Los papeles de Leire son simplemente vomitivos. Y son la prueba de la necesidad de regular el trabajo vinculado a la política; quien trabaje para un partido: su contrato y sus papeles, para que después pueda responder personalmente e, incluso, que el propio partido pueda litigar contra esa persona si ha cometido delitos por su cuenta. Y, vuelvo a insistir, salvo algunos cargos que por su responsabilidad requieran una trayectoria un poco más acendrada, dos legislaturas para cualquier tipo de función pública y la obligación de estar absolutamente apartado durante seis años de todo nombramiento hasta un nuevo periodo de ejercicio, para evitar la consolidación de estructuras de poder ilegítimas. Debería esto ser una prioridad absoluta de los programas electorales, lo fue en el 15M y los de entonces siguen ahí dando mal ejemplo, si no los han echado, claro, los profesionales del ramo.
El espectáculo sórdido de la política no es más repugnante que el de la plantilla de un supermercado; hay que reconocerles una justificación, el trabajo de estos mindundis venidos a más, porque muchos de ellos no se han probado en ningún otro oficio, es manejar las estructuras del Estado, ellos no hablan del reponedor que siempre coloca mal las latas de atún sino de una fiscal, de un jefe de la policía, no hablan del guarro del conserje que le tira los trastos a una niña de dieciséis años sino de un alto cargo de lo que sea, la “sorpresa”, oh, que abusa a su alrededor en todos los sentidos y direcciones, porque el poder no es distinto de la basura diaria que vivimos, sí más solemne, empero.
La gran diferencia entre la perspectiva moral y la ética es asumir la naturaleza humana y regularla para que no dañe, ésta, o esconder bajo la alfombra lo que somos y buscar una esquina para cagar escondido, aquélla. Me explicaré más fino, decía Epicuro de Samos que si “niegas tu naturaleza llegarás a contradicciones”; hay comemierdas, existen los pederastas y el sadismo y el masoquismo son realidades, hay gentes que necesitan pisotear a otras para poder vivir, incluso hay personas que sin ser conscientes fagocitan, parasitan a otras porque no son capaces de asumir su propia realidad. Controlar la biología y el medio en el que nos educamos es imposible, dos gemelas se crían en la misma casa y han vivido distintas circunstancias aunque parezcan iguales.
No debemos calificar a nadie por sus aficiones, llámenlas vicios. La intimidad es inexpugnable, nadie la confiesa. Pero sí tiene que estar muy claro que la inviolabilidad del otro es el límite de todo comportamiento, de ahí la necesidad de proteger a los vulnerables. Toda la impostura del poder, todo ese traje acorbatado y esas señoras tan señoras esconden las mismas bajezas que el mercado de un pueblo. No entiendo por qué no se habla de la farlopa en los servicios del Congreso, ¿recuerdan aquello? O el escándalo de los precios de los cubatas en la cantina del susodicho, ¿sus señorías beben?
La vileza de los intermedios... Feijoo o Sánchez están en su Parnaso: ¿cuánta gente hace falta para que funcione lo que ellos hacen? ¿Se puede manejar esa tela de araña? Los mandos intermedios deben ser útiles para sus amos, deben hacerse imprescindibles pero ¿conocen los jefes sus maneras de actuar? ¿Florentino o Roig tienen idea de cómo se dirigen sus negociados, de si se dejan sobornar para vender más hormigón o más latas de sardinas? ¿Conocen las intrigas de quienes son sus directivos, sus líos, sus delitos, sus familias, sus...?
Los papeles de Leire son vomitivos y prueban, oh nueva sorpresa, lo que ya sabemos. Llorar en las editoriales, mendigar en las instituciones, lampar por un euro rozando la miseria, darse importancia en los lugares estratégicos y pisotear a otros, trincar una responsabilidad y repartir sinecuras para después cobrarse los favores, te convierte en poeta. ¿Te hace Ministra algo diferente? Nada de esto que digo quiere denostar el trabajo de las personas concretas, lo único que describo es que por muy diligente y profesional que seas te rodea la basura humana, es inevitable. La clave está en procurar no generarla y poder controlar toda esta corrupción intrínseca, y una vez más: preocúpate por tu dignidad y tu honradez, hazla inasequible y la suma de intenciones dará el total que beneficia a todos. Los mismos que criticamos esta política degenerada, fea, cutre, seríamos peores ejerciendo los mismos cargos.
Por eso estoy contra la moral, siempre hipócrita. Hay que enfrentarse a lo tumefacto para evitar la muerte del sistema. Yo miro al PSOE y veo un emético. ¿Veo al PP y no veo la misma hez? La regeneración política es una cuestión legal, del Legislativo, de llegar a acuerdos, y los partidos presionados por la opinión pública deben ceder y limpiar estructuralmente las heridas, pero los medios de comunicación (incluyan los vertederos intelectuales de las redes) no “construyen” sino “destruyen”, atacan derramando estiércol sobre los otros pase lo que pase; mis tragaderas no admiten los tropezones del socialismo, pero ¿voy a comulgar con los pringones de los otros? Perdonen, a mí la patria, la bandera, el himno y la fe me importan lo mismo que el más allá y otras patochadas islámico-papales, pero el Estado necesita arrastrar fuera de sí sus necrosis y en ello nos va a la ciudadanía el futuro.