Un millón y medio de personas se apelotonarán, no hay otro verbo que lo explique más clarito, en la Cibeles para escuchar al Santo, santo y popular, Padre.
Seiscientas mil personas han comprado entradas para ver a Bad Bunny (¿paga el nombre derechos a la Warner para compensar al de las orejas y la zanahoria en la mano?) Y otra cantidad similar de personas se apelotonará, otra vez el apelotonamiento, alrededor del Wanda para escuchar la música. Sin ver al músico, pero en tiempo presente y en directo.
Yo que soy un soñador, un personaje de ficción, de repente SIENTO PENA DE MÍ MISMO. He sido luchador en rings por el mundo entero, experto en crónica negra (en la época se le llamaba a la sección de los periódicos SUCESOS), he protagonizado varios libros, cantado con los Planta Baja en Libertad 8..., y quienes han leído la novela que lleva como título mi nombre piensan que soy capaz incluso de acabar con la vida de otro. También se leer las líneas de las manos, escribo sobre F1 y tenis, llevo coleta y conduzco un Chevrolet corvete del 63 en Mad Madrid, una ciudad que aún es más grande, porque en ella acabe cualquier ficción, que la que van a reventar estos días el Papa y Bad Bunny. Pero nunca he sido carterista...
No se le ocurrió a mi creador, al Padrecito Puebla. Y hoy SIENTO PENA DE MÍ MISMO porque me imagino a todas las comadrejas y zorros de dedos hábiles que estarán llegando a la capital de España, también en manada, relamiéndose ya con la cantidad de teléfonos y carteras que van a echarse a la saca, como si fueran modernos políticos.
Doy la bienvenida a todos, en primer lugar y por supuesto, al Papa cuyo nombre desconozco (podría buscarlo en internet pero estoy dictando por guasap y no quiero perder el hilo) y al Conejo Malo que no duda en explotarse hasta el límite a sí mismo. Y también a todos los felices peregrinos y seguidores del conejo que hace discos.
Pero no voy a ir a ver a ninguno. Esperaré a que se hayan acostado, los protagonistas y su público, y luego, como de costumbre, cuando las calles se hayan vaciado, saldré a pasear solo, tranquilo y disfrutando de mi propio ritmo.
A las once y media de la noche ayer era la única persona que caminaba por el paseo de coches donde se celebra, también en Madrid, la terriblemente mastodóntica Feria del libro.
Tigre Libre
Tigre Libro