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¿Por qué no nos suicidamos?

28 de Septiembre de 2026
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Albert Camus ¿Por qué no nos suicidamos

Recordando a Albert Camus surge aquella pregunta: ¿debemos o no suicidarnos? O, formulada de manera más radical: ¿merece la pena vivir? Camus afirma en El mito de Sísifo que «no hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio».

La cuestión es anterior a cualquier otra: antes de preguntarnos qué es la verdad o cómo debemos vivir, debemos preguntarnos si merece la pena seguir viviendo. En el mito, Sísifo fue condenado a empujar eternamente una piedra hasta la cima de una montaña para verla caer una y otra vez. Para Camus, su destino representa una imagen extrema de nuestra existencia.

Solo hay una pregunta: ¿Debemos o no suicidarnos? Camus resuelve que no, y que debemos aceptar el absurdo

La vida se repite y finalmente morimos. Pero el problema no es solo la repetición: es que el ser humano exige un sentido y el mundo permanece en silencio. De ese encuentro nace el absurdo. El absurdo no está simplemente en nosotros ni en el mundo, sino en la confrontación entre nuestra necesidad de comprender y la ausencia de una respuesta definitiva. Queremos saber para qué vivimos, pero no encontramos una explicación última. Ante ello, podemos intentar escapar. Uno de esos escapes es el suicidio.

Pero Camus lo rechaza: si la existencia es absurda, acabar con ella no resuelve el absurdo, sino que elimina al hombre que lo experimenta. También podemos refugiarnos en una explicación absoluta, convirtiendo una fe o una esperanza en una respuesta definitiva. Para Camus, eso supone abandonar la lucidez ante el absurdo. Es decir: inventar un sentido.

Pero su propuesta es otra: vivir sin escapar. Aceptar el absurdo no significa afirmar que nada importa. Significa renunciar a exigirle al universo una justificación que quizá nunca nos dará. Aquí está la libertad del hombre absurdo: vivir sin una garantía trascendente y, aun así, afirmar la vida. Por eso Sísifo puede ser imaginado feliz. Su piedra volverá a caer. No existe una victoria final, pero tampoco necesita esperar una para vivir. Su conciencia de la condena se convierte en una forma de rebelión.

Quizá la vida no tenga un sentido absoluto. Camus no intenta sustituir esa ausencia inventando otro. Nos propone algo más difícil: vivir plenamente sin resolver el misterio. Estamos aquí. No sabemos por qué con certeza última. Y, sin embargo, seguimos viviendo. La piedra vuelve a caer. Y nosotros volvemos a levantarla. Mañana llegará otra vez y nos haremos la misma pregunta: ¿Merece la pena vivir?

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