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¿Pactos de la Moncloa en 2020 y con monarquía?

08 de Abril de 2020
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Disculpe que ponga en duda que la historia lo tengaprevisto.

El 31 de marzo Santiago Abascal, alguien que sigue sintener nada que perder diga lo que diga, reclamó un “gobierno de concentración”apoyado por PSOE, PP y Vox. Al poco, Pedro Sánchez se dio cuenta de laoportunidad que se le presentaba, probablemente después de que Inés Arrimadas yJoaquín Estefanía se refirieran a los Pactos de la Moncloa.

El gobierno celebra lo de la curva que se va enderezandocomo si la pandemia estuviera descontando sus últimas víctimas, pero, al mismotiempo, no parece preocuparle el hecho de que España haya conquistado elliderazgo mundial en infectados y muertos por cada millón de habitantes.Posición de “privilegio” que no creo que abandonemos hasta el final de una“guerra” tan rara que incluso mueren algunos generales.

Pero la suerte está echada y el viaje de vuelta desde elconfinamiento hasta la política lo protagonizará el debate sobre unos pactosparecidos a los que se firmaron el 25 de octubre de 1977. Aquellos de “laMoncloa” que cada cual puede contar como le parezca pues, a fin de cuentas, elpasado está disponible hasta para reescribirlo con intenciones no confesables.

Digan lo que digan quienes quieren que admiremos a los“héroes” de una transición de la que han sido sus principales beneficiarios, locierto es que los Pactos de la Moncloa se firmaron a los cuatro meses de lavictoria de Suárez en las primeras elecciones generales sin Franco, peroconvocadas bajo una normativa electoral aprobada por Suárez y calculada paraganarlas: la prueba de ello es que si el voto de cada español hubiera valido lomismo al menos ese día, el 15 de junio, los franquistas reconvertidos de UCD yAP habrían conseguido 161 escaños en lugar de 181, los antifranquistas de PSOE,PCE y PSP 162 en lugar de 144 (a pesar de que los de Felipe González habríanconseguido 7 menos), y los partidos no estatales 27 en lugar de 25.

En ese caso, es probable que se hubieran firmado pactosen La Moncloa o en cualquier otro sitio, pero habrían sido liderados por ungobierno antifranquista, pues solo entre vascos y catalanes contrarios a ladictadura sumaban más de 20 escaños de los 27, lo que habría servido paracomponer una mayoría absoluta suficiente y quien sabe si un primer gobierno decoalición, algo imprescindible para para estrenar bien una democracia.

Pero repasemos a los líderes con “derecho a veto” anteesos pactos, un privilegio que desea cualquiera con ansias de poder.

Pedro Sánchez. Su problema es que España va anecesitar muchísimo dinero de Europa. Y para conseguirlo, nada mejor queofrecer estabilidad. Mientras escribo “La Voz de Galicia” informa que “Merkelpropone que España acepte un rescate con pocas condiciones”. En cualquier caso,todo hace pensar que Sánchez se siente fuerte.

Pablo Iglesias. Solo hay que leer lo último deMonedero para saber que Pablo comparte, como profesor de la Facultad dePolíticas, un análisis crítico de los pactos de 1977. Pero si llegamos al finaldel mismo artículo tendremos claro también que UP apoyará a Pedro Sánchez,aunque sea a base de negar la evidencia: quienes pagaran más por menos seránellos y no el PSOE.

Pablo Casado. Sigue jugando al “cuanto peor,mejor”, como hizo el Montoro que en 2010 le dijo a Oramas aquello de “que sehunda España…”. Sigo sin entender a la gente que dice que Rajoy no era tanvenenoso como Casado, pues ambos se vuelcan cuando se trata de sacar beneficiode algún terremoto. Por tanto, el del PP solo se sumará al acuerdo si no lohacen los catalanes, o si estos resultan públicamente humillados en la movida,algo imposible. A lo que no renuncia Casado es a repetir las consignas de laFAES, acusando ahora a Sánchez e Iglesias de buscar con el pacto un “cambio derégimen”. Y tampoco olvida practicar la demagogia simplista, aprovechando paraconvertirse en líder sindical y reclamar una paga extra para los profesionalessanitarios.  

Quim Torra. El deseo no confesado, pero quecomparten todos los que están por la unidad de España casi a cualquier precio(solo en el “casi” estaría la diferencia entre unos y otros) es que lanegociación de este nuevo pacto contribuya a romper un poco más la unidadconflictiva que mantienen los de Puigdemont y Junqueras. Y mientras loscatalanes no firmen, ningún pacto se podrá llamar “de la Moncloa”.

Conclusión

La España de aquellos años necesitaba que sus políticosaprendieran el abecé de la democracia mientras la practicaban, incluida lalección de “negociaciones y pactos”, pues venían de vivir cuatro décadasdominados por los asesinos del 18 de julio, de la guerra civil y la dictadura.Y para aprender practicando no se pueden buscar atajos.

En cambio, los buscaron. Entre otras cosas, con una leyelectoral que les permitiera gobernar sin pactar. Y así ha sido durante 40años. Gracias a la tergiversación “legal” de 40.272.178 de votos depositados enlas urnas de las quince elecciones generales celebradas. En las del 15 de juniode 1977 fueron 3.487.691 los votos tergiversados que sirvieron para modificarel reparto de escaños descrito en el quinto párrafo.

Solo la desesperación que provocó el avance de los másfranquistas, a las órdenes de un Abascal que ahora propone un “gobierno deconcentración”, hizo reaccionar a Sánchez y a Iglesias para pactar en 24 horasel primer gobierno de coalición en 42 años de una misma ley electoral.

Es imposible probar que el déficit en educacióndemocrática de nuestra clase política tenga una relación directa con la seriede decisiones que nos han aupado al liderazgo mundial de la pandemia, aunquetampoco lo contrario, pero el 11 de marzo me preguntaba a mí mismo, y tambiénen voz alta, si el Coronavirus, que anunciaba el “todos unidos contra el virusy apoyando al gobierno” sería capaz de salvar la unidad de España.

Casi un mes después la respuesta parece negativa. Aunquedurante todo este tiempo, y aún sigue, encontrar algo que no esté “contagiado”del Covid-19 nos obliga a bucear en los medios, lo cierto es que han ocurridocosas que, precisamente, no han servido ni para consolidar la monarquíaespañola, ni para españolizar independentistas.

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