el chocolate y el metal, la mantequilla y la piel sintética.  

La mímesis es capaz de reproducir la naturaleza humana y divina hasta enmascarar la presencia del objeto original. Para tener éxito, las réplicas deben ser perfectas. La identificación de un arquetipo con su imitación es un ejercicio dirigido a sublimar la concupiscencia a través de los sentidos.  

Los simulacros exorcizan los daños de la realidad y satisfacen deseos de guerra, sexo, amor o venganza. La capacidad de convencer y mentir construye un espacio de manifestación del poder que se degrada cuando la hegemonía de los imperios decae. Los iconos, un bolso de lujo o una Mona Lisa de chocolate expresan arquetipos imperiales y su pretensión de permanencia. 

¿Alguien ha masticado una Mona Lisa o un Louis Vuitton? Son fáciles de digerir, de rápida absorción y excretados en unas horas por un aparato de consumo formidable que no se sacia con facilidad. Es satisfactorio, un himno a la abundancia, sin embargo, estos excesos anuncian el fin de la sociedad del placer hacia el gregarismo de los límites; de la productividad enloquecida a los subsidios de supervivencia, de la censura de los Estados a la autorrepresión, de los deseos desenfrenados a la humillación de los pioneros.  

Los gemelos digitales: del átomo al bit 

El término de gemelos digitales surge en la década de 1960 con los sistemas espejados, cuando la NASA trabajaba con simulaciones lo más idénticas posible al espacio. Y no solo se trataba de simular, sino de establecer escenarios predictivos. Se desarrollaron en el ámbito industrial e informático hasta generar una abstracción que controla la realidad concreta. El objeto físico es como la trastienda del ojo, el fundamento sobre el que se construye el universo de imitaciones. La idea previa concretizada es la propia humanidad proyectada sobre el universo de oportunidades ilusorias. La predictibilidad es la certeza de que el bolso o la Mona Lisa existe en algún lugar, en sus innumerables reproducciones digitales. El original es necesario para reproducirlo desde su condición primera hasta convertirlo en un émulo con forma de tarta y transformar ambos productos en una fiesta digestiva.  

La modernidad no necesita el original: sobrevive a través del simulacro. No es exagerado: ¿cuántos bosques primigenios quedan en España? El mundo imaginado está regido por la ilusión de la democracia, del trabajo bien hecho, del fenómeno del aprendizaje o la guerra híbrida esencialmente mental. La ilusión es la sustitución sigilosa del original por dulces fruslerías y menudencias o la sensación de seguridad ofrecida por los poderes públicos. La guerra es un simulacro de lo que podía pasarnos y no sucede entre los habitantes del mundo virtual. La virtualidad es la misma profilaxis del mundo material; asegura el aislamiento productivo y reemplaza la concreción de la carne por los sucedáneos.   

Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo + leído