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Ni novedades sustanciales ni despejan nebulosas

03 de Marzo de 2026
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Un momento del asalto al Congreso el 23F. Los papeles del golpe no aportan mucho a la verdad
Un momento del asalto al Congreso el 23F. Los papeles del golpe no aportan mucho a la verdad

Los documentos desclasificados sobre el golpe del 23F, vienen a confirmar lo que a grandes rasgos ya se sabía, y no despejan las nebulosas sobre quienes formaron parte de la trama civil, cual fue el papel de los seis agentes del CESID que participaron en él y, lo más sustancial, las conversaciones del Rey con Alfonso Armada en las semanas previas al asalto de Tejero al Congreso, y las mantenidas desde Zarzuela con las capitanías generales. Documentos cuya mayor novedad, es el dato de que hasta la familia del golpista Tejero, pensaba que le habían utilizado y dejado solo.

Papeles de los que se trasluce que la ambición desmedida de Armada por ser presidente del famoso Gobierno de concentración, forjó la urdiembre del golpe expandiendo entre los militares que estaban en el ajo la idea de que el plan contaba con la aquiescencia del monarca. Axioma que se fue desmontando conforme las capitanías generales fueron recibiendo la llamada de Zarzuela, para pedir a sus mandos que se mantuvieran fieles a la democracia. Fue así como Armada armó y desarmó, sin quererlo, el golpe.

Documentos que, a falta de lo ya mencionado, confirmarían que el Rey estuvo desde el minuto uno en contra del golpe y que paró su triunfo; lo que puede llevar a pensar que su publicación pudiera tener el objetivo de blanquear la figura del monarca y su papel en el 23F, en la que tenemos que creer por la falta de información completa. No sabemos de manera fidedigna si estuvo al tanto del golpe que se estaba fraguando en las conversaciones previas con Armada, y si se pronunció o no de manera taxativa contra la propuesta que éste le planteó en Baqueira Beret de conformar un gobierno de concentración nacional presidido por él mismo. 

Cualquier persona de los que estuvimos presentes en el Congreso durante las primeras horas del asalto, pudimos verificar el carácter chapucero de un golpe que, por momentos, se fue conformando como una algarada por el descontrol y la ausencia de una cadena de mando entre los asaltantes, como lo demuestra el hecho de que, salvo los guardias que estaban en el hemiciclo y en la tribuna de prensa, el resto se bebió entero el bar —conocido como el fortín—que había en una sala anexa al salón de plenos. Descontrol porque Tejero solo obedecía a Milans del Boch, órdenes que no llegaron nunca y porque contrariamente a lo que esperaba, el Elefante Blanco era Armada, al que rechazó de plano su propuesta de presidir un gobierno de concentración del que formaban parte socialistas y comunistas. Por eso a Tejero le costó tanto aceptar que le habían dejado solo y que su golpe se había convertido en una asonada directa al fracaso: a la rendición final.

A partir de ahí, el inepto de Feijóo, para tener su cuota de protagonismo sacó una de sus desnortadas ocurrencias, pidiendo la vuelta del emérito a España, sin caer en la cuenta —como los seres que no tienen la costumbre de pensar— que no fue el Gobierno de Pedro Sánchez el que mandó al exilió a Juan Carlos I, como quería dar a entender; sino que el monarca sin corona se fue voluntariamente a Abu Dabi para esconder sus escándalos con el fisco español y salir del foco mediático, por lo que no hay ninguna prohibición para que vuelva cuando quiera, como hace con frecuencia desde 2020.

La segunda metedura de pata provocada por el pensamiento inane de Feijóo, ha sido meter a la Corona en un problema —quien mucho te quiere te hará llorar— que se ha visto obligada a emitir un comunicado para recordar al líder del PP, que la Casa Real no pone objeción a que el emérito se instale y resida en España, si cotiza al fisco español como todo hijo de vecino, cosa en la que Feijóo no pensó nunca al formular su patochada innecesaria. En fin, este es el aspirante a presidir el Gobierno tenemos en la derecha, insigne representante de la era de la estulticia en la que estamos inmersos. Y veremos si algún día se desvelan las nebulosas que no han despejado los documentos desclasificados.

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