Gonzalo Oses

"Que inventen ellos" (todavía)

17 de Junio de 2020
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Foto Alex Jiménez columna opinión Gonzalo Osés Que inventen ellos (todavía)

“Miprimera reacción: ¡500 dólares! ¡El teléfono más caro del mundo! ¡Y no estáenfocado a los empresarios porque no tiene teclado y, por tanto, no loconvierte en práctico para enviar e-mails!”. Opiniónde Steve Ballmer, CEO de Microsoft, sobre el iPhone, en el año 2007.

En un diccionario María Moliner de 1991, elsignificado de la palabra tecnología era “Técnica de una actividad que seespecifica”. Nada más. A día de hoy, según la Real Academia Española,tecnología es el “conjunto de teorías y de técnicas que permiten elaprovechamiento práctico del conocimiento científico; tratado de los términostécnicos; lenguaje de una ciencia o de un arte; conjunto de instrumentos yprocedimientos industriales de un determinado sector o producto”.

Es más fácil encontrar a Wally en estasdescripciones que alguna referencia a las palabras digital, 4.0 o innovación.

En 1991, las tecnologías que nos facilitan lavida ya existían, como la electricidad, internet, los electrodomésticos, elmóvil… Quedaban tres lustros para el iPhone, el padre de la experiencia digitalsobre la que se han erigido los GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon), y paraque la Covid19 impusiera, en solo tres meses, que adoptáramos eltodo-teletrabajo. Unos cuantos padres esperan las notas finales para saber sihan aprobado.

Con la primera emergencia de la Covid19, me hasorprendido cómo, al recurrir a los canales oficiales o exponenciales de ayudapráctica con una propuesta para minimizar la infección de este coronavirus,tras un desarrollo científico de un lustro basado en medicina natural para otraenfermedad, nos han dedicado buenas palabras, pero nadie se ha planteado nisiquiera un estudio observacional.

Llamadme populista, pero da igual que mueranpersonas y que la Covid tenga secuestrada la economía mundial. Al final, habráque pasar por el aro y llegar a un acuerdo con una farmacéutica para que paguela carísima segunda fase de un ensayo clínico. Me cuesta asumir que la vidahumana es un negocio.

¿Por qué los investigadores anteponemosnuestras convicciones frente a los que vienen con otro método científico? ¿Porqué un médico no se ha atrevido a corroborar que unas pocas personas con Covidhan mejorado, argumentando que no había datos anteriores de esos pacientes?¿Por qué se sigue creyendo que apostar por lo diferente es pifiarla, cuandoforma parte del método científico del ensayo y error? ¿Por qué nos empeñamos enseguir haciendo actuales las palabras del maestro Unamuno “Que inventen ellos”del 30 de mayo de 1906? ¿Cuántos investigadores sanitarios siguen usando susNokia o Motorola de 1991?

Desde aquí, pido a quienes nos han dado lanegativa por respuesta que sigan con su método, que también ayudan. Y ya quetenemos un ministro astronauta, aprovecho para proponer que se cree una pistade aterrizaje para los satélites, los outsiders. Quizás, entre mil locaspropuestas, hay una que viene a ser "el iPhone anticovid".

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