España ha tenido durante la Democracia siete presidentes de gobierno desde su inicio tras la aprobación de la Constitución de 1978.
Aquí voy a realizar una pequeña reseña de cada uno de ellos, ya que, si echan un vistazo a la Wikipedia pueden informarse ampliamente de sus “andanzas”. Y, obviamente, a tenor del título de este escrito, me da que el presidente actual, Pedro Sánchez, es el más castigado por el “lawfare”.
Con la ayuda de un magnifico artículo publicado en un medio progresista (aunque quizás no lo suficientemente progresista) voy a dejar meridianamente claro eso del “lawfare” y el peligro que ello conlleva para la Democracia española y para cualquier Democracia. Será luego de lo señalado de cada uno.
El primer presidente de la Democracia fue Adolfo Suárez de UCD (1976/1981), en principio elegido por el Rey y luego “democráticamente” (pongo democráticamente entre comillas porque soy de los que piensa que las elecciones no son muy del todo democráticas, pero esa es otra historia), que lideró la redacción de la Constitución y fue el primero en adoptar la llamada Transición, para algunos “modélica” y para otros -entre los que me cuento- una continuación descafeinada de los Principios Fundamentales del Movimiento Nacional, con una Constitución copiada, para muchos, casi al cien por cien, de la de Alemania. Las malas lenguas dicen que tuvo “algún que otro problema” con una “empleada”, pero no sufrió lawfare de ningún tipo y la denunciante lo ha hecho, al parecer, muchos años después de ocurrir. Entresijos presidenciales…
El segundo presidente de la Democracia fue Leopoldo Calvo-Sotelo (1981/1982), que asumió el cargo durante el intento de golpe de estado de 1981 y concretó el ingreso de España en la OTAN, que luego se votó siendo presidente Felipe González, pues solo estuvo de presidente un año. No hubo tiempo para nada ni para lawfare, evidentemente.
Después vino D. Felipe González Márquez (1982/1996) del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Hasta la fecha el presidente con más tiempo en el cargo (muy afortunadamente para algunos), impulsó la entrada en la Comunidad Económica Europea (actual Unión Europea del latifundismo entre otros “menesteres”) y consolidó el Estado del bienestar de casi todos sus parroquianos preferentemente. Empezó muy bien y España lo notó, de ahí sus victorias. Pero ha terminado derechizado y “amigo” de Aznar, con lo cual está todo dicho. No sufrió nada absolutamente de lawfare, tuvo demasiado poder, sus huestes dominaban casi toda España para que la justicia le rechistara. Se dice que incluso el ya fallecido presiente del Banco Santander, Emilio Botín, pidió a sus empleados que le votaran. Un dato, de ser cierto, curioso y que la izquierda no detectó y tenía un gran significado económico: ¿Su apoyo a la Banca? ¡Qué cosas! Las que la ciudadanía nunca entenderá ni viéndolas. Se separó de su esposa Carmen Romero y no sé si tiene otra “compañera”, lo que sí se sabe es que ha comprado una “finquita” entre castaños y alcornoques cerca de Guadalupe de 50 hectáreas, pequeña, pero rodeada de un latifundio enorme de un inversor argentino que no conoce España. ¡Raro! Por lo menos, un poquitín raro, aunque de sobra es conocido que D. Felipe tiene más de una doble nacionalidad con países de Centro América y Sudamérica y que, con frecuencia, viajaba mucho a Colombia, que está plagada de narcos y otras especies despreciables de la sociedad. En fin…
Luego, tardío pero cierto, llegó José María Aznar (de mote, puesto por un servidor, “El Muñeco Luciano”, en alusión a un caramelo muy feo de mi infancia) del Partido Popular (1996/2004). Su etapa está marcada por la adopción del euro (qué gran acierto, ¡puff!) y las privatizaciones de grandes empresas públicas que en la actualidad está forrando a más de un “degenerado” y empobreciendo cada día más a gran parte de la ciudadanía. Un sinfín de capitalistas de la peor calaña han terminado “arrecostados” (como decimos en mi pueblo) en él para sus peripecias. Y casi todos sus ministros están imputados o han sido condenados por algún caso de corrupción, el más importante el “caso Montoro” de la actualidad, y aunque parezca mentira, la justicia lo tiene en un pedestal y, por supuesto, no hay ningún tipo de lawfare contra él, hasta el punto de “perdonarle” a su esposa -cuando era alcaldesa de Madrid- la venta más que irregular de ¡3.000! viviendas a un fondo buitre. Su frase “el que pueda hacer que haga”, según los politólogos más afamados, ha sido adoptada por la judicatura al pie juntillo, que se decía de algo claro en mi juventud. Para terminar con este “nota”, decir que anda por ahí dando lecciones de ética sin que se le caiga la cara -la jeta- de vergüenza, aunque, ni que decir tiene, la vergüenza es para él algo efímero propio de gente “morigerado”.
El siguiente en la lista es José Luis Rodríguez Zapatero del PSOE (2004/2011). Llevó a cabo ampliaciones de derechos sociales (lo cual le honra) y gestionó el inicio de la crisis económica de 2008. Curiosamente, en la vejez, o, mejor dicho, ya de mayor, se ha visto envuelto en un caso de corruptelas en el que andan cerca, según parece, sus “niñas”, lo que me trae a la memoria las “niñas” de José Bono (al que Zapatero ganó por muy poco para ser secretario general del PSOE), una de ellas, si mal no recuerdo, estudiante en Suiza, lo que, conociendo a Meabono, como servidor lo llama, da bastante qué pensar sobre posibles o presuntas triquiñuelas. Ya veremos cómo acaba la “chuscada” de Zapatero y si no es sólo algo semejante a una chilindrina. En cualquier caso, está más que claro que está recibiendo una miajita de lawfare (persecución judicial) que se puede llevar por delante parte de su prestigio y no parece que sea muy justo. Lo sabremos pronto, contra la gente del PSOE corre la justicia que se las pela, y si no miren lo del Fiscal General y compárenlo con el caso Kitchen, por citar sólo un ejemplo.
Ahora viene un “personaje” del Partido Popular con el que es verdaderamente difícil aguantarse la risa, por supuesto, sin ánimo de incordiar y con total respeto hacia su persona, aunque, como muy bien dice un hijo de un servidor, el respeto hay que ganárselo y merecerlo por cómo se comporta uno en la vida. Se trata de D. Mariano Rajoy Brey (2011/2018). Por favor, no confundir con el M. Rajoy de los papeles de Bárcena. Enfrentó la recesión económica con políticas de ajuste -como no podía ser de otra forma en un individuo de derechas- y la crisis institucional de Cataluña de 2017 que, por cierto, todavía colea. Poco o nada se puede decir de este hombre que, a mi modo de ver, permaneció durante su mandato de brazos cruzados (algo muy propio de la gente del PP) y más pendiente de los resultados del Real Madrid que de su gestión gubernativa. Por ahí están un montón de casos de corrupción (incluido el de Montoro también) que se dieron durante su mandato, con lo de la policía patriótica como ejemplar que aún no se han resuelto, a pesar de que La Audiencia Nacional ha encontrado pruebas de que la llamada “policía patriótica” del Partido Popular espió ilegalmente a los 69 diputados que Podemos logró tras las elecciones de diciembre de 2015. Lo mandó a casita una moción de censura en el 2018 que puso en el gobierno a Pedro Sánchez Pérez-Castejón, del que trataremos –junto a un gran informe sobre el lawfare- en la segunda parte de este escrito.
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