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Sentencia ZBE Barcelona, Moncho Borrajo y su “cabrón”

12 de Enero de 2026
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Sentencia ZBE Barcelona, Moncho Borrajo y su “cabrón”

¿Cómo puede ser que, en una ciudad con un puerto y un aeropuerto entre otras fuentes de contaminación, la Justicia llegue a determinar que está bien actuar contra las clases más humildes para mejorar la calidad del aire impidiéndoles que se muevan en su coche o limpiando su cuenta corriente?

No hace mucho salió la sentencia del recurso contra la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) impuesta por el Ayuntamiento de Barcelona, en la que de la Asociación Plataforma de Afectados por las Restricciones Circulatorias (PARC) solicitaba su anulación. Entre otras razones, la PARC explicaba, con un criterio absolutamente coherente y razonable, que las fuentes de contaminación más importantes son la incineradora de Tersa, el puerto y el aeropuerto. No hay nada más que ver los chorros de humo que sueltan los barcos y la cantidad de vuelos del aeropuerto, uno de los de más tráfico de Europa. Se insistía en que dadas las evidencias, no parece muy coherente que las emisiones de los vehículos más antiguos sean lo suficientemente significativas para impedir su circulación y más considerando los gravísimos inconvenientes que representan para sus propietarios y familias.

Como ejemplo léase literalmente el punto 6 de los fundamentos de Derecho de la sentencia N.º 4173/2025 de la Sala Contenciosa Administrativa Sección Quinta del TSJ de Cataluña, donde la PARC solicita:

Pues bien, de mi análisis de la sentencia entiendo que esta Sala del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña resolvió fallar a favor del Ayuntamiento de Barcelona, entre otros, por los siguientes motivos:

1.- el Ayuntamiento no tiene competencias sobre el aeropuerto porque está en otro municipio

2.- la Zona Franca donde está el puerto queda fuera de la ZBE y el consistorio tampoco tiene competencia directa

3.- la ley 7/2021 de cambio climático y transición energética obliga al Ayuntamiento a tomar medidas para mejorar la calidad del aire para no ser sancionado

4.- el Real Decreto 1052/2022, de 27 de diciembre, que regula las Zonas de Bajas Emisiones, le obliga a seguir el criterio de las etiquetas medioambientales de la DGT para restringir la circulación

5.- el Ayuntamiento ha creado suficientes excepciones para que los vehículos afectados puedan moverse en determinados casos y horarios (fines de semana y días de diario antes de las 7:00 y después de las 20:00)

Pobrecillo el Ayuntamiento de Barcelona que se ha visto obligado a tener que restringir el tráfico a miles de vehículos para no ser sancionado y de paso obtener unos cuantiosos ingresos en multas.

Pobrecillo que se ha visto forzado a hundir la vida de miles de familias con vehículos clasificados sin etiqueta medioambiental que se han visto obligadas a desembolsar una cantidad considerable de dinero para cambiar su vehículo y poder continuar con su actividad diaria y su estado de bienestar.

Pobrecillo el Ayuntamiento que ve como hay otros miles de familias que no han podido, o no han querido, cambiar su vehículo y que ven diariamente como empeora su calidad de vida en un transporte público ineficiente, o que madrugan y esperan en las gasolineras a que lleguen las ocho de la tarde para poder volver a su casa, que es la hora en la cual el señor feudal tiene a bien abrir las murallas de la ciudad.

Lo que tienen que estar sufriendo el alcalde y sus concejales siendo plenamente conscientes de que las emisiones de este tráfico que se ha visto obligado a restringir son una nimiedad comparada con la incineradora, el puerto y el aeropuerto.

Seguro que se pasan las noches sin dormir los responsables de la Generalitat, del Ministerio de Transición Ecológica o del Ministerio del Interior, así como los componentes del Gobierno de España y los responsables de la Comunidad Europea, no me cabe la menor duda.

¿Nos hemos vuelto locos o qué? ¿Nos toman por idiotas?

Yo, muchas veces, me pregunto quién habrá realizado este entramado de instituciones, competencias y leyes, este laberinto del que no sale nada más que el que tiene la llave de la puerta falsa o, mejor dicho, giratoria. 

Me pregunto si nuestros dirigentes serán humanos o extraterrestres que han venido aquí a destruir nuestra sociedad, porque de otra manera no se entiende. Me viene a la cabeza Orson Wells, Matrix, la serie “V”, esa de los lagartos, porque no cabe otra explicación.

 

Buscando situaciones similares, he recordado esos veranos de sequía de los años 2023 y 2024 cuando en algunas localidades de Barcelona y Girona se impusieron severas restricciones de agua a los vecinos, en lugar de acometer reparaciones urgentes de una red de distribución por la que se perdía más del 60 % del agua, algo que se sabía de antemano. Véase esta auditoría de 2022 de la empresa Agbar (Aguas de Barcelona):

 

¿En qué cabeza de político español, y más aún catalán, cupo pensar en exigir reparaciones urgentes y responsabilidades a las contratas si, cómo mencionó Pascual Maragall en su día, podría haber por medio un 3 % de comisiones?

En el caso de la ZBE ¿cómo a un político que aspire a seguir chupando del bote se le va a ocurrir meterse contra las grandes navieras o los negocios aeroportuarios?

Está demostrado que lo más práctico y cómodo es solucionar los problemas a costa del indefenso ciudadano y si se le puede rascar el bolsillo mediante multas, todavía mejor.

Es aquí cuando vengo a recordar a Moncho Borrajo, uno de los mejores humoristas de este país que anunció este año su retirada de los escenarios. Valiente y comprometido como pocos, vaya desde aquí mi admiración, respeto y cariño.

Moncho Borrajo, en uno de sus monólogos, hablaba de cómo en la época de la dictadura, cuando se tomaba una decisión que no gustaba, con decir que la responsabilidad había sido del “cabrón” ya sabía todo el mundo de quién se trataba y nadie rechistaba. Continuaba indicando que una vez avanzada la transición estos asuntos ya eran diferentes, pues cuando se daba una situación parecida y alguien contestaba que la decisión había sido del “cabrón” ya no se tenía claro de quién se trataba, pues desgraciadamente había ya tantos que uno ya no sabía si eran a nivel local, autonómico, nacional, global o en su conjunto.

Moncho, cuánta razón llevaba usted entonces y sigue llevando ahora, ¿cómo es posible que hayamos llegado a estos extremos y la inmensa mayoría de la gente siga sin rechistar?

Me gustaría preguntarle, aunque probablemente no tenga respuesta: ¿cómo podemos salir de esta situación?

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