Nos extraña elfuncionamiento de los virus, no habíamos reparado en estos ínfimos pequeñosseres a los que no todos consideran vivos, a los que nadie consideracompletamente muertos. Algo me ha explicado mi primo veterinario, por mensajesde móvil,
-Hola, primo,mira los seres vivos tenemos tres tipos de ARN en nuestras células, elMensajero, el de Transferencia y el Ribosomal, cada uno tiene una funcióndiferente.
Comenzamos ameternos en el lío. Algo me suena de cuando estudiaba biología en el instituto.Nuestro código genético se encuentra en el núcleo de cada una de nuestrascélulas y, en nuestro caso, está formado por 2 cadenas de ADN.
Los virus sonmucho más variados, aunque sean las partículas vivas, medio vivas, o casi muertas,más pequeñas que se conocen. En esto de vivas o muertas no hay acuerdo, porqueal no poder autorreproducirse parece que les falta esta capacidad quecaracteriza a los seres vivos.
Son un códigogenético encapsulado. Eso sí, su código genético puede estar formado por unacadena (o dos) de ARN, o por una cadena (o dos) de ADN y hasta los hay mixtos,con una cadena de ADN y otra de ARN. Algunos se buscan complementos como estecoronavirus rodeado de salientes de proteína para facilitar su invasión de las células.
Hay que ver lopoco que sabíamos hasta hace unos meses de virus, bacterias, gripes, opandemias. Menos mal que, quien más, quien menos tenemos a alguien de confianzaen la familia que sabe algo del asunto. La clave del daño que nos hace es quepara reproducirse necesita a otros seres, hay miles de virus, unos atacan aplantas, otros a hongos, animales, humanos, bacterias, o incluso a otros virus,dice mi primo,
-Su mecanismo deacción es muy simple, se fijan a una célula, introducen en ella su códigogenético, la célula detiene su metabolismo normal, incorpora ese código al suyoy fabrica miles de virus, muere la célula y miles de copias se liberan, elciclo se reinicia. Cuando en este proceso de incubación han muerto ya muchascélulas se inicia la fase de síntomas, lógico ¿no?
Ademásevolucionan, mutan, modifican su código genético, lo cual les facilita pasar aotras especies. Es lo que ha ocurrido con este coronavirus, como ocurriótambién con la gripe de Kansas que trajeron los soldados americanos durante laI Guerra Mundial (luego la terminaron llamando gripe Española, porque desde lode la Leyenda Negra, nos comemos todos los sucios marrones que se reparten porel mundo. Ahí tenemos al Joker Trump que cualquier día nos acusa de haberlellevado el virus y hasta de sus problemas raciales).
Aquella gripeacabó entre 1918 y 1920 con más de 50 millones de personas en el mundo, einfectó a más de 500 millones en un planeta que, en aquellos momentos, rondabalos 1600 millones de habitantes. Las pandemias han existido siempre, pero sóloles prestamos atención cuando se muestran virulentas, cuando aparecen virus alos que yo llamo más inteligentes, aunque mi primo me corrige,
-No soninteligentes, primo, sólo hacen bien lo que saben hacer. Funcionan, para que loentiendas, como una semilla que germina donde encuentra las mejorescondiciones, es inquietante, pero no más que cuando éramos pequeños, sólo queentonces no sabíamos nada, pensábamos sólo en jugar.
Bueno, no seráninteligentes de uno en uno, pero así, como mutantes, zombis, medio vivos, mediomuertos, sí me parece que tienen una cierta inteligencia natural para aquelloque más debería servir ser inteligentes: la supervivencia.
Me parece quehasta saben aprovechar nuestra globalización para desplazarse rápidamente encómodos aviones, o el cambio climático para ser más eficaces, rápidos yresistentes. Los virus aprenden de nosotros,de cada ser vivo, hasta aprenden a moderar sus efectos porque no nos quierenmatar, sólo intentan utilizarnos para procrear y sobrevivir. Si morimos dejamosde ser útiles para ellos.
Aprenden denosotros. Otra cosa es que nosotros hayamos aprendido algo de ellos, a la vistade las insuficiencias y la dispersión a la hora de organizar nuestraresistencia. Ni camas, ni profesionales, ni medios materiales para hacer frentea una pandemia. Durante un tiempo hemos resistido a base de bandazos, a vecesdando palos de ciego, con aciertos y errores.
Ahora, salgo a lacalle, escucho las noticias, presto atención a los debates y me da la impresiónde que todo el mundo ha dado por cerrada la crisis. Queremos volver a la vidaanormal que abrió las puertas a esta pandemia. Preocupa la economía, preocupael empleo, preocupa el turismo y preocupa mucho la hostelería. La industriapreocupa menos, la España vaciada casi nada.
Hay quien hastaquiere abrir los colegios de par en par, aunque tenga cerrados y en estado desitio sus centros de salud. En lugar de repensar la vida, la economía y elempleo, para sortear el virus y evitar nuevos impactos de otras pandemias queamenazan al planeta, nos empeñamos en volver al mismo ajetreo progresivamentepero con el mismo ímpetu.
Me quedo con unaúltima reflexión de mi primo, el veterinario,
-Vendrán másvirus y también enfermedades tropicales. El cambio climático no los acelera,pero puede hacer que aparezcan en lugares donde antes no lo hubieran hecho yser activos y funcionales en muy poco tiempo, lo cual era impensable.
No sé hasta quépunto lo hemos aprendido, lo hemos entendido, tenemos la voluntad de respetar ala Naturaleza y estamos dispuestos a prepararnos para una nueva realidad, en unnuevo mundo, que ya está aquí.
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