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Las relaciones humanas

21 de Febrero de 2026
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Las relaciones humanas. Amor

Estaba leyendo el resumen de una prensa digital y, en una sinopsis, se hacía referencia al día de San Valentín, que se celebra el 14 de febrero.

No he llegado a abrir el artículo pero en su avance se aludía en una fotografía a una fiesta de «singles», anglicismo por el que se describe a las personas sin pareja. Antiguamente se les llamaba solteras pero, con el paso del tiempo, el colectivo se ha llenado de no sólo personas solteras sino también, y más frecuentemente, separadas, divorciadas y viudas.

Y lo que les une, al menos bajo mi criterio, es que «están en el mercado». O sea, que quieren dejar de estar solas para reorganizar relaciones de pareja que les proporcione una cierta estabilidad.

Está meridianamente claro que esas reuniones se nutren de personas que ya tienen su propio bagaje, ya han vivido sus experiencias en el mundo de las relaciones personales.

En este texto no voy a hacer referencia a los diversos y muy importantes aspectos que conllevan las relaciones entre personas de estos grupos. Por ejemplo, la existencia de hijos provenientes de anteriores relaciones de pareja es un tema de alta importancia en la consolidación de un nuevo emparejamiento.

Pero lo que me ha venido a la mente a la hora de estructurar este escrito es qué nos atrae y qué nos repele de las otras personas de cara a plantearnos una relación de pareja.

Voy a mostrar algo muy simple que sucede en el mundo de la física: los opuestos se atraen y los semejantes se repelen. Esto se puede constatar claramente en la polaridad magnética. Si acercas dos imanes en la misma orientación (norte o sur), no conseguirás juntarlos, se van a repeler totalmente. Cosa que con imanes de diferente polaridad, norte y sur, se logrará una atracción intensa.

No cabe ninguna duda sobre la veracidad de este fenómeno. Ahora bien, en las relaciones humanas no es tan radical esta verdad del mundo de la física.

Es bien claro que entre dos personas puede generarse un chispazo monumental, el típico «flechazo», en un primer contacto sin palabras... incluso sin contacto. Pero la existencia de esa atracción brutal, hasta animal podría decirse, no garantiza que la relación pueda mantenerse en el tiempo en armonía.

Veo necesario que entre las personas que quieran mantener una relación con cierta durabilidad debe haber una resonancia armónica en los diversos aspectos de la vida. Quiero decir con esto que es muy interesante la atracción magnética inmediata e intensa... pero que la sintonía en cuanto a puntos de vista, planteamientos, querencias, objetivos, valores... va a ser fundamental para que una relación se mantenga a flote en el tiempo.

La finalidad de este artículo es mostrar cómo llegar a conocer la realidad de uno mismo y, más aún, de la otra persona de cara a poder aprovecharse de ese conocimiento a la hora de fraguar un emparejamiento.

Una manera es la clásica: pasar por la experiencia de la vida a través de una dinámica «ensayo/error». Es muy interesante pero a mí me parece mucho más interesante, por el ahorro de tiempo y energía, conocernos a nosotros mismos y poder acceder al conocimiento de la otra persona de una forma que exija menos tiempo, dedicación y disgustos que el primer procedimiento descrito.

Yo ya hace 22 años que empleo Diseño Humano, un sistema de información que nos da la oportunidad de conocer de primera mano qué hemos venido a vivir y de qué manera, con qué herramientas, de forma constitucional.

Y lo mismo que puede dar información sobre uno mismo, también se puede obtener cómo puede ser la relación entre dos personas, poniendo frente a frente los dos mapas de sus diseños.

Si quieres averiguar más sobre tu propia estructura humana, puedes navegar de forma autodidacta en esta página que hace unos meses construí con la ayuda inestimable de mi hijo.

Feliz día de San Valentín.

¡¡Ah!! Y no te olvides de que todo esto, aunque no te lo parezca, no deja de ser un juego y será bien importante saber cómo jugarlo.

Salud para ti y los tuyos.

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