Comienzan a aparecerlos primeros resultados de estudios psicológicos en los que participaninvestigadores españoles sobre los efectos del coronavirus en la población. Unainvestigadora Marta Evelia Aparicio, profesora de Psicología en la Complutense,me hace llegar el primer avance de conclusiones del estudio internacional en elque participa el Grupo de Investigación de Estilos Psicológicos, Género y Salud.
Mucho se hahablado de las muertes e infecciones producidas por el COVID19. De lascarencias e insuficiencias de nuestro sistema sanitario para atender aldesbordamiento de los servicios de urgencias. De las tremendas dificultades delos servicios sociales para dar respuesta a las colas del hambre, o a losproblemas sobrevenidos de alojamiento por impago de alquileres.
Se ha debatidosobre las pérdidas de empleo, la necesidad de los ERTEs, la urgencia delIngreso Mínimo Vital. De las caídas del Producto Interior Bruto, la actividadproductiva y otras consecuencias económicas que tardaremos en digerir, consectores muy vulnerables y difícilmente recuperables en las mismas condicionesen las que venían funcionando. De las necesidades educativas cubiertas con lautilización masiva y ex novo del e-learning.
Sin embargo, salvolas consabidas opiniones, sugerencias y consejos psicológicos de expertos, o deenterados, en las abundantes tertulias televisivas, poco conocemos aún cualeshan sido los efectos reales del confinamiento masivo y de la pandemia sobrenuestras mentes.
Puede que, en unprimer momento, mientras vivíamos acosados por la enfermedad y la muerte, noprestásemos atención a los trastornos que se estaban produciendo en nuestrointerior. Es verdad que otros se ocupaban mientras tanto, en el fragor de lapandemia, de salvar lo único importante, el dinero, el pelotazo, el negocio delsuelo y la vivienda, o las grandes operaciones privatizadoras.
Con la nuevanormalidad en marcha, nuestros gobernantes pretenden disfrazarnos la viejanormalidad con mascarilla y gel hidroalcohólico, vivimos un intento desesperadopor recuperar la actividad económica. Es también ahora cuando nos damos cuentade que algo se ha roto dentro de nosotros, que aunque no hayamos perdido lacabeza completamente, hemos perdido nuestro lugar en el mundo.
No es que lohubiéramos encontrado nunca del todo, pero a base de cotidianeidad, buenas y malascostumbres, ritos aprendidos y pese a los infernales y desquiciantes cambiosacelerados que se producían, más o menos actuábamos como si supiéramos quéhacíamos, a dónde íbamos, qué futuro aproximado nos esperaba.
La pandemia consu reguero de muertes, enfermedad, vuelcos en nuestro día a día, en nuestrosempleos, nuestros estudios, nuestro ocio, nos ha situado en otro lugarinesperado, en el filo de una navaja, en un alero, caminando sobre una tapia,al borde de un precipicio. Por eso necesitamos reflexiones y estudiosnacionales e internacionales que tomen nota, analicen y comparen nuestrarealidad, nuestras vivencias, comportamientos y formas de abordar la pandemiacon la situación vivida en otros países.
Uno de los primerostrabajos de investigación de los que he hablado, compara participantes chinoscon españoles, para concluir que la población española se encuentra menossatisfecha que la china con la información sanitaria recibida, al tiempo que hasentido más golpeada su salud psicológica.
Otros estudiosllevados a cabo han analizado aspectoscomo los impactos psicológicos de la violencia social y la violencia sobre lasmujeres durante el confinamiento. El realizado por investigadores einvestigadoras españoles con las Universidades de Huaibei y Singapore detectó quelos participantes españoles informaban de más síntomas físicos de la enfermedadque los chinos (fiebre, tos, malestar físico…).
Al tiempo losespañoles que participaron en el estudio (cerca de 700 personas), se mostrabanmenos satisfechos con la información sanitaria recibida y sufrían con mayorintensidad el confinamiento, el estrés y los procesos depresivos al cabo delprimer mes de confinamiento. El uso de mascarilla era percibido como el estigma,mientras que los chinos se mostraban mucho más preocupados por el impactopsicológico de poder ser discriminados por otros países.
Los resultados deun estudio que ha contado con más del doble de participantes españoles pone de relieve quelas personas más jóvenes de entre 18 y 30 años han sido las que más han sufridoel impacto psicológico del confinamiento, padeciendo mayores síntomas deansiedad, depresión, insatisfacción que las personas mayores de 50 años.
Son los jóvenes ylas mujeres que han tenido que trabajar en casa y atender las tareas familiaresquienes más han sufrido el confinamiento. Por el contrario, las personas quehan salido a trabajar fuera de casa han padecido menos conflictos familiares.
Un tercerestudio, motivado por estas primeras conclusiones fue abordado en colaboracióncon el Grupo de investigación Psicología Cognitiva: medición y modernización deprocesos y con la Universidad Internacional de La Rioja para valorar hasta quépunto el confinamiento había contribuido a incrementar, o no, la violencia encubiertacontra las mujeres, comparando datos previos a la declaración del estado de alarmacon datos recogidos tres meses después del decreto estatal, utilizando muestrasde más de 250 mujeres.
Las primerasconclusiones dejan constancia de que el confinamiento a causa de la pandemia haobligado a muchas mujeres a replantearse su situación personal y social,puntuando en valores más bajos variables como el amor romántico, la pareja, lasactitudes neosexistas, o la maternidad, mientras que preocupan mucho más laansiedad y la depresión, lo cual indica un cambio en la forma de afrontar supapel en la sociedad y la tolerancia ante determinadas situaciones personales,laborales y familiares.
Estamos ante losprimeros avances de conclusiones de diversos estudios de investigadoresnacionales e internacionales. No en todas las sociedades vivimos de la mismamanera las consecuencias de la pandemia y los efectos sobre nuestra saludmental tampoco serán los mismos, pero el mundo ha cambiado y no volverá a serel mismo. Los estudios e investigaciones en curso deben servir para quenuestras mentes vean un poco de luz en la oscuridad de la pandemia, encontrar pistaspara andar un camino escabroso y tortuoso que se nos abre en el horizonte.
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