Dice el catecismo que se peca de pensamiento, obra, palabra y omisión, y esto quiere decir que comete un daño, tanto por la acción, como por la no acción del deber de auxilio al prójimo que está en dificultades, y con más motivo si es próximo.
Es lógico que esto sea así, porque si tenemos en nuestra puerta, o al otro lado del mundo a personas que no tienen agua, y nosotros tenemos un rio, o aunque sean unas cuantas botellas, lo compasivo, lo que define si tenemos o no alma, es si compartimos lo que tenemos, pero claro, nos ha educado en el “sálvese quién pueda”, y el “porque yo lo valgo” y, esto está creando un mundo cada vez más deshumanizado, en que primero voy yo, después yo, y luego yo.
Además suele pasar, que el que tiene una desgracia, merecida o inmerecida, se le quiere no ver, se convierte en un espíritu aunque de momento encarnado, aunque puede ser que prefiera desencarnar al ver una falta de corazón tan pavorosa.
Familia y amigos solían ser la red de seguridad para las épocas difíciles, incluso, los conocidos colaboraban cuando había que socorrer, y no dejar de lado el inmenso dolor y sufrimiento del que se ve con las manos vacías y un futuro terriblemente incierto lleno de incomodidades, si es que llega a producirse tal futuro.
¿Y de donde viene esto? Como decía la mujer más vieja de España, que ha muerto recientemente:” ahora lo que se busca es el dinero”. Y cuando se tiene, gastarlo casi exclusivamente en uno mismo y en el círculo más cercano, del que se espera una contrapartida a medio y largo plazo. Hay muy pocos valores humanos, y no se desarrollan lo suficiente.
En unos países más que en otros, pero por lo general, el “que se busque la vida” o “a ver si alguien te ayuda”, o vaya, “pobrecito”, cambiando de tema al instante suelen sen las actitudes más generalizadas.
El materialismo y el hedonismo se han convertido en la nueva filosofía y la nueva droga, y aunque lo han sido siempre para todos aquellos que quieren llenar de sensaciones su vida, más que de significado y misión. Se vende a través de todos los medios que la felicidad está en esas montañas rusas, que muy frecuentemente no traen paz, sino una insaciable voracidad, y una insatisfacción profunda.
Está claro que hay que tener las necesidades básicas cubiertas, pero algunos creen que ya hacen bastante satisfaciendo las suyas y las de su familia, que con frecuencia se reduce a los miembros más cercanos y a veces ni eso.
Sri Nisargadatta Maharash dice: La indiferencia al sufrimiento ajeno lo atrae a nuestra puerta. Hay que ver menos el mundo, comer menos cosas deliciosas, no siempre vestirse maravillosamente y más hacer cosas meritorias, generosas, que supongan apoyar y ayudar a los débiles y enfermos, a los pobres y desesperados, a los que sufren, ya que esto producirá una satisfacción perdurable, y hará del mundo un lugar más armónico. ¿Qué clase de humanidad se puede construir sin compasión?
Añadir DiarioSabemos como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.