La sangre es un tejido humano esencial. Se conecta con el organismo a través de arterias, venas y capilares. En adultos, hombres y mujeres, su volumen promedia los cinco litros. Se compone de plasma (55%) -mayoritariamente agua; también proteínas, glucosa, electrolitos…- y células (45%) -plaquetas, glóbulos rojos y blancos-.
Dicho líquido humano es sustantivo para sobrevivir: lleva oxígeno, agua, nutrientes, hormonas y vitaminas a las células; elimina dióxido de carbono y desechos vía pulmonar y renal. También activa anticuerpos y glóbulos blancos frente a infecciones, regula manteniendo la temperatura corporal y el PH. Inclusive, cierra vasos sanguíneos dañados con coágulos.
El Nobel austriaco Karl Landsteiner (1868-1943) descubrió los grupos sanguíneos ABO (A, B, AB y O) y el factor Rh -Positivo (+) y Negativo (-)-. El grupo ‘O negativo’ permite donar al resto de grupos, el grupo ‘AB positivo’ se considera receptor universal.
A pesar del avance científico actual que creó la IA y humanoides, fabrica prótesis de órganos y huesos, los trasplanta y autogenera tejidos, la sangre no se artifició. Es muy viva, compleja y multifuncional. No puede replicarse en laboratorio. Sólo se reporta clonar ínfimas cantidades de glóbulos rojos o estructuras a partir de células madre.
Es decir, la vía para reponer la sangre es por trasfusión de congéneres. Su considerado pionero fue un ginecólogo escocés abrumado porque muchas parturientas fallecían desangradas. El doctor James Blundel (1790-1878) en 1818 las trasfundió: cuatro de 10 se recuperaron ipso facto; el resto sufrió fiebre y dolores de espaldas. A todas las salvó.
Otro pionero fue el cirujano canadiense Norman Bethune (1890-1939). En 1937 implantó sangre a heridos y moribundos en la trinchera del Madrid sitiado por tropas franquistas y la ‘desbandá’ costera entre Málaga y Almería de miles de republicanos malacitanos que fueron tiroteados desde navíos italianos. En las guerras, hasta entonces, se trasfundía la sangre lejos del frente de batalla. Conducir hasta los centros sanitarios mataba a quienes se desangraban por bombas y balazos. Bethune resucitó a miles de seres de una muerte segura.
Donar vida
Como se escribía, la donación sanguínea es la única vía para salvar o mantener la vida cuando falta o precisa ser regenerada. De no existir bancos que la almacenan quirófanos y hospitales del mundo cerrarían. Además, ningún Cirujano opera si no puede reponer este líquido humano frente a una hemorragia. No se conocen alternativas a trasfundir sangre a quien la necesita.
La donación es el puntal para que los pacientes disfruten de la vida. En una mayoría de países dar sangre es altruista, es la solidaridad más horizontal. Es compartir lo que se tiene a receptores que desconocen a quien la regala, no es la caridad de dar lo que sobra. Cada bolsa, de 400/500 cc, salva tres vidas tras fragmentarse entre hematíes, plaquetas y plasma.
La sangre donada tiene vida propia y distintas cronologías. Los glóbulos rojos (hematíes) sobreviven hasta 42 días a unos 4 °C. Las plaquetas entre cinco y siete días a temperatura ambiente, aunque en agitación constante. El plasma es más longevo: dura entre uno y tres años si se mantiene congelado a temperaturas de -30 °C a -40 °C. Por estas razones renovar bolsas en los bancos sanguíneos es fundamental. Los donantes deben hacer periódicas sus regalos de vida.
Quien suscribe asume lo escrito por Antonio Machado. No es neutral en este asunto, ante algo capital: donó sangre, desde la mayoría de edad, 154 veces. Desde que un compañero de secundaria falleció en quirófano desangrado: no había sangre de su grupo. Para servidor donar sangre es imperativo cívico, es ayudar desde el anonimato.
Mientras arreglan el mundo y de paso desgravan donaciones a la Fundación, los Grifols invierten sus millones para que se multipliquen. Poseen, entre otras tantas propiedades, de un lado, la bodega Juvé & Camps
Permítase algún apostolado. Donar no duele, marea, ni contagia. La enfermería patria sabe dónde pinchar. Sólo un 4% de españoles (1.070.169 en 2025) donó 1.662.035 bolsas según Ministerio de Sanidad. Son 36 por cada 1.000 habitantes. Se roza la autosuficiencia, pero se importan hemoderivados y plasma; ahí está el negocio.
Hay más. Donar sangre mejora el flujo sanguíneo, depura triglicéridos y equilibra el hierro. También, reduce infartos y accidentes cardiovasculares. Entre los 18 y 65 años, pesar más de 50 kgs y carecer de patologías crónicas permite la donación. La limitan ciertos fármacos, visitar lugares de riesgo, partos…. Donar incluye chequeo sanguíneo gratuito y cuestionario de salud donde, además, se evalúa la presión arterial.
Cada donación salva la vida de parturientas, operados, trasplantados, accidentados, agredidos, anémicos, pacientes neonatales, pediátricos, crónicos, oncológicos, hematológicos y de patologías graves.
En España y otros países el altruismo del donante se protege del mercadeo con la Ley General de Salud. Los artículos 327 y 462 declaran estrictamente prohibido el lucro con órganos, tejidos y células. Las donaciones son voluntarias y gratuitas. Los bancos de la sanidad pública y de Cruz Roja cobran por conservar y proceso a centros privados.
Nuestro país es superado por otros en donaciones sanguíneas al remunerarse la extracción. Hablamos de Alemania, Austria, Hungría y Chequia. O los EEUU, donde un ‘trabajo’ es ser incentivado y pagado por donar sangre. En países asiáticos y africanos hay un modelo mixto. Dar sangre puede regalarse a hospitales o cobrarla a familiares y amigos que la precisan. Es un trato privado entre quien compra y vende.

Sangre y millones
Detrás del gesto solidario de donar sangre hay una industria multimillonaria poco conocida que reparte dividendos sobre la peor codicia humana. Mientras los pacientes dependen de medicamentos vitales sobre el plasma, hay sanitarios y empresas que se lucran gracias a una materia prima humana cada vez más escasa. No suben las donaciones altruistas mientras permanecen estables el número de quienes cobran.
Un documental, Blood business (Point, 2017), se centra en el negocio de la sangre y las vidas que pone en riesgo mientras que se reparten millones. Durante 52 minutos, sus responsables Marie Maurisse, François Pilet y Pierre Monnard revelan cómo funciona el lucrativo negocio del plasma. Es un mercado con desvaríos: donantes desinformados y con riesgos ocultos a su salud que cobran limosnas, farmacéuticas que compran gangas y venden como platino, colectas en barrios pobres de EEUU.
Los fármacos obtenidos tras procesar el plasma multiplican por cien su precio al llegar a los hospitales. La investigación del documental aborda las esquinas oscuras del sistema: ausencia de transparencia, riesgos sanitarios, donantes que viven del plasma y un negocio planetario donde la sangre de los pobres acaba en cuerpos de los ricos.
El documental indicado ilustra lo que no se quiere ver. Miles de mexicanos cruzan diariamente la frontera con EEUU para vender su plasma. Encarna en una familia juarense una historia de supervivencia, la que vende su sangre para cubrir sus gastos diarios. Regresan al hogar con poco dinero, menos sangre y la salud limitada. Los protocolos de la OMS sobre la donación no sobrepasan los 500 cc. por cada extracción. El mercadeo más vil del plasma aumenta tal contenido en cada bolsa llena.
El negocio de la sangre y el plasma es una industria global que maneja como estándar operativo lucrarse con el ‘oro rojo’. Aunque la venta directa de sangre por los ciudadanos es ilegal en la gran mayoría de los países, hay un mercado corporativo e institucional sumamente lucrativo dividido en dos grandes áreas:
Uno es el negocio del plasma que opera la industria farmacéutica. A diferencia de la sangre total para las transfusiones, se usa para fabricar medicamentos costosos. Nos referimos a hemoderivados como inmunoglobulinas y factores de coagulación.
Otra área es el modelo de pago. Países como EEUU, Alemania y Austria permiten cobrar en efectivo a los donantes de plasma. Esta realidad convirtió a EEUU su mayor exportador mundial. Sus bancos abastecen a gran parte del planeta. Multinacionales como la española Grifols o la australiana CSL operan cientos de centros colectores (mayoritariamente en EEUU) donde también procesan el plasma y exportan los tratamientos a nivel global. Este lucrativo negocio no tiene fronteras.
Se añade que países como España donde la donación es 100% altruista y no remunerada, la sangre también genera números. No se vende al paciente, pero su recolección y tratamiento implican costes comerciales. Cruz Roja sólo cobra por bolsa casi 70 € a ciertas autonomías. Dicha ONG no paga por extraer sangre, ni la cobra; sólo por gastos de proceso y almacenamiento. También, hay costes a laboratorios, hospitales y aseguradoras privadas. Los factura -la sanidad pública- por analizar, separar y almacenar componentes sanguíneos (glóbulos rojos, plaquetas, plasma).
Encontramos también una especie de ‘mercado negro’ con la sangre. En países con frágiles sistemas de salud o carencias en bancos de sangre proliferó un mercado ilegal que prodiga ‘donantes pagados’. Familias desesperadas por conseguir plaquetas o sangre para cirugías recurren a redes sociales, anuncios o el boca-a-boca para contratar personas que fingen ser familiares o amigos y cobran en efectivo por donar.
Estos donantes clandestinos tienden a mentir en los cuestionarios de salud, ocultan enfermedades de transmisión sexual, crónicas, sobre el consumo de drogas, fármacos o alcohol para lucrarse. Las mentiras ponen en riesgo al receptor de la sangre pagada.

El Caso Grifols
Víctor Grifols Roura dejó el consejo de administración de la empresa familiar, potente multinacional, un 19 de diciembre. Abandonó la poltrona en 2017 y la presidencia en 2022. El motivo del cese era una jubilación programada y renovar órganos societarios.
Una de las principales fortunas de España, ligada al independentismo catalán, se tambaleaba tras la pandemia lejos de quienes la llevaron al liderazgo europeo sobre un laboratorio barcelonés de análisis clínicos antaño. Grifols Roura es ya presidente de honor de un gigante de hemoderivados convertidos en fármacos.
La compañía inició sus pasos como un laboratorio de análisis clínicos. En 1909 José Antonio Grifols Roig fundó el que fuera un prometedor negocio. En 1940 se reinventó Laboratorios Grifols en su sector elaborando el plasma liofilizado. Crearon, además, la penicilina española pionera y fueron el primer banco de sangre privado español.
Grifols Roura se incorpora al negocio en 1973. Su formación no se ligaba a la bata blanca como su abuelo (químico) o padre (farmacéutico). Superó con éxito la licenciatura en Derecho en la Universidad de Barcelona. Con horizonte internacional, forjó y lideró las exportaciones y las ventas. Desde 1987 implantó el holding Grifols.
Hasta hoy esta mega empresa pautó ser el principal fabricante mundial de hemoderivados sobre distintas variantes medicinales del plasma. Factura al año casi 8.000 millones de euros. Tiene unos 24.800 empleados en sedes de 30 países. Las ventas de Grifols se destinan a más de ciento veinte estados.
La batuta de Grifols Roura dirige una música muy original. Dosificó la compra de empresas en los EEUU como parte de una agresiva expansión internacional. La propia Casa Blanca, esté quien esté dentro, considera al gigante de hemoderivados ‘empresa estratégica’. Ha dado toda clase de facilidades a sus inversiones norteamericanas.
La leyenda sobre la multinacional habla de donaciones en períodos electorales a demócratas y republicanos, pagar platino a poderosos lobbies y bufetes de Washington, Chicago, New York y californianos. Pero subsisten realidades más crudas.
Cables diplomáticos entre la embajada madrileña de EEUU y el departamento de Estado que difundió wikileaks en 2010 sobre las prioridades ibéricas de los norteamericanos sitúan en el centro de su interés a Grifols. Y no lo es por nada baladí.
Su planta en Parets del Vallès (Barcelona) es citada en dichos cables como aliada en la producción de medicamentos derivados del plasma sanguíneo. Visitas de inspectores del Pentágono y agencias federales insinúan que Grifols participa en la investigación y desarrollo de fármacos y vacunas para proteger a soldados de los EEUU ante armas químicas, plagas, epidemias y un largo etcétera que siempre rima con la opacidad.
El silencio de la multinacional es irredento ante peticiones de datos sobre esta filtración de datos y otras claves que asolan hasta a los accionistas de la multinacional, cuyos títulos no levantan cabeza desde hace años en distintos mercados bursátiles.
Nada de lo escrito es incompatible con que la familia Grifols sea una de las familias empresariales más acaudaladas de España. Los rankings de magnates les sitúan en la cúpula, pero se suma un misterio que ocultaría bastantes miles de millones de euros.
Otra incógnita sobre Grifols va pareja a otras sombras. Posicionados en el liderazgo de la industria farmacéutica a nivel planetario evitan a toda costa contactos, alianzas y frentes comunes con competidores y patronales del sector. La suma discreción va en paralelo de la orfandad que, en privado, padece Grifols por tan singular operativa. A este patrón conductual sólo importaría facturar y los beneficios. La excepción conocida es el apoyo de todo tipo al independentismo catalán por Víctor Grifols.
En 2014, Artur Mas -ex presidente de la Generalitat- impulsó una consulta soberanista (previa al referéndum pro independencia de Puigdemont) que laminó el Tribunal Constitucional. Entonces Grifols Roura sumó apoyo sincero y entregado de un entonces eufórico ‘procès’ ante el sueño republicano catalán.
El entusiasmo ‘indepe’ del jurista Grifols no evitó, paradójicamente, que la multinacional trasladara sede contable y de facturación a Dublin (Irlanda) en 2015. La república del trébol es una conocida sede de otras multinacionales para minimizar pagos fiscales. Allí la ‘pela del tributo’ paga menos. No obstante, en 2017 y según probables donaciones dinerarias concedieron a Víctor Grifols la ‘Creu de Sant Jordi’, máximo galardón catalán. Se la impuso Carles Puigdemont, cerca de huir de la ley.
La telaraña societaria de los Grifols traspasó el plasma con que hacen dinerales. La instrumental Scranton Enterprises invierte en empresas y entidades históricas, dentro y fuera de Cataluña. Además, retroalimenta su trust manteniendo casi un 9% de acciones de la farmacéutica familiar. La Fundación Grifols sólo trasparenta sus fines: ‘fomentar una actitud y conducta ética entre instituciones, organismos, empresas y personas cuya actividad esté relacionada con la salud humana’ y financia becas educativas, investigadoras, a bachilleres, audiovisuales. La palabra ética se prodiga en la literatura de tal Fundación.
Mientras arreglan el mundo y de paso desgravan donaciones a la Fundación, los Grifols invierten sus millones para que se multipliquen. Poseen, entre otras tantas propiedades, de un lado, la bodega Juvé & Camps. De otro, son los principales accionistas del Joventut de Badalona.
Como no podía ser de otra manera, el ‘family office’ de los Grifols puso millones en el ladrillo. Centurion Real Estate, controlada por Scranton, pone y quita dinero donde más convenga. En el ‘Madrit’ centralista español ganó 80 millones vendiendo un edificio en el número 21 de la Calle Velázquez. La pela es la pela. Esté donde esté.
En 2022 Scranton traspasaría al fondo alemán Patrizia una cartera de 1.500 pisos destinados al segmento de compra para alquilar (BTR). El trato se cerraría en 600 millones de euros. La paleta inversora de los Grifols levantó 40 pisos de lujo en el barrio de Sarriá (Barcelona) a través de la promotora BeCorp.
La opacidad no permite conocer mucho más de los dineros de los Grifols, pero a la vista de cómo operan serían millonarios infinitos e irredentos. El ultralujo está en el portfolio de Grifols del ladrillo vía sociedades interpuestas. Ahí conviven mirándose de reojo el derecho público a saber y el secreto de los millones para quienes investigan los entresijos del Grifols, entre los que se sabe hay demasiados accionistas.
El pasado 2021 los Grifols entraron en el negocio hotelero. Adquirieron el Hesperia Presidente, en la capital catalana. El inmueble cuenta con 156 habitaciones y dos locales comerciales alquilados por Movistar y Silence. El hotel se vendía desde 2017; la compra se plasmó en 125 millones. Los dueños pedían casi el doble al principio.
En el negocio y mercados de los hemoderivados Grifols sufrió un trallazo cuando las acusaciones de Gotham City Research llegaron en un momento delicado de la multinacional. Grifols apostó por expandirse en China y los resultados inversores preliminares no iban en paralelo a los retornos más especulativos. La irrupción del Covid en 2020 hizo el resto junto a la crisis planetaria y monetaria de la pandemia.
Estas vulnerabilidades, desde que ese virus transformó la vida del mundo, se tradujo en resultados negativos en la cuenta resultados (pérdidas semestrales y caída -en paralelo- de beneficios contables) propició que el núcleo duro de Grifols incorporó profesionales ajenos a la familia. Meses después, las cuentas fueron irregulares.
Víctor Grifols Roura, escribíamos al principio, dejó la presidencia en 2022. Steven F. Mayer, primer presidente ejecutivo de la compañía ajeno a la familia, dejó el cargo cuatro meses después de ser nombrado. A la desconfianza de los mercados e inquietud de accionistas se sumaría la desmotivación de la plantilla. Herederos del patriarca, Víctor Grífols Deu y Raimon Grifols cedieron, además, poderes ejecutivos a Thomas Glanzmann, presidente ejecutivo de la compañía tras dimitir Mayer.
Este último -Mayer- antes de su dimisión dejó envenenado su portazo: bajo excusa de recortar gastos ordenó despidos para 2.300 trabajadores, la mayoría en los EEUU y fidelizados con su quehacer. Aunque parecía atractivo para los mercados, la iniciativa de Meyer sumó pérdidas contabilizadas en Grifols durante el pasado 2023
Todas estas realidades abrieron un flanco en Grifols para el tiburoneo de los mercados y la bolsa. Al poco de jubilarse Grifols Roura apareció el fantasma de la insolvencia, pérdidas y engaños al mercado. Los bajistas de Gotham City Research aprovecharon para descalificar a Grifols. Y llevarla a cotización bursátil de mínimos.
En un informe, Gotham acusó a Grifols de maquillar sus cuentas al contar como beneficios 82 millones de empresas ajenas, algo no desmentido. En pocos días Grifols desciende en los mercados una cotización superior al 39%. La hecatombe arrasó el valor de la acción, desconcertó a proveedores, aliados, plantilla y mercados. El modelo de negocio de Grifols y su operativa no están exentos de análisis críticos.
En 2012, en plena crisis post subprime, Víctor Grifols en un foro de directivos barcelonés al que asistió la prensa especializada, sugirió remunerar a los donantes de plasma para ayudarles a subsistir y combatir el desempleo rampante por entonces. Fue muy explícito. Dijo en el ESADE: ‘Podríamos pagar 60 euros por semana, que sumados al paro son una forma de vivir’.
Grifols está en el Ibex desde 2008. Ante atónitos concurrentes la fórmula de este directivo empresarial para remediar la subsistencia se asemejaba a la de la peor sanguijuela. Sabedor que en España se impiden cobrar y pagar por las donaciones y los centros de donantes pautan las donaciones cuatrimestrales para mujeres y trimestrales para hombres adultos, las palabras de Víctor Grifols cayeron como jarro de agua fría. Es más, se sabía que el plasma Grifols lo obtiene de los desheredados muy lejos de España. En los EEUU la Food and Drug Administration (FDA) permite la donación remunerada desde hace décadas.
En su desvarío Víctor Grifols parecía apoyarse en antecedentes de su empresa. Manejan listados de donantes datados en los años del franquismo (1939-1975), cuando se carecía de regulación. Los archivos del Laboratorio Grifols dan fe que el altruismo vigente vino después de una alegalidad, pero no entraña el lucro por donar.

La mente de este Grifols pensaría en sus casi 400 centros colectores donde se remunera a los donantes de plasma. La mayoría se ubica en los EEUU. Allí tienen quince plantas, algunas menos en Europa. Grifols registró a casi un millón de suministradores de plasma en 2022.
La multinacional no explica cuál y dónde recibe las extracciones, pero admite que la mayoría de sus ‘clientes’ tienen nacionalidad mexicana y cruzan la frontera para obtener dólares de su sangre tras lograr visados B1 y B2 para los centros de Grifols y de la empresa australiana CSL.
Una investigación del consorcio de periodistas ProPública reveló en 2019 que estos centros, situados en El Paso y otras ciudades texanas fronterizas son los más productivos de Grifols y registran la frecuencia de quienes dan sangre para el plasma.
Hay casos, según Propública, que quienes visitan estos centros superan las 75 veces o más al año. El dato frío, tal cual, colisiona -repetimos- con la frecuencia del donante español o europeo que desaconseja más de cuatro donaciones por año a hombres y tres a mujeres adultas.
Además de pagar por el plasma en sus centros colectores en las webs de Grifols dirigidas al mercado de los EEUU añaden incentivos dinerarios: 400 dólares para nuevos donantes y 50 más por traer a un amigo. Inclusive se explica a los potenciales visitantes de estos colectores cómo ‘cuidarse’, qué visado llevar y algunas generalidades que invitan a desprenderse de sangre sin recato alguno.
Grifols en su literatura corporativa presume de gastar 2.600 millones de euros en los donantes. El retoro otorga ‘estabilidad financiera’. Suman argumentos-gancho para los desfavorecidos sociales: ‘vidas más saludables’ que facultan ‘mejor alimentación, de más calidad’ o tocar fibras con menores e hijos para su ‘mejor bienestar psico-físico’ que añade ‘más confianza en su futuro’ para pagar ‘la matrícula y otros gastos relacionados con la universidad’. Todo ese argumentario es difícil de asumir para las mentes europeas. Tal negocio ‘capitalista’ con los pobres da que pensar por su salud.
El negocio más cuestionable de Grifols no puede hacerlo en España obviamente, donde nadie cobra ni se paga por donar sangre, amén de estar prohibido por ley. Lo desplaza a los EEUU. Allí permanece porque la materia prima carece de regulación.
En los EEUU compraron y son el primer recolector de sangre bajo remuneración. Por esa relevancia los cables de Wikileaks destaparon que para EEUU resulta estratégico controlar a Grifols. Los retornos, secretos obviamente, son inimaginables ¿Causarán pánico a cualquier bien pensante?
Como Grifols no oficia como profeta en su tierra ha financiado -sutilmente- conferencias, a colectivos de pacientes, de donantes y estrategias propias de un grupo de presión (lobbies). El discurso recurrente es potenciar la obtención de más plasma precisamente porque en España se importa de los EEUU, donde Grifols es líder.
Ese mensaje cala con un punto de inflexión: la pandemia del Covid19. Desde 2020 se redujeron las donaciones de sangre. En toda Europa saltaron las alarmas. Se ha desarrollado un reglamento comunitario para canalizar la compensación. Más sutileza está en pagar desplazamientos al donante. Ya existe el permiso laboral retribuido en nómina franquiciando 4 horas de la jornada para donar sangre en España. Así reza en el Estatuto de los Trabajadores-Artículos 37.3.d y el Real Decreto 1088/2005)
En España la mayoría de colectivos de pacientes defienden el modelo de donación altruista. El contraste que acentúan desde Grifols, para hemofílicos, es que es una patología crónica que precisa, entre otros fármacos, derivados del plasma. Al importar España de los EEUU pone el dedo en la llaga Grifols crea una necesidad de incrementar las donaciones. Y remunerarlas lo posibilitaría porque evitaría las importaciones.
Lo que interesa a la industria de la salud más es hacer dinero, cueste lo que cueste por lo que se ve. La recogida de plasma es, por tanto, es el negocio focal de Grifols. Durante años, compró centros colectores de plasma. En 2018 adquirió la germana Haema —en Alemania pagan por donar 25 euros— y la estadounidense Biotest. Poco después las ‘compra’ Scranton, patrimonial participada por la familia Grifols. El regulador español, CNMV, exigió a Grifols que aclare quiénes son los inversores de Scranton. La multinacional española cotizada sigue en su lecho de opacidad. ¿Hasta cuándo?

¿Estafa sobre la sangre?
En octubre de 2015 una investigación de The Wall Street Journal desarmó el alma del winner (ganador) norteamericano digno de envidia sana de la competitividad. Fue una historia de éxito muy celebrada de Silicon Valley. Theranos, empresa que prometía transformar los análisis clínicos con unas pocas gotas de sangre, no utilizaba su tecnología para la mayoría de los estudios que ofrecía a la clientela.
En 2026 Elizabeth Holmes, alma de la empresa, vuelve a ocupar el centro de la historia de Theranos, pero en la pantalla cinematográfica. You Can See Everything es un documental de Nathan Fielder y Lance Oppenheim. Se filmó gracias a la invitación de Holmes a 34 días antes de ingresar a prisión. La cinta, de 2 horas y 55 minutos, propone vivir el cotidiano de Holmes, lo reconstruye y oferta lo inédito. En la cinta Holmes es una figura lejana la emprendedora iluminada que prometía revolucionar la medicina. Holmes aparece como condenada por engañar a sus inversores.
Holmes fundó Theranos en 2003 tras formarse en Stanford, prestigiosa universidad californiana. Su propuesta combinaba una necesidad médica concreta con una promesa comercial poderosa: realizar una variedad de análisis a partir de muestras de sangre mucho menores que las utilizadas por los laboratorios tradicionales.
La posibilidad de obtener diagnósticos más accesibles y con extracciones poco invasivas. Holmes parecía un Steve Jobs en femenino. En 2014, una ronda inversora valoró Theranos en 9.000 millones de dólares. Forbes estimó el patrimonio de Holmes en unos 4.500 millones. La identificó como la multimillonaria más joven que había construido su propia fortuna. El alma de triunfadora estaba en la cresta de la ola.
Había matices. Las cifras expresaban valor atribuido a acciones, no dinero en cuentas societarias. En junio de 2016, tras indagaciones patrimoniales sobre Theranos, Forbes redujo a cero su estimación del patrimonio de su fundadora. Lo peor estaba por venir.
En 2018 la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, la CNMV de los EEUU) sostuvo que Theranos, Holmes y su aliado Sunny Balwani obtuvieron 700 millones de dólares gracias a afirmaciones falsas sobre tecnología, negocios y finanzas.
El prestigio de Theranos parecía sólido. Su directiva incluía a figuras como el exsecretario de Estado George Shultz. Entre sus inversores había grandes fortunas. El ‘caso Theranos’ evidenciaba, una vez más, que el prestigio personal de algún asesor, proveedor, clientes o aliados no reemplaza la evidencia sobre sus productos y servicios
Algunos empleados tenían otras evidencias. Tyler Shultz, nieto del exsecretario de estado y Erika Cheung fueron los denunciantes más conocidos del caso. Sus alertas sobre procedimientos y la confiabilidad de los resultados fueron fundamentales para cuestionar las afirmaciones corporativas de Theranos.
En marzo de 2014, Tyler presentó denuncia ante autoridades sanitarias de Nueva York. Dejó Theranos al mes siguiente. A comienzos de 2015, aceptó ser fuente de John Carreyrou. Era el periodista del Journal que ya investigaba a la compañía.
La investigación publicada el 15 de octubre de 2015 mostró que Theranos dependía ampliamente de equipos comerciales de terceros y que las capacidades de su tecnología estaban lejos de lo que difundía su palabrería institucional.
La FDA inspeccionó las instalaciones de Theranos el verano de 2015. Se disolvió en 2018. En enero de 2022, un jurado declaró culpable a Holmes de conspirar para defraudar a inversores y fraude electrónico por más de 140 millones de dólares.
La condena fue 11 años y tres meses. Holmes comenzó a cumplirla en mayo de 2023. La Justicia ordenó que restituyera unos 452 millones junto a Balwani. Posteriormente, la pena de Holmes se redujo a diez años y tres meses. Será libre en 2030.
Esta película llega después que ‘The Inventor: Out for Blood in Silicon Valley’ (2019) de Alex Gibney y The Dropout, miniserie de 2022 protagonizada por Amanda Seyfried de temática relacionada con el negocio que mueve la sangre.

¿Plasma marino, bulo conspiranoico?
Las redes sociales alojan miles de textos e imágenes con un mensaje: la sangre puede ser sustituida por agua de mar. El invento se llama ‘plasma marino’. Lo artifició el fisiólogo francés René Quinton. El mismo experimentó con inyecciones acuosas a pacientes para, supuestamente, optimizar la actividad celular y fortalecer el sistema inmunológico.
Hablamos sobre una vieja pseudoterapia. Penosamente la usan miles de ingenuos que, a veces, acaban ingresados en hospitales, padecen graves infecciones o sufren secuelas vitalicias. El Ministerio de Sanidad justifica la falsa terapia porque ‘no se han identificado ensayos clínicos aleatorizados’.
La teoría de Quinton repite que la sangre la puede sustituir y complementar el agua de mar. Trufó su tesis en el negocio que ya había, a finales del siglo XIX, con la sangre tras advertirse que salvaba vidas.
Analíticas de la Cruz Roja Española confirman que el agua marina no puede cubrir todas las necesidades que ampara la sangre en el cuerpo. Esta la integran diversos tipos de células con funciones específicas (glóbulos rojos transportan el oxígeno, los blancos forjan el sistema inmunitario y las plaquetas cierran roturas de vasos sanguíneos).
Los expertos corroboran que el agua marina no tiene células, no es estéril, no rehidrata, ni reemplaza el suero sanguíneo. Ese es el líquido donde están las células y proteínas esenciales. Es decir, el plasma marino es una peligrosa y arriesgada pseudoterapia sin evidencias científicas. Fin de la historia. Sobran más comentarios.
Epílogo
Como acredita la solidaridad más bondadosa del ser humano, donar sangre gratis contrasta con la codicia del dinero y los mercados o arriesgar la salud por un puñado de dólares para fabricar medicinas con el plasma. El ‘oro rojo’ hace millones, pero también salva vidas. El presente y futuro de la humanidad no es sólo el dinero. Es sacar al héroe que llevamos en las venas.
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