En la última ceremonia de entrega de los Globos de Oro, un periodista vio al actor Mark Ruffalo caminando por la alfombra roja, y le preguntó qué significaba el pin que llevaba en la solapa. El actor se acercó al periodista, le enseñó el pin y le dijo que era por Renee Nicole Good la mujer asesinada a sangre fría, casi a quemarropa, por un agente de la ICE, el servicio de inmigración y control de aduanas, la policía de gatillo fácil que el presidente demente ha desplegado por todo el país y que actúa como una especie de Gestapo sembrando el pánico entre la población, sobre todo entre los inmigrantes a los que este cuerpo policial persigue y da caza como si fueran peligrosas alimañas en vez de lo que son: personas, seres humanos.
Pero ya que le habían preguntado, Mark Ruffalo aprovechó para decir que “Trump es el peor ser humano, y que estamos en una guerra con Venezuela, a la que invadimos ilegalmente (para secuestrar a su presidente porque su país tiene mucho petróleo y muchas otras riquezas que no se las quiere dar a Trump por las buenas, le faltó decir). Ruffalo declaró que Trump está diciendo al mundo que el derecho internacional no le importa, que lo único que le importa, su único límite, según sus palabras, es su propia moralidad, pero ¿con qué clase de moralidad cuenta un delincuente condenado o violador condenado?. “Trump es un pedófilo (además de un defraudador, un golpista y un fascista neonazi disfrazado de demócrata republicano) y si confiamos en la moralidad de este tipo, sigue diciendo Ruffalo, para presidir el país más poderoso del mundo, entonces tenemos un montón de problemas”. “Así que esto, dice Ruffalo levantando la solapa para acercar el pin al periodista, es para la gente de los Estado Unidos que hoy está aterrorizada y asustada. Y yo soy uno de ellos, me encanta este país y lo que estoy viendo aquí no es América” termina diciendo. Su declaración fue un valiente grito de resistencia y conciencia social, haciendo visible el miedo y la incertidumbre que enfrentan muchas personas en Estado Unidos.
Pero no es solamente en los Estados Unidos donde este sociópata mentiroso compulsivo con aspiraciones a convertirse en el dictador de su país y emperador del mundo siembra el miedo y la incertidumbre, también en Europa, un continente al que este matón desprecia y culpa de todo, él mismo dijo en una ocasión que “la UE se formó con el fin de arruinar a su país, algo que ha logrado hasta el momento. Ése es su propósito”. No hace falta decir que este peligroso tarado que increíblemente ocupa la presidencia del país más poderoso del mundo, nunca ha hecho la más mínima autocrítica de nada, y está convencido que todos los males que aquejan a los EEUU no son culpa de los propios EEUU sino de todos los demás países, sobre todo de Europa.
Trump es un perturbado de manual que necesita alimentar constantemente a su insaciable ego, por eso no hay día que no aparezca en los medios de comunicación insultando, despreciando, humillando y amenazando a cualquiera que no arrodille ante él. Hace pocos días recibió a María Corina Machado en la Casa Blanca, y la hizo pasar por la puerta de servicio para indicarle su rango, y ésta, y aquí se ve su catadura moral, su indignidad, para halagar de una manera humillante y vergonzosa al emperador, le regaló su reciente premio Nobel de la Paz. A Noruega, que hizo un gran papelón dándole el Premio Nobel a Corina Machado, no le ha gustado nada este acto que ha sido calificado como “patético, insólito o ridículo” por los medios de comunicación noruegos. La institución que entrega los premios Nobel, ha declarado que “una medalla puede cambiar de dueño, pero el título de Premio Nobel de la Paz, no”. Noruega debería medir sus palabras, no sea que a Trump le de una de sus ventoleras y amenace que invadir Noruega, como ya ha amenazado en varias ocasiones a Dinamarca con invadir y quedarse con Groenlandia, la isla continente que pertenece al pueblo danés desde hace siglos. Pero a Trump, el pirata de los siete mares, le gusta Groenlandia tanto como desprecia todo derecho, norma, ley y tratado internacional, y ha avisado a Dinamarca que no tardando mucho se quedará con ella por la buenas o por las malas. Y lanza esta amenaza con la tranquilidad del que se considera por encima de toda ley, y solo se debe a su propia moralidad, que es lo mismo que decir a ninguna.
A todo esto, los dirigentes de la Unión Europea siguen escondidos en sus despachos sin atreverse a plantar cara al matón, al que la primera vez que habló con quedarse Groenlandia que, como sabemos, forma parte de Dinamarca, un país miembro de la Unión Europea y de la OTAN, deberían haberle hablado de una manera clara y contundente, como se habla a un matón, dejándole claro que apoderarse de un territorio de la Unión acarrearía muy graves consecuencias para los EEUU, y desde luego para Trump y su gobierno. Pero la Unión solo ha hecho públicos unos tibios, tímidos y respetuosos comunicados de protesta que han hecho que el matón, vista la tenue, suave, moderada y cobarde reacción de Europa, se haya envalentonado aún más. Porque los matones solo entienden la fuerza, y se pasan los comunicados, y más si son de este tipo, por el arco del triunfo.
Aquí en España también hay miedo e incertidumbre por las amenazas que ha lanzado a Europa este peligroso personaje, este “narcisista maligno” como lo califican varios expertos en salud mental, un patrón de conducta especialmente peligroso cuando se da en figuras con poder político. Uno de los análisis más contundentes es el del psicólogo John Gartner, ex profesor de la Universidad John Hopkins, quien compara el perfil psicológico de Trump con algunos de los dictadores más sanguinarios del siglo XX. “Cuando comparo a Trump con Hitler… es que están cortados por el mismo patrón y tienen el mismo trastorno de personalidad” ha afirmado Gartner, subrayando la gravedad de este tipo de rasgos cuando se trasladan al ámbito del liderazgo político. ¿Y en qué consiste ese “narcisismo maligno” que aqueja a Trump?. La respuesta es que el narcisismo maligno es una forma extrema del narcisismo común, y se caracteriza por una sensación de grandiosidad, una necesidad constante de admiración y una marcada falta de empatía. A ello se suma la tendencia a manipular, a romper las normas, a percibir enemigos en todos los frentes y, en los casos más graves, a disfrutar del daño ajeno. Gartner sostiene que ese patrón de conducta lleva a Trump a situarse “por encima de todo y de todos” algo que, a su juicio, se refleja en numerosas declaraciones públicas y en su forma de relacionarse con periodistas y adversarios políticos. Y uno, sin ser psicólogo, también percibe como un síntoma de su narcisismo maligno ese estar sentado en su “trono” como un emperador mientras todos los que le rodean están de pie escuchándole como si hablara Dios, y al que no le ríe la gracias y osa hacerle alguna pregunta incómoda le responde con descalificaciones e insultos que pueden variar dependiendo del humor con que se haya levantado. Sigue diciendo el profesor Gartner que “Trump, como narcisista maligno que es, ha tomado el control de la sociedad y establecido un nuevo conjunto de normas, creando una nueva realidad a través de la propaganda”. También dice el profesor que le preocupan los frecuentes lapsus del mandatario, como confundir países y nombres propios “primero confunde los nombres y luego confunde a los países”, una manifestación de patología y deterioro cognitivo” asegura Gartner. Además apunta a que su entorno sería consciente de esta situación, pero evitaría intervenir por miedo a represalias.
Aquí en España, aunque parezca mentira, hay Trumpistas tan devotos como puedan serlo los Trumpistas norteamericanos, unos “patriotas” muy españoles y mucho españoles que suplican que Trump hagan lo mismo en España que ha hecho en Venezuela. Vito Quiles publica una foto del palacio de La Moncloa y escribe: “Estimado presidente Trump, el nuestro duerme aquí”. Fran Rivera, otro peso pesado de la intelectualidad conservadora, graba un vídeo y suelta: “no pare ahora, hay que seguir, mire pa cá” Y las juventudes del Partido Popular comparten memes poniendo la cara de Zapatero sobre la de Maduro”. Su idea de patriotismo es suplicarle a un presidente extranjero que invada su propio país. Parece ser que para ellos amar a España es arrodillarse ante el tipo que nos pone aranceles abusivos, que amenaza con invadir territorio europeo, que nos humilla cada vez que abre la boca. Estos “patriotas” desconocen un artículo de nuestro código penal, concretamente el 581 que dice que “el español que indujere a una potencia extranjera a declarar la guerra a España o se concertare con ella para el mismo fin, será castigado con la pena de prisión de quince a veinte años.” Pero no vale la pena aplicarles esa ley porque son solo unos pobres mediocres, incapaces de manejar su propia frustración, aunque muy capaces de vendernos a un poder extranjero antes que aceptar que no gobiernan los suyos. Todavía no han aprendido estos patriotas que los gobiernos se cambian en las urnas, no llamando a intervenir a potencias extranjeras.
Algunos nos preguntamos qué harían estos españoles de verdad, estos buenos patriotas, si en un futuro cercano, Trump, su nuevo santo patrón, regala Ceuta y Melilla a su socio estratégico marroquí para tenerlo contento. Y qué harían si Trump invade las Islas Canarias y las añade como un Estado más de los EEUU para competir mejor contra China y Rusia en el continente africano. En estos casos, que no serían muy descabellados dada la catadura, el pelaje del nuevo emperador, cabría preguntarse si los “patriotas” lamebotas como Quiles, Rivera, Abascal. Ayuso, Feijóo, Tellado, Bendodo y demás lumbreras de la ultraderecha, también seguirían jaleando y aplaudiendo a Trump hasta romperse la manos, o quizás caerían en la cuenta que no han sido otra cosa que los tontos útiles que necesitaba el emperador para conseguir sus objetivos.
Ya no sabe uno quién le da más miedo, si el nuevo Hitler anaranjado, el narcisista maligno más poderoso de todos los tiempos, o los esbirros, los siervos, los “patriotas” vendidos que se postran y arrastran ante él.